El último Boletín Estadístico de Seguridad Social 2025 (con datos del 2024), elaborado por el Ministerio de Trabajo confirma un escenario de creciente presión sobre el sistema previsional paraguayo. Aunque la cantidad de cotizantes aumentó 7,4% con respecto al 2023 y ya supera el millón de trabajadores, los indicadores de sostenibilidad muestran un deterioro progresivo en casi todas las cajas jubilatorias.
La expansión de beneficiarios, la caída de la relación entre activos y pasivos y el incremento de prestaciones que ya igualan o superan salarios activos en algunos regímenes, revelan tensiones estructurales que, según especialistas y autoridades, exigirán reformas profundas en los próximos años.
La superintendenta de Jubilaciones y Pensiones, Griselda Figueredo, sostiene que el problema no responde únicamente al envejecimiento poblacional, sino también al propio diseño del sistema previsional paraguayo.
“El Sistema de Jubilaciones y Pensiones en Paraguay se caracteriza por una marcada fragmentación institucional. Existen distintas Entidades de Jubilaciones y Pensiones (EJP) con autonomía propia, cuyos regímenes presentan reglas de acceso, niveles de aportación y beneficios previsionales heterogéneos. Esa diversidad hace que el impacto del envejecimiento poblacional y del aumento de la esperanza de vida no sea uniforme, sino que se manifieste de manera diferente según la entidad y su estructura financiera”, explicó.
El informe administrativo de cierre 2024 muestra que el crecimiento del sistema estuvo impulsado principalmente por el Instituto de Previsión Social (IPS), que pasó de 726.972 cotizantes en 2023 a 799.664 en 2024.
La Caja Fiscal se mantuvo prácticamente estable, mientras que la Caja Bancaria, de la ANDE y la Caja Paraguaya de Jubilaciones y Pensiones del Personal de la Itaipú Binacional registraron caídas en la cantidad de aportantes.
En paralelo, la población jubilada siguió creciendo prácticamente en todas las entidades. El IPS pasó de 76.105 a 90.280 beneficiarios en un año, mientras que la Caja Fiscal subió de 74.330 a 78.967 jubilados y pensionados.
Para Figueredo, las tendencias demográficas explican parte importante de esta presión creciente.
“Las proyecciones demográficas más recientes muestran una tendencia sostenida al aumento de la población mayor de 65 años, así como una mayor esperanza de vida. Este escenario implica, de manera progresiva, una mayor presión sobre el sistema previsional, debido al incremento de beneficiarios en relación con la población aportante”, afirmó.
La superintendenta agregó que los estudios actuariales muestran un deterioro estructural cada vez más visible.
“En ese contexto, los estudios actuariales más recientes realizados sobre las distintas EJP evidencian, en la mayoría de los casos, déficits actuariales significativos. En términos técnicos, ello supone que el valor presente de los ingresos esperados, sumado al patrimonio disponible, resulta insuficiente para cubrir el valor presente de las obligaciones previsionales proyectadas”, señaló.
CAE LA RELACIÓN ENTRE ACTIVOS Y JUBILADOS
Uno de los principales indicadores de sostenibilidad previsional es la relación activo/pasivo, es decir, cuántos trabajadores aportan por cada jubilado.
Los datos muestran una caída generalizada: IPS, de 9,55 a 8,86; Caja Fiscal de 3,00 a 2,82; Caja Bancaria de 4,16 a 3,98; ANDE de 1,94 a 1,82, y Cajubi pasó de 0,72 a 0,69. La Caja Ferroviaria permanece prácticamente extinguida, con apenas tres cotizantes activos.
Figueredo advierte que, aunque en la mayoría de las cajas aún existen más aportantes que beneficiarios, el problema principal radica en los desequilibrios internos de los regímenes.
“Actualmente, en la mayoría de las cajas de jubilaciones, la cantidad de aportantes aún supera a la de beneficiarios, salvo en algunos casos puntuales. Sin embargo, más allá de la relación entre activos y pasivos, el principal problema radica en el diseño de los regímenes previsionales. En particular, existen desajustes entre las condiciones de acceso a los beneficios, las tasas de aportación exigidas y la cuantía de las prestaciones finalmente otorgadas”, indicó.
También explicó que en varios sistemas los aportes evolucionan más lentamente que los beneficios.
