@lakolman
En la madrugada del 3 de febrero de hace 37 años, un golpe de Estado puso fin a la dictadura del general Alfredo Stroessner. El militar encabezó un gobierno autoritario por 35 años, sostenido por el Partido Colorado y las Fuerzas Armadas. En este sistema hubo sistemáticas violaciones a los derechos humanos: la dictadura dejó más de 400 desaparecidos, detuvo ilegal y arbitrariamente a más de 20.000 personas y forzó el exilio de más de 20.814 paraguayos, según el informe de la Comisión de Verdad y Justicia (CVJ).
El régimen tuvo su final la madrugada del 3 de febrero de 1989, “El cambio se vino de golpe”, escribía Line Bareiro sobre el derrocamiento de la dictadura de 35 años (1954-1989) del general Stroessner a manos de su consuegro, el general Andrés Rodríguez. Este hecho dio inicio a la apertura política, el retorno de las libertades públicas y a la denominada transición hacia la democracia.
Sobre la dictadura y la democracia de casi cuatro décadas reflexiona Line Bareiro en esta entrevista.
Ella es abogada por la Universidad Nacional de Asunción y politóloga con estudios en la Universidad de Heidelberg, Alemania. Ha hecho una gran contribución a la conformación del movimiento de mujeres en el Paraguay y fue la primera paraguaya en integrar el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (Comité CEDAW) de Naciones Unidas. Integró el Grupo Asesor de la Sociedad Civil de ONU Mujeres Paraguay y de la Región, y también integra la Asamblea General del Instituto Interamericano de Derechos Humanos. “Nunca se hace justicia plena a violaciones de derechos humanos cometidos por una dictadura como la de Stroessner” sostiene Line, y enfatiza que, posiblemente sea el único caso, en toda la historia política del Paraguay, en el que hubo reconocimiento de las violaciones a los derechos humanos y cierta compensación a las víctimas.
– ¿Cómo explicamos lo que fue la dictadura si tuvieras que explicarlo hoy, 37 años después?
–El 3 de febrero de 1989 terminó la dictadura del general Alfredo Stroessner, que tuvo varios momentos, pero se enmarca en las dictaduras militares, con apoyo civil que hubo en el Paraguay de forma casi continua desde 1936 en adelante. Recuerdo mi sorpresa cuando me dijeron en la Argentina, a mediados de los años 60 del siglo XX, que ellos decían que el Paraguay era un país long play y por qué, pregunté, y respondieron: “Porque era un país de 33 revoluciones por minuto”.
Piensen nomás que solamente en 1928 hubo elecciones presidenciales entre los liberales que gobernaban desde principios de siglo y un colorado. Obviamente, solo podía ganar el liberal. Es lo que se conoce como elecciones semicompetitivas en las que pugna más de uno/a, pero solamente uno puede ganar. En los gobiernos del coronel Rafael Franco (más conocido como la Revolución Febrerista de febrero de 1936 hasta 1937), que derrocó a un gobierno civil de Eusebio Ayala, del general José Félix Estigarribia que impuso una Constitución abiertamente autoritaria, pero que incluye algún derecho para la ciudadanía, del general Higinio Morínigo, que gobernó entre 1940 y 1948, y de Alfredo Stroessner, que estuvo en el poder entre 1954 y 1989. En medio hubo algún civil integrante de la Asociación Nacional Republicana (ANR-Partido Colorado), como antes hubo presidentes integrantes del Partido Liberal, ninguno electo en elecciones competitivas y una sola vez en semi-competitivas.
Quizá la pregunta debería ser cómo explicamos lo que fueron los gobiernos paraguayos, ninguno de ellos democrático ni electo en elecciones competitivas desde 1811, año en el que se declaró la independencia del Paraguay. Stroessner había logrado incluso que los partidos de oposición se sometiesen a elecciones semicompetitivas. En ese tipo de elecciones se presentan varios, pero solo uno puede ganar. Recién en la apertura política de 1989, las elecciones municipales de 1991 fueron competitivas y así también fue la elección de convencionales constituyentes que elaboró la Constitución de 1992. Esa fue/es la primera Constitución democrática de la historia del Paraguay, por su origen, por el procedimiento para su elaboración y aprobación, así como por su contenido.
– Otros dictadores latinoamericanos fueron juzgados, pero Stroessner murió impune, ¿por qué?
