Por Gloria B. Rolón L. - grolon@uhora.com.py
Que las actuales condiciones climáticas (continuas tormentas, copiosas lluvias con fuertes ráfagas de viento, y hasta casi petit huracanes) desnudan la precariedad de nuestras ciudades -en realidad desvelan nuestra pertenencia al tercermundismo- no es novedad.
Sin embargo, ante la frecuencia con las que aquellas (las tormentas, digo) se están manifestando y la escasa o nula previsión que, como sociedad, estamos tomando para disminuir sus daños, deben movernos, por lo menos para el plagueo.
Es que así como estamos no podemos seguir.
Se hace urgente, necesario e impostergable, sacudirnos del letargo...si lo que queremos es evitar más muertes tras cada alerta meteorológica que se cumple en el país.
Y para ello no basta solo con encerrarnos en nuestras casas a esperar que la lluvia y el viento pasen. Tenemos que empezar apuntando con el dedo acusador a instituciones del mismo Estado (ANDE, Essap, Ministerio de Obras Públicas) así como a las diferentes municipalidades.
Y nada más oportuno que estos tiempos preelectorales para dar una vuelta más de tuerca. Usted me dirá que está cansado o cansada de las promesas incumplidas de los políticos. Es probable que tenga razón, pero hasta ahora no escuché a ninguno hablar, por ejemplo, de desagües pluviales, o de un sistema de cableado subterráneo.
Insisto, es inaudito e inadmisible que en pleno siglo XXI y con sendas hidroeléctricas a nuestro favor (Itaipú, Yacyretá, Acaray), tras cada lluvia, barrios, ciudades y hasta regiones completas queden, además de inundadas, sin energía eléctrica.
O lo que es igual de terrible, que localidades de amplias zonas del país queden incomunicadas y aisladas no solo por las caídas de postes del tendido eléctrico sino también por la ausencia de asfaltado o por lo menos un terraplenado decente en sus rutas y caminos.
El Gobierno Central y las autoridades de los diferentes municipios (empezando por los más urbanizados tales como los de Central y Capital) deben asumir su compromiso. El primero, movilizando a las instituciones correspondientes (ANDE, Essap y Obras Públicas), y los segundos podrían comenzar, por ejemplo, con algo tan sencillo pero tan fundamental como controlar la cartelería que abunda en las calles. Aquella no solo poluye los espacios públicos sino que muchas de ellas ponen en riesgo la vida de las personas al estar instaladas tan precariamente.