22 abr. 2026

Una mamá guasu de la salud en Bella Vista

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Narciso Meza
HOHENAU

Es difícil encontrar adjetivos calificativos para hablar de una mujer que dio tanto por la salud de un distrito que la acogió hace 55 años. Llegó como una pionera para prestar su servicio a una comunidad que entonces no contaba con un médico profesional ni con un puesto de salud que atendiera a la gente. Más aún, ella ayudó a crear el local sanitario con el dinero que ganaba y con la colaboración de otras personas.

Ella es doña Celia Saturnina Olivera viuda de Velaztiquí, de 84 años de edad, una mamá guasu de la salud, quien sigue trabajando a pesar de su avanzada edad y su impecable trayectoria como enfermera, obstetra y prestadora de servicios clínicos generales en Bella Vista, Itapúa, desde hace 55 años. Es oriunda de Trinidad, un distrito cercano a Hohenau, donde cursó sus estudios primarios. Posteriormente, se trasladó a Asunción, donde realizó la secundaria y se graduó como obstetra. En la capital conoció a Nabor Velaztiquí, con quien contrajo matrimonio y se mudó a Bella Vista en 1970.

“La situación nos obligó a tener mucha perseverancia y dedicación para salir adelante, ejerciendo una profesión con gran pasión, ya que en Bella Vista no se tenía ningún puesto de salud ni tampoco un profesional médico. Entonces, llegamos nosotros enviados por el Ministerio de Salud y alquilamos un local para instalar un precario puesto sanitario”, cuenta doña Celia, parada detrás de su farmacia, que a la vez funciona como un consultorio médico permanente hasta la actualidad.

A su edad, sigue trabajando con el vigor de la juventud y está convencida de que solo se jubilará el día que muera. “Cuando llegamos con mi marido en 1970, alquilamos una casa del señor Seno Schöller para el puesto de salud. Luego, seis años después, con el dinero que yo ganaba por cada parto 2.500 guaraníes, más algunas ayudas de empresarios de la época, compramos un terreno para construir el puesto de salud, que sigue funcionando hasta hoy día”, recuerda.

El camino no fue fácil. “Fue todo muy sacrificado al principio, pero de a poco, con mi marido, fuimos atendiendo a la gente que masivamente venía a consultarnos. Durante años hemos solucionado las dolencias de los pobladores hasta que, en la década de los años 90, llegaron los primeros doctores ya graduados universitarios”, comenta. Sin embargo, a pesar de la presencia de los médicos, doña Celia siguió recibiendo pacientes en su farmacia. Muchas personas preferían consultarla por tradición y por los buenos resultados que obtenían con su atención.

“Hasta hoy, la gente viene a contarme sus dolencias. A veces los derivo a los doctores, pero si estoy segura de que puedo solucionar sus problemas, los médicos y, a los pocos días, están bien. En casos que requieran análisis para el diagnóstico, los envío a donde corresponde”, señala.

Si bien en la actualidad ya no asiste partos, en sus primeras tres décadas en Bella Vista ayudó a traer al mundo a unos 600 bebés. “Sí, conmigo nacieron muchos niños. A veces eran partos complicados, pero, gracias a Dios, jamás tuve un fallecido. Hoy en día llegan a la farmacia personas ya mayores que me cuentan que nacieron conmigo o que sus hijos también”, recuerda con alegría y satisfacción.

Doña Celia destaca el apoyo de su familia, en especial de su esposo, don Nabor, fallecido hace cuatro años a los 92 años. También resalta el cariño de sus tres hijos –Raquel, Judith y Nabor–, sus dos nietos y sus bisnietas. “Siempre conté con el apoyo de mi familia. Antes salíamos a dar charlas educativas sobre salud en las escuelas del distrito y, en muchas ocasiones, retornábamos tarde por diversas circunstancias, pero mi familia siempre estuvo a mi lado”, comenta.

Recuerda con especial cariño a su esposo. “Él siempre me ayudó, sobre todo en los momentos difíciles de mi carrera, y estuvo activo como anestesiólogo hasta los últimos años de su vida”, dice. Además, menciona que se siente querida en Bella Vista y en las Colonias Unidas.

Después de 40 años de servicio en el Ministerio de Salud, se jubiló en el 2010. “Es muy poco el dinero con el que me jubilé, pero como sigo trabajando en mi farmacia, gracias a Dios, llevo una vida tranquila”, menciona. Asegura que se siente bien de salud y con fuerzas para seguir brindando sus servicios a la comunidad durante muchos años.

En sus 55 años de ejercicio profesional, pasó por diversas experiencias. Lo más gratificante para ella es que todos los partos en los que intervino salieron bien, salvo algunas situaciones que se complicaron, pero que logró solucionar, incluyendo numerosos nacimientos de mellizos.

“Mi trabajo es mi gran pasión. Desde joven sentí el llamado de la vocación, por eso me preparé y, desde mi egreso hace 55 años, he ejercido con gran cariño y dedicación. He tenido una carrera exitosa con muy pocas complicaciones en los nacimientos. A veces es inevitable, pero la mayoría de los casos salió bien”, asevera.

Doña Celia también trabajó en el IPS de Hohenau y en el Hospital Regional de Encarnación, a donde viajaba dos veces por semana.

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Pericia. Quienes pasaron por sus manos, hasta hoy la buscan.

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Gratitud. Celia Olivera recibió varios reconocimientos por su activa labor.

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