¿Por qué se empecina el cartismo en proteger al “abogado” Hernán David Rivas? ¿Cuál es el secreto de este hombre monosilábico que obliga al propio presidente Santiago Peña a organizar una cena en su residencia con algunos de los máximos exponentes del movimiento, solo para anunciar que pretenden echar en gorra la Constitución –una vez más– otorgándole un permiso como legislador por tiempo indefinido? ¿Qué tipo de bendición le ha sido concedida a este “profesional del derecho” que hasta ahora apenas un par de oficialistas se animaron a insinuar lo que es obvio para el resto del país, que el senador que se atrevió a ocupar la Presidencia del Tribunal que juzga a jueces a fiscales jamás pasó un examen de derecho, que probablemente ni siquiera diferencie el derecho del izquierdo?
Huelga decir que Rivas no tiene la menor relevancia como pieza política en el senado. No es un operador que construya alianzas, no dibuja estrategias, no argumenta posiciones… Si ni siquiera llega a hilar dos oraciones completas siguiendo la secuencia lógica de sujeto, verbo y predicado. Aparentemente, con el único con quien podía mantener una charla sin sentirse en desventaja intelectual era con su colega Javier Vera, el ex senador conocido como Chaqueñito a quien luego de rentarlo por dos años y medio como voto barato, los cartistas lo despacharon sin que siquiera tuviera una imputación, cuando sus escándalos desnudaban crudamente el discurso hipócrita sobre la defensa de la moral, la vida y la familia con el que el cartismo enfrentó las últimas elecciones.
Rivas tampoco es un número importante. Si bien no se conoce que ostente conexiones neuronales suficientes como para discutir siquiera alguna posición de su bancada, su salida permitirá el ascenso de otro oficialista. O sea, no se pierde ningún voto.
La lógica nos dice que solo puede haber dos razones para que se jueguen tantos cartuchos políticos en su defensa. La primera tiene que ver directamente con él o con su padre, el polémico intendente de Tomás Romero Pereira, Hernán Ysidro Rivas. Él o ellos saben algo que puede poner en una situación incómoda, por decir lo menos, a quien detenta el poder real, el único capaz de forzar una cena presidencial solo para anunciar una salida decorosa para el “abogado”.
Lo segundo es que un reconocimiento tácito sobre la presunta farsa de Rivas puede poner al descubierto un fraude mucho mayor vinculado con la venta de títulos universitarios ¿Cuántos miembros de la clase política y cuántos funcionarios judiciales, legislativos y de la Administración Central pueden estar en la misma situación que el “abogado” senador?
Hay coincidencias sumamente llamativas. Por ejemplo, el vicepresidente de la República, Pedro Alliana, su esposa, la diputada Fabiana Souto y su hija Monserrat Alliana estudiaron todos en la Universidad Autónoma San Sebastián. Fabiana se convirtió en diputada (era suplente) luego de que Luis Benítez renunciara a su curul para asumir como director paraguayo en Yacyretá. Luis, Pedro y Fabiana estudiaron la misma carrera, Ingeniería Comercial en la misma universidad, San Sebastián. Es la misma que suscribió un acuerdo con la ANR para otorgar becas de grado y posgrado, la misma a la que el Consejo de Educación Superior (Cones) le suspendió 28 ofertas académicas en el 2017.
Estas conexiones se dan a menudo, a veces de manera escandalosa. Rivas fue sobreseído en el caso de su dudoso título por un tribunal integrado por el juez Delio Vera Navarro. El magistrado fue profesor de la Universidad Sudamericana, la misma que le expidió el título a Rivas y con la que el propio Vera Navarro, en su calidad de presidente de la Asociación Paraguaya de Magistrados, suscribió un acuerdo para cursos de posgrado, un proyecto que resultó ser un fraude porque la Sudamericana no estaba habilitada para ello. El acuerdo lo firmó con Óscar Rodríguez Kennedy, el mismo que suscribió el título de Rivas, el que Vera Navarro debía juzgar como válido o no.
Por cierto, fue el último fallo de Vera Navarro. Al día siguiente se jubiló.
Pero, seguramente todas son puras coincidencias, y a Hernán Rivas solo lo protegen por qué… Por qué... ¿Porque es un buen “abogado”?