La fría y nublada noche asuncena de este último sábado de mayo encontró el escenario perfecto para el regreso de Ricardo Arjona a Paraguay. Cuatro años después de su última visita, el cantautor guatemalteco volvió a reencontrarse con su público guaraní en el Jockey Club del Paraguay con su gira Lo que Seco no dijo Tour, ofreciendo casi dos horas de música, historias, humor y emociones que hicieron olvidar por momentos las bajas temperaturas.
Ante un predio colmado de fanáticos de todas las edades, Arjona apareció en escena para abrir la velada con Iluso, seguido de Gritas, una de las canciones de su más reciente álbum Seco, para continuar con clásicos como Ella y El problema. Desde los primeros acordes quedó claro que la noche sería mucho más que un concierto: sería una experiencia teatral cuidadosamente diseñada.
Un cabaret gigante para contar historias
La escenografía dejó a más de uno con la boca abierta. Un inmenso cabaret, a medio camino entre lo virtual y lo tangible, dominó el escenario. Una larga pasarela cubierta por alfombra roja conectaba distintos espacios escénicos, mientras un tren y un taxi reales aparecían como parte de la puesta en escena.
La producción estuvo respaldada por un numeroso grupo de músicos, coristas y bailarinas que acompañaron cada momento con precisión. En el centro de todo, Arjona lucía como siempre: sus característicos tenis con largos cordones blancos, traje negro a rayas y sombrero oscuro. Ya hacia el final del espectáculo, el artista cambió el sombrero por un gorro de invierno, una bufanda y terminó cantando en camisilla, desafiando el frío que reinaba en la capital.
A lo largo de la noche, el cantante demostró que mantiene intacta su capacidad para conectar con la audiencia. Entre canción y canción relató extensas historias, muchas de ellas vinculadas a su infancia, sus padres y sus raíces guatemaltecas. Con el estilo narrativo que lo caracteriza, recordó a su abuelo andaluz que emigró a Guatemala, habló de la historia de amor de sus padres y reflexionó sobre los cambios de la sociedad actual, arrancando risas y aplausos del público.
Conversaciones, anécdotas y una conexión única con el público
Uno de los momentos más divertidos ocurrió cuando interactuó con Liz, una fanática ubicada en los primeros asientos, cerca del escenario. Fiel a su estilo pícaro, Arjona improvisó una conversación que provocó carcajadas entre los asistentes.
Más tarde, al desplazarse hacia el escenario secundario ubicado al final de la pasarela, agradeció la cercanía con sus seguidores.
“Qué rico estar cerquita de ustedes. Al principio había un código en las pantallas para que pidieran las canciones que querían escuchar esta noche”, comentó antes de revisar supuestas solicitudes del público y construir parte del repertorio sobre la marcha.
Fue en ese escenario alternativo donde interpretó canciones como Dime que no, Cuando y Pingüinos en la cama, en un formato más íntimo que permitió una conexión aún más cercana con los presentes.
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A pesar de un breve inconveniente técnico que dejó momentáneamente sin señal una de las pantallas, el espectáculo continuó sin sobresaltos. El repertorio siguió avanzando con temas como Apnea, Si el norte fuera el sur, Lo poco que tengo, Despacio que hay prisa, Te quiero, Desnuda, A ti y Mujer de lujo, entre otros.
Mientras tanto, cientos de banderas paraguayas flameaban entre el público, que acompañó cada canción como si se tratara de un himno generacional.
Karina y el momento más emotivo de la noche
Si hubo un instante capaz de resumir toda la magia del concierto, fue durante la interpretación de Señora de las cuatro décadas.
Como ya es tradición en sus presentaciones, las cámaras comenzaron a recorrer el público en busca de una mujer que subiera al escenario. La elegida fue Karina, una docente paraguaya que, según confesó ante miles de personas, estaba viviendo su primer concierto.
La revelación emocionó al propio artista.
“Ella se llama Karina, es profesora. Yo también. ¿Es tu primer concierto en toda tu vida? Mira dónde viniste a parar”, dijo Arjona mientras la tomaba de la mano.
La afortunada fan recibió un abrazo y un beso del cantante, protagonizando uno de los momentos más celebrados de la velada. Visiblemente emocionada, aprovechó cada segundo sobre el escenario mientras el público acompañaba la escena con aplausos y ovaciones.
Fue una de esas situaciones que transforman un espectáculo en un recuerdo imborrable.
Un viaje por los clásicos y un final a pura emoción
Ya con el público completamente entregado, Arjona propuso “empezar de cero” para emprender un recorrido por algunas de las canciones más emblemáticas de su carrera.
Llegaron entonces Tarde, Mujer de lujo, Todo termina, A ti, Marta, Quiero, Como duele, El amor, además de una festiva versión salsera de Historia de un taxista, que puso a bailar a miles de personas.
El artista también dedicó varios minutos a reflexionar sobre las relaciones de pareja, el amor y las dificultades de la convivencia, introduciendo canciones con largos monólogos cargados de ironía y observaciones sobre la vida cotidiana, una fórmula que se ha convertido en una de sus marcas registradas.
La recta final encontró al público cantando cada palabra de Fuiste tú, Minutos y, finalmente, Mujeres, tema con el que cerró la noche acompañado por una lluvia de fuegos artificiales que iluminó el cielo asunceno.
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La temperatura marcaba una noche típicamente invernal, pero dentro del Jockey Club el ambiente era otro. Arjona logró lo que pocos artistas consiguen: transformar un concierto en una conversación íntima con miles de personas.
Con una producción imponente, una puesta en escena cinematográfica y un repertorio que atravesó varias generaciones, el cantautor guatemalteco confirmó una vez más el profundo vínculo que mantiene con el público paraguayo.
Porque si algo quedó claro tras su regreso, es que las canciones de Ricardo Arjona siguen teniendo la capacidad de abrigar corazones incluso en las noches más frías.