07 feb. 2026

Recordando a Leonard Bernstein

Los grandes artistas no son dioses, sino semidioses. Si los convertimos en dioses, los calumniamos, colocándolos fuera de la humanidad. Y la vida de un artista de genio, por rica y extraordinaria que sea, no podría interesarnos, no resultaría provechosa a la sociedad, si no fuera ante todo la vida de un hombre.

Mariano Antonio Barrenechea - Historia Estética de la Música.

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Leonard Bernstein

FOTO DE JACK MITCHEL

Tomás Báez Servián

Profesor de música.

Y sí, la vida de Leonard (Lenny, para los amigos) Bernstein 1918 - 1990), fue prácticamente la de un semidiós: director de orquesta, compositor, promotor y gestor musical/artístico, educador, escritor, orador, pensador, filántropo, activista político.

Intentaremos una apretadísima síntesis de la trayectoria y aporte de esta extraordinaria, influyente y poderosa personalidad musical del siglo XX.

Bernstein, director, compositor.

Nacido en 1918 en Lawrence, Massachusetts, Leonard Bernstein manifestó desde niño innegables condiciones para la música, actitud no apoyada al principio por su padre, Sam Bernstein, hombre de negocios judío.

Entre los años 1935 y 1940 estudia intensamente música en la Universidad de Harvard, luego en el Curtis Institute of Music y asiste a clases de dirección orquestal del gran maestro Serge Koussevitzky, en Tanglewood.

En 1942 se convierte en director asistente de la Filarmónica de New York y al año siguiente se produce un momento decisivo en su historia personal, cuando es llamado “de urgencia” a sustituir a Bruno Walter en la Filarmónica de New York, quien por enfermedad no pudo dirigir un concierto que sería transmitido en directo. Leonard realiza una dirección magistral, sin ensayo previo, logrando fama nacional a partir de ese momento.

El prestigio de Bernstein como director orquestal y también operístico, no conoció de pausas: fue el primer norteamericano en asumir la titularidad en la dirección de la Filarmónica de New York; dirigió muchas de las orquestas más famosas del mundo, como la Filarmónica de Viena, la Filarmónica de Israel, la Sinfónica de Boston, Sinfónica de Londres, Filarmónica de Los Angeles y varias más.

El estilo de dirección de Bernstein ya roza la leyenda: carismático, muy expresivo, intenso y enérgico, de gestos amplios y hasta exagerados (según algunos críticos), con una conexión emocional profunda con la obra dirigida.

Nos dejó grabaciones icónicas y prácticamente definitivas como la Sinfonía Nº 2 (“Resurrección”) de Mahler, compositor al que interpretó como ninguno, reviviendo su posición en el siglo XX.

La Quinta (Sinfonía) de Shostakovich es otra grabación memorable del maestro, de la que soy particularmente un fanático. La versión es impecablemente maravillosa y perfecta.

Su legado como compositor es importante, aunque no ha sido aun suficientemente valorado: Fancy Free (ballet); Candide (opereta cómica); West Side Story (musical, una de sus obras más conocidas y apreciadas); Mass (pieza de teatro para cantantes, músicos y bailarines).

Bernstein, educador

Esta fue una de las facetas más interesantes del maestro, y la que le dio una enorme popularidad en su tiempo.

Debemos mencionar Omnibus, el programa televisivo semanal que tuvo a Bernstein como protagonista principal entre 1954 y 1958, transmitido por la cadena CBS con un enfoque fuertemente cultural, financiado por la Fundación Ford.

El maestro hizo despliegue de un carisma impresionante, junto con una capacidad de conexión con el público extraordinaria. Lo que pudo haber sido una serie aburrida y de puro academicismo, se convirtió en una experiencia dinámica, vívida, interesante y positiva. Tanto fue el éxito de la serie de programas, que se convirtió en todo un parámetro de lo que puede hacerse educativamente con calidad en un medio bastante difícil como lo es la televisión.

Los temas de los programas de Omnibus fueron: la “Quinta Sinfonía de Beethoven”, “El mundo del jazz”; “El arte de dirigir”; “Comedia musical estadounidense”; “Introducción a la música moderna”; “La música de Johann Sebastian Bach”; “¿Qué hace que la ópera sea grandiosa?”.

La serie de “Conciertos para Jóvenes (El maestro invita)”, con la Filarmónica de New York, entre los años 1958 y 1972, fue otra hazaña educativa de Leonard Bernstein.

Estos conciertos, que ya se venían realizando desde buen tiempo atrás, llegaron a un nivel de popularidad y calidad excepcional bajo la dirección de Bernstein.

Un total de 53 conciertos fueron dirigidos por el maestro, en los cuales hizo gala de una conexión profunda con la música, los músicos y el público, elevándolo al sitial de referente educacional sin igual en su tiempo.

Temas magníficos como “¿Qué significa la música?”, “¿Qué es la orquestación?”, “¿Qué es la música clásica?”, “El humor en la música”, “¿Qué es un concierto?”, “Quién es Gustav Mahler?”, “Música folklórica en la sala de conciertos”, “¿Qué es un modo?” (este programa lo hemos visto cantidad de veces, aprendiendo en cada ocasión algo nuevo sobre el tema).

Bernstein, comprometido con la libertad del ser humano

Este compromiso honesto y profundo con el ser humano, llevó a Leonard Bernstein a la realización, durante toda su vida, de numerosos actos humanos y artísticos que lo pintaban de cuerpo entero, siempre con su “arma de guerra”: la música, y siempre con la valentía y decisión que lo caracterizaron.

Valgan dos ejemplos de lo que venimos afirmando. El primero, la respuesta de un artista a la violencia, frase con un poderoso mensaje que deberíamos tener en cuenta siempre. De las palabras que pronunciara Bernstein luego del asesinato del gran presidente John Fitzgerald Kennedy (noviembre de 1963), sobresalen las siguientes: “Nosotros, los músicos, como todos, estamos consternados por este asesinato y profundamente indignados por la sinrazón del crimen. Pero este dolor y esta indignación no nos impulsarán a buscar venganza; al contrario, avivarán nuestro arte. Nuestra música jamás volverá a ser la misma. Esta será nuestra respuesta a la violencia: hacer música con mayor intensidad, con mayor belleza, con mayor entrega que nunca”.

El segundo, la oda a la libertad. El 25 de diciembre de 1989, Leonard Bernstein dirigió en Berlín la Sinfonía Nº 9 de Beethoven, en cuyo movimiento final resuena poderosa la Oda a la Alegría (An die Freude) de Schiller.

El maestro realizó un “sutil” cambio en la frase que pasó a ser una Oda a la Libertad (An die Freihet), celebrando la caída del muro de la vergüenza, del telón de acero; y afirmando luego del concierto que estaba seguro que contaba con la bendición de Beethoven por el cambio introducido.

Leonard Bernstein estuvo en Paraguay, en mayo de 1958. Dirigió dos conciertos con la Filarmónica de Nueva York, en el Teatro Municipal Ignacio A. Pane, Asunción.

En octubre de 2018, celebrando el centenario de nacimiento de Bernstein, la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción (OSCA), bajo la dirección de José Miguel Echeverría, interpretó “Los Salmos de Chichester”, muy famosa obra del maestro.

Bernstein falleció un 14 de octubre de 1990, cinco días después de anunciar su jubilación, en la ciudad de New York.

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Leonard Bernstein sentado al piano, anotando una partitura.
Foto de Al Ravenna, World Telegram staff photographer - Library of Congress

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