Por Andrés Colmán Gutiérrez
Cae la noche y se encienden las fogatas. Quince mil candiles de apepu esparcidos en el suelo convierten el Yvaga Rape en un camino llameante. La multitud avanza, flotando en el quejumbroso canto de los estacioneros, noche adentro, país adentro, al encuentro de una identidad cultural más antigua que la memoria.
Este Viernes Santo, 2 de abril, al caer la tarde, la pequeña comunidad rural de Tañarandy (en las afueras de San Ignacio, Misiones; a 226 kilómetros al Sur de Asunción, sobre la ruta 1), volverá a ofrecer una experiencia inolvidable, que se renueva desde hace 18 años, y que ha trascendido la frontera, convocando anualmente a visitantes que llegan desde remotos rincones del mundo.
Conocida como “Tierra de los irreductibles”, en Tañarandy los pobladores recrean manifestaciones de la “Semana santa Ymaguaré”, integrada con expresiones artísticas modernas, como el teatro, la danza, la música, los efectos especiales multimedia, en un género que su director y principal impulsor, el artista plástico Koki Ruiz, denomina “El Barroco Efímero”.
El espectáculo se inicia al atardecer, cuando se encienden los candiles de apepu, cáscaras de naranja cortadas a la mitad, vaciadas y rellenadas de sebo de vela y pavilo de tela, y unas 3.000 antorchas de tacuara diseminadas a ambos lados de la calle de tierra que constituye el acceso principal a la aldea.
VIDEO. SENATUR
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Al final de la procesión, en el anfiteatro al aire libre de la Fundación La Barraca, se realiza el espectáculo que cada año ofrece nuevas sorpresas, a cargo de un elenco de músicos, bailarines, actores y creadores campesinos, que presentan cuadros pictóricos clásicos del Arte Universal y el Arte Jesuítico de las Reducciones, recreados en vivos por pobladores locales.