24 abr. 2024

Un crack amarrado a su entrenador

Desde ayer contamos con el presidente número 51 en Paraguay: el economista Santiago Peña. Un ciudadano con muy buen perfil académico que ha gozado de los privilegios de la clase social a la que pertenece. Alguien que conoce cómo funciona el Estado, porque ya fue ministro de Hacienda y, antes, funcionario del Banco Central del Paraguay.

Viéndolo así, reúne los méritos y la experiencia para ser una buena gestión. Políticamente solo requirió un curso exprés, apadrinado por el ex presidente Horacio Cartes (HC), y afiliarse a la agrupación política hegemónica, el Partido Colorado, y conocer el Estado por dentro, lo que también le facilitó su mentor político cuando lo designó ministro de Hacienda. Es un claro exponente de quienes atravesaron la puerta giratoria, ya que, inmediatamente después de dejar la función pública, ingresó al sector privado, poseedor de información privilegiada del Estado, para formar parte del grupo de los gerentes del emporio empresarial del Grupo Cartes.

Peña tiene todo servido para destacarse como mandatario en los próximos 5 años y demostrar su capacidad y compromiso con todos los paraguayos y paraguayas. No solo con los integrantes del movimiento Honor Colorado, de Cartes.

Ni siquiera tendrá el inconveniente que han debido afrontar otros presidentes, que hallaron numerosos obstáculos a sus planes dentro de las Cámaras del Congreso al no contar con una mayoría afín. Peña tiene a su favor a una holgadísima mayoría colorada a la que se sumaron inclusive legisladores que ingresaron como opositores, pero apenas ocuparon sus bancas ya se aliaron a los cartistas, sin ninguna vergüenza ni obligación de explicar a sus electores semejante traición.

Así que Peña ingresa hoy a la cancha con casaca de ganador, como un crack y con todos los elementos para ser el goleador del momento. La camiseta, los recursos económicos, rivales debilitados, árbitros dispuestos a favorecerlo y un director técnico que lo ha moldeado, entrenado, solventado y mimado para convertirlo en lo que es y será. Hablamos de un entrenador que lo considera su mejor obra. Tanto, que no piensa alejarse ni un milímetro de esta obra, ni dejar que nadie la estropee. Asume ser su propietario.

Inicialmente se pensó que Cartes sería la sombra de Peña. Pero luego de conocerse la conformación de los colaboradores que tendrá para gobernar y de que anunciara que promulgará la ley para derogar un convenio internacional firmado con la Unión Europea a favor de la educación; y que trasladará la Embajada paraguaya en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, como lo había hecho Cartes meses antes de dejar la presidencia en 2018, todo parece indicar que en los próximos 5 años tendremos un gobierno bicéfalo.

Así que el mayor desafío para el flamante mandatario no será demostrar que es quien tomará las decisiones y no solo quien llevará la lapicera para escribir y firmar lo que otro le dicta. Otro desafío será elevar los estándares democráticos, a pesar del grupo político al que pertenece, el cual demuestra preocupantes sesgos autoritarios e intolerancia, y aúpa entre sus miembros a personas involucradas en actividades ilícitas y corruptas y un ejército de odiadores (haters) profesionales, sin ética e impunes. Ahora que se sienten parte del poder de turno, añaden más crueldad a los linchamientos digitales y mediáticos de sus enemigos ocasionales y potenciales.

Los medios de comunicación no oficialistas tendrán que redoblar esfuerzos en su papel de contrapoder o vigilancia en defensa de los intereses ciudadanos. Hay proyectos en curso que pueden traducirse en retrocesos en derechos humanos.

El eslogan de campaña electoral de Peña: “Vamos a estar mejor”, sigue sonando agradable a los oídos. Pero en la práctica ya estamos viendo a quienes les seguirá yendo mejor y a quienes, en los próximos 5 años, comenzará a ir mejor. El entrenador y el equipo están más que listos.

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