El modelo económico paraguayo, en los últimos años, ha sido muy exitoso, en función de una serie de medidas políticas, fiscales, monetarias y bancarias. Eso llevó al Paraguay a registrar una media de crecimiento interanual del 4,7% en 2024, acelerando a un 6,6% en 2025, según el BCP. Eso fue reconocido por dos prestigiosas calificadoras de riesgo que dieron grados de inversión al país. Paraguay está retomando su senda histórica de crecimiento y atrayendo inversiones e inversionistas extranjeros, de la mano de esas proyecciones. Es exitoso por el modelo impositivo del triple 10 (10% de IVA, de IRE y de IRP) que alienta la inversión extranjera, no interfiere en la vida empresarial ni asfixia al empresariado, favoreciendo la maquila y las exportaciones.
Si es exitoso, Paraguay no debe cambiar para atrás el modelo económico ni fiscal, ni incrementar impuestos. Si la política desea cambios, deberá hacerlo para adelante, mejorando el modelo de desarrollo y favoreciendo las exportaciones. Debemos asumir con plena conciencia que el Paraguay necesita ser un exportador neto, de materias primas como agroganadería y energía, subiendo al siguiente nivel impulsando la industria y la maquila y, futuramente, exportar servicios.
Mantener la presente senda del desarrollo requiere cambios del modelo político vigente en el país o se puede perder lo ya alcanzado y el grado de inversión. La sociedad paraguaya ha cambiado, se ha hecho transparente y todo es visible gracias a la internet, las redes sociales y la IA. Si la sociedad cambió, la vieja política de la impunidad, el nepotismo y la corrupción debe acabar, pues todo es visible y se debe rendir cuentas. La justicia debe estar a la altura de este tiempo nuevo o se romperá la paz social. No habrá gobierno que aguante un reclamo ciudadano masivo y, menos aún, si se reprime con violencia los legítimos reclamos sociales. La sombra de un Marzo Paraguayo siempre estará presente y si no se cambia lo que está mal en el país, si no ingresamos a una senda de mejoras continuas, la crispación social nos conducirá a aquella.
Los países que ambicionan atraer inversión extranjera ofrecen baterías de oportunidades y el Paraguay está compitiendo contra ellos, está solo contra todos y, si han venido inversiones, ha sido porque lo que ofreció a estos inversionistas ha sido atractivo. Si se cambia o altera esta oferta, Paraguay perderá el atractivo que supo tener hoy y volverá al tiempo pasado, de atraso y miseria, de falta de incentivos para la inversión extranjera. Se perderán empleos y oportunidades. En esta confrontación con los demás países que buscan abrirse a la inversión extranjera, estamos caminando sobre el filo de la navaja, ya que si nuestras autoridades políticas no tienen las capacidades, aptitudes y actitudes correctas, tomarán medidas económicas –en forma de leyes y políticas– que destruirán nuestro actual modelo económico exitoso hasta matar a la gallina de los huevos de oro.
Nuestro modelo económico se mantiene en un equilibrio muy delicado y cualquier medida política que altere este diseño, puede sacarlo de balance y transformarlo en un modelo hueco, sin atractivo ninguno y Paraguay perderá esa imagen que supo levantar. Construir confianza ante inversionistas internacionales es un trabajo continuo que lleva mucho tiempo, exige decisiones políticas correctas y honestas, las cuales requieren que luego sean sostenidas en el tiempo y solo sean modificadas para ofrecer mejoras al sistema, no para entorpecerlo en beneficio de élites políticas o económicas.
- “La vieja política de la impunidad, el nepotismo y la corrupción debe acabar, pues todo es visible y se debe rendir cuentas”.