08 abr. 2026

Silvestre Aveiro Sus memorias y el croquis de Cerro Corá

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El croquis de Cerro Corá tiene una historia previa, así como varias versiones

José Luis Martínez

En la historiografía nacionalista paraguaya por mucho tiempo se repitió una constante; los autores no han querido referirse mayormente sobre lo que transmiten los testimonios de dos inobjetables protagonistas presentes y testigos en los hechos y conducta del mariscal-presidente Francisco Solano López en Cerro Corá. El primero es el coronel paraguayo Juan Crisóstomo Centurión y su actuación en lo que se denominó “la batalla final” como comandante de los rifleros paraguayos y en cuyo relato afirma que López llegó tarde al escenario del combate y cuando este ya había empezado lo que desmiente la versión brasileña del Cnel. João Da silva Joca Tavares que dice haber visto a López “encabezar” la columna de sus soldados.

El segundo, y más importante aún es el coronel Silvestre Aveiro, único cronista paraguayo que afirma haber estado con López desde el momento en que este abandona el escenario del combate, pasa por el Cuartel General, no asiste a su mujer y su familia, desairó a su madre y se evadió hacia el Aquidabán Nigui donde muere. Fueron las últimas dos horas de vida del mariscal-presidente, entre las once de la mañana de aquel 1° de marzo y las 13:00, aproximadamente.

¿Por qué esos autores no quisieron referirse a lo que representa el contenido de las memorias del paraguayo que tiene toda la información necesaria para analizar la conducta del héroe nacional? Es lo que trataremos de responder en este artículo.

Aveiro escribió sus memorias en el siglo XIX sin publicarse aún aunque una revista a finales de ese siglo ya anticipó algo de ellas, pero en 1888 cuando el historiador argentino Dr. Estanislao Zeballos pasó por Asunción para entrevistar y recabar datos de los protagonistas de la guerra, Aveiro se los dio profusamente prácticamente le entregó una copia de sus memorias y hasta elaboró el borrador de lo que luego fue un croquis de donde se puede obtener valiosa información de la conducta de todos en ese campamento. En su libro, Aveiro escribe en su introducción: “Las páginas que siguen, son mi única auténtica declaración sobre la guerra que sostuvo mi país contra los ejércitos de la Triple Alianza. Digo declaración, porque fueron algo así cuando las escribí en 1880, respondiendo a un interrogatorio del Dr. Estanislao Zeballos, empeñado entonces en acumular datos para escribir una historia de dicha guerra” (Sic).

Tocante a los hechos, después de que López abandona el combate sin tomar parte de él como contó Centurión y cuando es perseguido por seis jinetes brasileños, entre ellos el cabo Francisco Lacerda (Chico Diabo) en las memorias de Aveiro –donde no se habla del combate– se lee:

“En estas circunstancias, el capitán Argüello y el Alférez Chamorro, ex caballerizo este de López, que andaban montados fueron también galopando a la altura que llevaban los brasileños y en el punto en que pararon, se trabaron en pelea a sable, retirándose los dos mal heridos. Algunos pasos de los enemigos entre quienes habían también heridos. Antes de la lucha de Argüello y Chamorro, los que intimaron rendición se acercaron a López, el cabo por un lado, y otro por el otro (16), con ademán de tomarle de los brazos, y este que llevaba un espadín desenvainado, quiso tirar de punta al cabo, quien ladeó el golpe al mismo tiempo de pegarle una lanzada en el bajo vientre y el otro a su vez le dio un hachazo en la sien derecha. Fue en estos momentos que llegaron Chamorro y Argüello.

Los brasileños después del combate y como a diez varas frente a López estaban formados, pero sin intentar agresión, y cuando llegué cerca de López, este estaba enfureciéndose diciendo en alta voz: “Maten a esos macacos!...” Dicho que repitió varias veces, siempre a caballo en un bayo tomado en la Laguna Chichi a los brasileños. Llegué ante él, tocándole en el muslo le dije en guaraní: “Sígame, Señor, para salvarle” y diciendo “Es Vd. Aveiro? dobló su caballo, y me siguió” (sic).

Aveiro dice claramente que López no pudo siquiera presentar un combate formal pues el armamento que portaba, un simple espadín ceremonial, no se lo permitía, estaba prácticamente indefenso; que López “quiso tirar de punta al cabo”, con el espadín, pero obviamente no podía, ni pudo hacerlo ante una lanza que le penetra en el bajo vientre; que los que realmente se trenzan en combate personal con los jinetes brasileños son los oficiales paraguayos Argüello y Chamorro y aunque estos ya estaban heridos igual recibieron la orden de López de “¡maten a esos macacos!”; que la intención de López era la de seguir buscando refugio en algún lado y salvar su vida, lo dice el propio Aveiro a quien sigue para ello.