“A ello se suma que, en varios regímenes, los salarios imponibles promedio de los aportantes activos son relativamente bajos, mientras que las tasas de aporte resultan inferiores a las tasas de reemplazo. Asimismo, las prestaciones previsionales suelen actualizarse periódicamente –generalmente en función de la variación del índice de precios al consumidor–, en tanto que los aportes de los trabajadores activos pueden permanecer sin ajustes por largos periodos”, sostuvo.
Uno de los datos más sensibles del informe es que en algunas cajas el beneficio promedio ya supera al salario promedio de los trabajadores activos.
En el IPS, el salario promedio pasó de G. 4,17 millones a G. 4,26 millones, mientras que el beneficio jubilatorio subió a G. 4,45 millones. Esto implica que el beneficio representa el 104,4% del salario activo promedio. En la Caja Bancaria la relación alcanzó 97,8%, mientras que en la Caja Fiscal llegó a 81%.
La superintendenta señaló que estos desequilibrios responden también a los mecanismos de cálculo utilizados históricamente. “También incide el hecho de que, en algunos casos, la prestación inicial se calcula sobre la base de los últimos salarios percibidos, lo que puede generar desequilibrios financieros relevantes”, explicó.
Como consecuencia, varias cajas ya comenzaron a utilizar reservas para sostener pagos corrientes. “Como consecuencia de estos factores, algunas cajas ya registran déficit corriente, es decir, una situación en la que los ingresos por aportes no alcanzan para cubrir el pago de beneficios. En ciertos casos, ese faltante se compensa con las rentas provenientes de las inversiones; en otros, ya se recurre directamente al capital acumulado en los fondos de reserva”, alertó.
La situación del IPS aparece como uno de los focos centrales de preocupación debido a su tamaño dentro del sistema.
Figueredo confirmó que la previsional viene operando con déficit corriente desde 2020. “En cuanto al IPS, la entidad viene registrando déficits corrientes desde el año 2020. Hasta el momento, dichos déficits han sido cubiertos con las rentas generadas por las inversiones de sus fondos”, afirmó.
La advertencia más importante surge de las proyecciones actuariales. “Conforme a las proyecciones disponibles, esas rentas podrían absorber el déficit hasta aproximadamente el año 2036; a partir de entonces, sería necesario utilizar el capital de los fondos de reserva. Bajo determinados escenarios actuariales, por ejemplo con una rentabilidad real del 2%, se estima que la extinción del fondo podría producirse hacia el año 2046”, señaló.
No obstante, indicó que existen escenarios más favorables si se incorporan nuevas fuentes de financiamiento. “Asimismo, si se incorporan otras fuentes de financiamiento previstas, como el aporte estatal del 1,5%, dicho horizonte podría extenderse hasta el año 2068 en un escenario más favorable”, agregó.
- “Es fundamental avanzar en reformas que permitan adecuar las condiciones actuales a la evolución demográfica y financiera del sistema”.
Figueredo alerta que se necesitarán cambios
La superintendenta Griselda Figueredo insistió en que el sistema previsional paraguayo necesitará cambios de fondo para sostenerse en el tiempo. “Respecto de las entidades restantes, la mayor esperanza de vida y la disminución de la tasa de natalidad constituyen factores que incrementan el riesgo de insostenibilidad en el mediano y largo plazo. Por esa razón, resulta fundamental avanzar en reformas paramétricas y, en su caso, estructurales, que permitan adecuar las condiciones actuales a la evolución demográfica y financiera del sistema”, manifestó.
También advirtió que prácticamente todas las cajas presentan déficits actuariales. “De acuerdo con los estudios actuariales más recientes, todas las cajas presentan déficits actuariales, entendido esto como una insuficiencia entre los recursos proyectados —incluidos aportes y patrimonio— y el valor presente de las obligaciones previsionales futuras”, afirmó.
Más allá de las diferencias entre cajas públicas, privadas y mixtas, el informe refleja un problema transversal: el modelo previsional enfrenta crecientes dificultades para sostener sus obligaciones futuras en un contexto de envejecimiento poblacional y menor dinamismo demográfico.
Para Figueredo, el desafío va mucho más allá de equilibrar cuentas. “En términos generales, todos los regímenes enfrentan desafíos relevantes. Entre ellos, sobresalen la necesidad de ampliar la cobertura, promover la formalización laboral, revisar parámetros de acceso y financiamiento, y diseñar reformas con adecuados mecanismos de diálogo, socialización y consenso”, sostuvo la autoridad.
Y concluyó con una advertencia de largo plazo. “Solo mediante un enfoque técnico, gradual e institucionalmente sostenido será posible fortalecer la viabilidad del sistema previsional en el largo plazo”.