24 may. 2026

Zanardini: Un puente entre tres orillas

En una inédita sesión conjunta, las academias paraguayas de la Historia y de la Lengua Española rindieron un emotivo homenaje al sacerdote salesiano José Zanardini, fallecido el pasado enero.

Zanardini era un intelectual atípico.

Su condición de polímata se reflejaba en una vasta formación multidisciplinaria: Nacido en Italia, se diplomó en Ingeniería Química y Civil, Filosofía, Teología y Antropología Social.

Llegó al Paraguay como misionero en 1978. Inicialmente, volcó su energía en la formación profesional de jóvenes y en la construcción de viviendas sociales; sin embargo, muy pronto se entregó a una causa que lo fascinaría de por vida: El estudio y la defensa de los derechos de los pueblos indígenas.

Más que observar desde la superioridad moral de Europa, comprendió –al igual que el jesuita Bartomeu Meliá– que para descifrar el universo indígena era necesario fundirse en él. Una verdadera lección de humildad académica: Vivir a su lado durante años.

Quizás, el pasaje más entrañable de su vida sea su adopción por parte de un clan ayoreo a través de un rito ancestral que lo integró como un miembro más de la familia. Esta vivencia íntima transformó su mirada antropológica, impregnándola de un profundo sentido de afecto y reciprocidad.

En su obra, Zanardini consolidó un maravilloso puente epistemológico entre tres orillas: La precisión de la ciencia antropológica, la sensibilidad del encuentro humano y el poder de la literatura como herramienta de emancipación cultural.

Muestra de ello es su incursión en la narrativa. Su obra principal, Entre la selva y el Vaticano plasma un viaje interior a través del aprendizaje de Raúl, un sacerdote canadiense de ideas progresistas que llega al Paraguay para adentrarse en el mundo indígena. Aunque posee un evidente tinte autobiográfico, no es una mera crónica vital. Asistimos, página tras página, al desmantelamiento de la visión eurocéntrica: Raúl no va a enseñar; va a ser leído por la naturaleza y por los pueblos que la habitan.

Con gran destreza técnica, Zanardini nos muestra cómo el Vaticano –el orden, la norma, el mármol, la palabra codificada– termina rindiéndose ante la selva, la vida, el caos fecundo, el barro, la palabra encarnada.

Su estilo, como su propia vida, carece de artificios, pero rebosa simbolismo; me atrevo a calificarlo como una Crónica de Indias moderna. Quinientos años después del fraile dominico Bartolomé de las Casas, el autor recoge las mismas reivindicaciones bajo un prisma del siglo XXI: Imbuido de respeto, rigor antropológico y humildad. Su propuesta ya no busca meramente “defender” al indígena, sino aprender de él en igualdad de condiciones, asumiendo que las crisis social y ambiental se retroalimentan. Ambas fracturas erosionan la calidad de vida de la humanidad y del planeta; por ello, combatir la pobreza emerge aquí como el mejor antídoto contra la destrucción de la naturaleza.

A fines de 2023, el Aula Magna de la Universidad Católica fue testigo de su imponente disertación de ingreso a la Academia Paraguaya de la Lengua Española. Su ponencia, titulada “Cadogan, Susnik, Chase Sardi, Melià y la sabiduría indígena”, evitó los formalismos abstractos. En su lugar, Zanardini prefirió invocar a sus maestros, a sus compañeros de ruta y a los grandes guardianes de la memoria lingüística del Paraguay.

Tras su partida, el filósofo Cristian Andino advirtió una pérdida profunda: “Con él, prácticamente desaparece una forma de pensar el mundo; una figura de intelectual verdaderamente comprometido con los descartados del sistema. Así, el duelo por Zanardini trasciende lo individual y nos confronta con una tragedia cultural mayor: La progresiva agonía del intelectual crítico y emancipador en el Paraguay contemporáneo”.

Aquel hombre, que entendió la lengua como un abrazo cultural y no como un simple engranaje de signos, nos recibía siempre con una sonrisa y una palabra que funcionaba como su propio espejo. Con ese eco vibrante elijo sellar esta memoria: ¡Alegría, José!

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