Queda a criterio del lector determinar si López combatió, no combatió, o sencillamente fue alcanzado, rodeado, intimado y, finalmente, ensartado en la punta de una lanza, para luego ser sableado en la frente. En el acto final, en el arroyo Aquidabán-Nigui, el propio general Da Cámara afirmó que solo procedió a intimar a López a rendirse, pues el hombre ya ni siquiera se sostenía de pie y ordenó a un soldado que lo tomara de las manos y lo sacara del agua, y otro le disparó por la espalda.

EL CROQUIS DE LOS SUCESOS

El asunto del croquis de Cerro Corá tiene una historia previa.

Cuando el Dr. Zeballos pasó por Asunción confeccionó con Aveiro un croquis a mano alzada del campamento de Cerro Corá donde se notan las tres corrientes de agua (río Aquidaban, arroyo Aquidaban-Nigui y arroyo Chirigüelo), los lugares en los que ocurren los hechos y las distancias. Existen dos versiones de ese croquis y por la caligrafía en ambos se podría concluir que ambos han sido dibujados por el propio Dr. Zeballos en 1888, pero adolecen de un error que en su momento no pareció importante, se hizo a las apuradas y los puntos cardinales no fueron respetados, los croquis están mal orientados pero los lugares y las distancias están referenciados. Ambos croquis originales fueron publicados por la Dra. Liliana Brezzo en el libro La guerra del Paraguay en primera persona, 2015, Tiempos de Historia.

En 1897, la revista del Instituto Paraguayo publica el croquis definitivo que es confeccionado por el mismo Aveiro con el apoyo técnico del agrimensor Alberto Baumgart y el dibujo del topógrafo Mario Mariotti, el que no ha tenido variación hasta la fecha, incluso fue varias veces publicado, y en el mismo se plasmaron, con mínimas diferencias, las distancias de los croquis originales pero se corrigió el error de orientación del lugar y hoy -respecto de un mapa satelital de Google, no tiene mas que un 5% de variación, lo cual indica que el trabajo de Baumgart, sin ayuda de Google en 1897, fue excelente.

La cuestión es sencilla, este croquis, tanto en su versión original a mano alzada de 1888 como en su publicación definitiva en 1897, muestra el itinerario de López desde el momento que abandona el escenario donde sus soldados tratan de combatir a la infantería imperial y allí se denota que López hace un recorrido primero hacia el sur-este, encuentra a la madre y luego cambia de dirección y se dirige al nor-este hasta donde cerca ya del Nigui es alcanzado por el piquete de caballería del cabo Chico Diabo y herido en el estómago, poco antes de ingresar ya al montecillo que bordea ese arroyo donde muere finalmente.

La distancia en línea recta desde el lugar que López cambia de dirección (cerca del Cuartel General) hasta el lugar de su muerte fue fijada en “1.000 metros” en uno de los croquis originales, en el segundo es de “1.800 metros” (se halla enmendado) y en el croquis definitivo la distancia publicada es de 1.500 metros (por los totorales) pero ubicándolo sobre una fotografía satelital, la distancia en línea recta desde el Cuartel General (A) hasta la orilla del Nigui donde López es muerto (L) resultó ser de 2.200 metros lo que supone que la persecución de López, que conforme al relato de Aveiro en esta parte es mayormente paralela al Nigui, esa distancia de 2,2 kilómetros es aún mayor.

Con sus memorias y su croquis el coronel Aveiro que cabalgó junto a López desde el Cuartel General hasta el Nigui y fue uno de los tres últimos paraguayos que vieron con vida a López, nos dice claramente que López cabalgó al galope de su caballo después de abandonar el escenario del combate y su cuartel general, fue alcanzado, intentó combatir pero no lo logró, fue herido y al rato buscó refugio en el monte del Nigui donde fue ultimado, y todo ello en un amplio recorrido de algo más de 2 kilómetros del lugar donde estaban peleando y morían sus soldados.

Que cada quien saque sus conclusiones sobre la conducta del mariscal-presidente Francisco Solano López considerado héroe máximo del Paraguay, el coronel Aveiro le facilita la tarea con su legado testimonial que tiene más de 130 años pero que ningún autor de la “historia oficial” paraguaya quiso hacerlo público ni analizar lo que significaba.

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