Según explicó, el foco está en la inflación SAE —que excluye alimentos, combustibles y tarifas—, por ser la más sensible a la política monetaria. Esta cerraría el año ligeramente por encima del 2% anual, cerca del límite inferior del rango meta. “No es saludable que la inflación SAE esté tan cerca del piso”, advierte, ya que podría ser una señal de que la política monetaria fue más contractiva de lo necesario, considerando los rezagos con los que las decisiones del BCP impactan sobre los precios.
De persistir en 2026 una inflación SAE muy por debajo del centro de la meta, se abrirá la discusión sobre si la Tasa de Política Monetaria (TPM) se encuentra por encima de lo que requiere el estado de la economía o si las estimaciones de la tasa neutral deben revisarse. Según González, este debate es normal en regímenes de metas de inflación y más aún en un contexto de cambios en las condiciones financieras globales.
Asimismo, recuerda que el 2025 estuvo marcado por episodios de estrechez de liquidez en guaraníes, que llevaron a que la curva de rendimientos no soberana en moneda local se ubicara muy por encima de la soberana. Para el 2026, sus perspectivas apuntan a una normalización gradual de estas condiciones.
No obstante, el economista considera poco probable que se observen cambios sustanciales en el primer trimestre del año, dado el sesgo actual del BCP reflejado tanto en la TPM como en su último comunicado de política monetaria y en el Informe de Política Monetaria (IPOM). La mejora en la liquidez sería más bien progresiva a lo largo del año.