Las Misiones Jesuíticas son su principal atractivo y su carta de presentación al mundo. Pero no lo son todo. Trinidad tiene otros encantos para ofrecer. Convencidos de ello, los pobladores de esta comunidad, situada 28 km al noreste de Encarnación (Itapúa), han empezado a trabajar en nuevos productos turísticos que puedan ser sustentables durante todo el año y que inviten a los visitantes a permanecer allí por más tiempo.
“Queremos que las familias de Trinidad realmente puedan vivir del turismo y que el movimiento se pueda sostener todo el año”, resalta Perla Morel, encargada de Información Turística de la Municipalidad local.
La idea es aprovechar incluso el auge que está teniendo Encarnación −a solo 20 minutos de allí− para atraer a los turistas que llegan a la capital de Itapúa. En esta tarea están recibiendo el apoyo de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur) y de la Fundación Cideal de Cooperación e Investigación, que también trabajan en la misma idea con la comunidad de Jesús de Tavarangüé, a 12 km de allí.
Artesanos, dueños de alojamientos y de restaurantes, responsables de emprendimientos que tienen que ver con transporte, cultura, naturaleza y deportes, entre otros, se han unido en torno al proyecto “Desarrollo de iniciativas de oferta de productos y servicios vinculados al turismo natural y ecológico por parte de población campesina rural vulnerable en las localidades de Trinidad y Jesús”, cofinanciado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid).
Cómo presentar un producto turístico atractivo, qué aspectos tener en cuenta para brindar un buen servicio y cómo tratar a los visitantes son algunas de las lecciones que los pobladores de Trinidad y Jesús están aprendiendo y poniendo en práctica.
Por lo pronto, ya está instalada una caseta de información turística y se están armando paquetes con propuestas para los que llegan de visita a ambas ciudades. “Ya no queremos que el turista sea un excursionista nomás que viene solo de paso. Buscamos que se quede y aporte, porque el turismo es una cadena de beneficios para toda la comunidad”, enfatiza Jessica Alvarenga, encargada de Turismo de la Comuna de Trinidad.
Y si aún tiene dudas en apostar por una visita de más de un día a esta ciudad, Vida le da cinco motivos para no pasar de largo:
1. Cultura y mística. Llegar a esta zona del país y no recorrer las Misiones Jesuíticas de Santísima Trinidad del Paraná y las de Jesús de Tavarangüé es algo así como ir a Río de Janeiro y no visitar la colosal estatua del Santísimo Redentor. Es que estos remanentes culturales del siglo XVII son el producto turístico estrella de ambas comunidades itapuenses (Trinidad y Jesús) y las han colocado en un lugar destacado en el mapa turístico nacional e internacional. Declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1993, estas misiones son posiblemente las que mejor se conservan de entre las 30 fundadas por los misioneros jesuitas en América del Sur hace casi tres siglos.
Si visita la de Trinidad por la noche, podrá disfrutar de una experiencia única con el recorrido Luces y sonido, durante el cual (con la ayuda de efectos luminosos, proyecciones sobre las paredes, música y sonidos que evocan lo que ocurría allí en aquella época, incluidos los del viento, la lluvia y los pájaros) podrá absorber una energía mágica.
2. Paisaje encantador. Esta coqueta comunidad tiene calles limpias y bien arregladas, donde los árboles y las flores en jardines y veredas son protagonistas. Es destacable la señalética, que orienta muy bien al turista para que pueda encontrar lo que busca −ya sea sitios turísticos, lugares donde comer y dormir, artesanía, etcétera−. Hay servicios de paseo en karumbé y alquiler de bicicletas, además de taxis turísticos panorámicos con los que se puede recorrer la localidad. Fuera del casco urbano, en las compañías que rodean a Trinidad, hay arroyos donde refrescarse y la combinación de los colores límpidos del cielo y el campo (celeste, verde y rojo) son un descanso para la vista y el alma.
3. Sandía para festejar. A siete km del centro urbano de Trinidad está la compañía Paso Güembé, una de las principales productoras de sandía del país. Allí, cada año, en los primeros días de enero, se realiza la Fiesta Nacional de la Sandía. Durante este festejo de dos días, los agricultores de la zona buscan realzar la capacidad y la calidad de producción de esta fruta, que constituye su ingreso económico más importante. Ellos compiten por el premio a la sandía más grande y pesada que se cosecha en la zona −que puede llegar hasta 30 kilos−, mientras que las mujeres participan en un concurso de tallado sobre esta fruta. El festejo incluye un festival popular, elección de reina y una exposición de productos caseros.
4. Arte en piedras y madera. Si hay algo que abunda en Trinidad son las grandes piedras −muchas de ellas, remanentes arquitectónicos de las misiones−, por eso es casi natural que la artesanía de esta parte del país esté basada en el tallado de estas rocas y también de madera. Esta habilidad es una herencia de los indígenas guaraníes que alguna vez habitaron estos parajes, quienes a su vez aprendieron las técnicas de la mano de los jesuitas. En este lugar se pueden adquirir creativas piezas talladas en piedra, que reproducen arcos, capiteles, ángeles, rostros, entre otros tantos trabajos hechos a mano.
5. Lugar estratégico. Quienes lleguen a este lugar pueden visitar, por ejemplo, la iglesia Santísima Trinidad, el Parque Ecológico Itá Cajón, la granja Doña Paula, la estancia Ita Mbaraka o la cabaña Don Zenó, entre otros lugares. Pero, además, como este lugar se encuentra en un lugar estratégico de Itapúa, ofrece varias otras posibilidades. A escasos 12 km de distancia está la ciudad de Jesús, donde se pueden visitar las misiones de Jesús de Tavarangüé y conocer otros atractivos de esa comunidad. Otra opción es Encarnación, a tan solo 20 minutos de allí. La capital del departamento despierta actualmente un gran interés turístico por su costanera y su gran movimiento comercial. Carmen del Paraná, a una hora de allí, es otra opción para quienes busquen playas. Ya se habrá dado cuenta: motivos para quedarse en Trinidad, sobran.
Texto: Silvana Molina
Fotos: Javier Valdez