17 may. 2026

Serafina

Serafina Dávalos fue una persona que desafió a lo largo de su vida los cánones de una sociedad que a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX seguía relegando a las mujeres al ámbito doméstico.

Discípula de las hermanas Celsa y Adela Speratti en la Escuela de Preceptoras y luego en la Escuela Normal, tuvo el respaldo de sus padres en sus deseos de estudiar. Tras ejercer como preceptora, fundó la Escuela Comercial para Señoritas, donde las estudiantes se graduaban de peritas mercantiles.

El gran desafío fue cuando solicitó su inscripción al Colegio Nacional de Asunción, obteniendo el título de Bachiller en 1902, pero sus ansias de conocimiento hizo que solicitara su ingreso a la Facultad de Derecho en la Universidad Nacional; hasta entonces las únicas mujeres que estudiaron en dicha institución fueron las que ingresaron en la Escuela de Parteras, curso de Obstetricia, dirigida por el doctor Pedro P. Peña.

Serafina Dávalos se caracterizó por su espíritu inquieto; su perseverancia e inteligencia rindieron sus resultados, pues en 1907 defendió su tesis doctoral en Derecho y Ciencias Sociales titulada Humanismo.

En ella manifestaba su preocupación por el tema del feminismo que ella denominaba humanismo, denunciando la situación en la que se encontraban las mujeres en el país. En su tesis afirmaba su anhelo “…El lento reconocimiento de la personalidad de la mujer sigue siempre en marcha y llegará un día en que al fin conquiste su libertad para bien y provecho del género humano. El derecho que ella tiene de ser libre es igual al varón, que hoy día comienzan a reconocer y proclamar hombres superiores, pasará a ser parte, poco a poco, de la conciencia del mundo”.

A lo largo de su investigación realizó un análisis sociológico, económico y jurídico de las condiciones de las mujeres; así es que describe a las mujeres de las clases populares afirmando que ellas “…Son dignas de estudio por su idiosincrasia peculiar. Son, en su mayoría absoluta, idóneas para ganarse la vida, inteligentes y trabajadoras. En su casa constituyen el todo, llenan ampliamente los deberes, tanto de la madre como del esposo. En la capital y en los centros de población más importantes son mercachifles y comerciantes en menor escala; costureras, planchadoras, lavanderas, etc.” Finalizaba sugiriendo la creación de instituciones educativas, único camino que podría emancipar a las mujeres de la situación de dependencia.

Casi setenta años después de su muerte en la absoluta miseria y en una sepultura anónima, su bella residencia se encuentra en un estado de total abandono y ruinoso. Es urgente que como sociedad honremos a esta mujer que fue la pionera en la defensa de los derechos de las mujeres, la primera mujer abogada, la primera en obtener un doctorado en el Paraguay, pero además de todos esos méritos no se puede desconocer que fue quien pensó que la vida de las mujeres solo podía ser mejorada gracias a la educación.

Serafina no tiene un sitio en donde se la pueda homenajear, así que al recuperar su casa será un acto de justicia para poder honrar a una gran ciudadana paraguaya.

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