Es probablemente la expresión más dolorosa que alguien recibe como insulto cuando realiza una tarea de manera impropia, corrupta –en su sentido de echar a perder– y poco eficaz en su gestión. Es la misma que usaron Nicanor Duarte Frutos y Gustavo Leite en la semana al referirse a Peña y Fernández Valdovinos. El “dúo maravilla” de la economía, los mismos que iban a despertar al gigante haciendo que vivamos mejor hoy son calificados de inútiles.
Dos años y medio después ni ellos pueden entender como el Fisco sigue tan mal y la población está enojada con su realidad.
El ex ministro de Economía, completamente aplazado en el cargo, recibió un Gobierno con 600 millones de dólares de cuentas por pagar, el Congreso con su mayoría cartista le aprobó un préstamo para enjuagar esas deudas, pero ¡Hete aquí!, que en dos años y medio las acreencias superan hoy los 1.400 millones de dólares y el titular de Economía no sabe de dónde salió tamaño número.
Cambiaron de nombre al Ministerio para alimentar su ego, pero dejaron la hacienda pública sin control, seguimiento ni administración. Lo tuvieron que sacar del cargo con el aplauso atronador de propios y extraños. Es lo que se llama: Un inútil.
La incapacidad del Gobierno de los economistas es tan grande que descubrieron hace poco que los taiwaneses regalaron un software que impide la corrupción en las compras de medicamentos y acaba con el negocio de muchos de adentro y de afuera. Sabían muy bien que el programa Health Information System (HIS) sirve para eso, pero creyeron que si lo usaban terminaban haciendo enojar a muchos, entre ellos a los que hoy se quejan porque no se les paga.
Los inútiles del Gobierno ahora deben usar nuestros recursos para pagar por medicamentos que ni el ministro que se fue sabe si realmente se entregaron o no. Mientras, las demandas en los hospitales continúan y el desabastecimiento es crónico al punto de escucharse el reclamo del Dr. Carlos Morínigo, ex ministro de Salud de Cartes, quien afirmó que no se puede hacer medicina curativa en estas condiciones y se burló de “los golden boys, grado de inversión, pero ndajaguerekoi salbutamol”.
No obstante, el que se pasó toda la raya de la compostura fue Gustavo Leite que pareciera ejercer sus funciones de embajador ante los EEUU desde Asunción. Tal vez cansado de ser ninguneado en los circuitos de Washington, afirmó localmente que las coimas apestan en el Gobierno de Peña cuando “ni se olían en el primer Gobierno de Cartes”. Parece que la comida con este le sentó mal y sostenido por el acceso que tuvo con el convaleciente se lanzó con todo contra el primer mandatario al que calificó de corrupto sin recibir como respuesta más que el asombro impotente de Peña y de su canciller que ni atinaron a amonestarlo y despojarlo de su condición de embajador. Tenuemente, lo llamaron para consultas a la Cancillería y foto testigo de por medio acabó reconociendo que se pasó.
Había venido de hablar con Cartes como Nicanor y ambos como buenos exégetas habían interpretado los largos silencios del paciente como mandatos para cargar contra Peña. El ex presidente ovetense, conociendo el peso de la soberbia en la pérdida del poder del Partido Colorado, habló por la voz de la experiencia advirtiendo que ese es el camino de la llanura. Perdiendo toda calma, le recordó al director de la DNIT que era un inútil como su jefe Peña o Fernández Valdovinos o ambos a la vez.
Hay que ser claros, Cartes está fuertemente tocado por los efectos de su paso por la terapia intensiva y así como está no puede conducir una nave sostenida en su persona. O pide permiso para recuperarse o cada uno que se saca una foto con él e interpreta lo que le venga en ganas. La economía es un fracaso desde lo público. Triplicaron las deudas impagas, pararon las obras públicas, no controlaron las compras de medicamentos y “el Hambre Cero” que tenía financiación de Itaipú también acumuló pendientes y sobres. Para colmo, el dólar se devaluó y los nuestros, los más listos del pelotón, nos endeudaron en guaraníes. Celebraron como un gran éxito esa conquista que ahora se suma a los problemas y desaciertos de una economía que cuando no se hace lo que se debe acaba generando malestar, enojo e insultos.
La ronda de los inútiles recién comienza.