–Los procesos dictatoriales y democráticos de América Latina fueron diversos. Lo que se hizo con Stroessner fue simplemente eliminarlo del mapa político. Fue un exilio dorado en el Brasil, disponiendo de sus bienes robados del Paraguay. Quienes lo sustituyeron habían sido o eran parte de la ANR. En los años 80, hubo una marcada división en el Partido Colorado, entre tradicionalistas y militantes. Estos últimos asumieron el poder y marginaron a los tradicionalistas de los cargos públicos y del manejo de los bienes públicos. Pero no se juzgó a todos los ex dictadores de América Latina. Antes bien, fue excepcional ese juzgamiento.
Pero tampoco fueron propiamente los tradicionalistas quienes asumieron el poder después de la caída de Stroessner, como parte de la alianza militar-colorada. No temieron marginar e incluso ejecutar al profesor Luis María Argaña, siendo este vicepresidente de la República. Sin embargo, debemos recordar que Lino César Oviedo fue el último militar en servicio activo que hizo política.
Merece la pena hacer un buen seguimiento del caso de Venezuela. Se trata de un caso de izquierda, no democrática, que en colaboración con los EEUU destituyó a quien lo encabezaba y solamente a él, es decir, a Maduro y su esposa, y quienes gobernaban con él quedaron siendo gobierno. No sabemos aún el lugar que tendrá la oposición en ese caso. Se trataría de un buen ejercicio comparativo con el caso paraguayo.
– Desde tu perspectiva, ¿hubo justicia por las violaciones de derechos humanos cometidos durante la dictadura?
–Nunca se hace justicia plena a violaciones de derechos humanos cometidos por una dictadura como la de Stroessner, pero debo decir que posiblemente sea el único caso, en toda la historia política del Paraguay, que hubo reconocimiento de las violaciones a los derechos humanos y cierta compensación a las víctimas. Más aún, hoy tenemos la posibilidad de ver cómo fue ese proceso y quiénes fueron víctimas y quiénes victimarios. En el Poder Judicial tenemos un museo extraordinario sobre violaciones a los derechos humanos durante la dictadura de Stroessner y contamos también con un Museo de la Memoria, realizado por personas que han sido víctimas de la dictadura o muy cercanas a las víctimas. Personalmente, creo que ambos son de gran importancia, incluso regional, para que haya justicia y memoria del horror de las dictaduras.
– ¿Cómo se explica que el partido que fue uno de los sostenes de la dictadura siguiera en el poder?, salvo esa breve pausa del gobierno de Lugo.
–Tenés que pensar que en la historia política del Paraguay, los partidos tradicionales, que son los que fueron gobierno, fueron sostenes de dictaduras y no de gobiernos democráticos. Pensar también que toda oposición, incluyendo a algunos que fueron ministros del gobierno de Lugo, estuvo dispuesta a destituir a Lugo. Creo que a algún senador colorado le dio vergüenza y dispuso que como Lugo no terminó su mandato, podía ser senador activo, electo. Lo que no le permitieron ni a Cartes ni a Nicanor Duarte.
Creo que este tema que planteás sería un buen planteamiento para una investigación necesaria en el Paraguay.
– Según datos del Latinobarómetro, Paraguay lidera la preferencia por regímenes autoritarios donde un 68-70% de la población aceptaría un gobierno no democrático si este resuelve problemas. Esto se ve como una derrota, ¿cómo explicarías esto?
–Creo que también es un campo de investigación. Pero la explicación más sencilla está justamente en nuestra historia política, lamentablemente. Como nación y teniendo elementos culturales distintivos, es una pena que no hayamos podido construir un Paraguay democrático hasta ahora.
En fin, pensá que Horacio Cartes, la primera vez que votó en su vida, votó por sí mismo y ya era un señor mayor y el actual presidente ocupaba un cupo liberal en el Banco Central, cuando se le abrió una mejor oportunidad: pasar a ser ministro.
– Hay más que una sensación de retroceso en cuanto a la transparencia electoral, y en cuanto a la paridad en las listas. ¿Cuál es tu análisis sobre esto?
–Estoy convencida de que, a pesar de los muchos problemas, el Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) ha llevado adelante elecciones competitivas. Obviamente, es vergonzoso que los partidos tengan grandes cuotas para que sus militantes cobren dinero del Estado, sin tener funciones efectivas. Pero he participado de diferentes maneras en educación cívica y control electoral y creo que los resultados han sido reales.
–¿ Qué se debería hacer para detener la inclinación autoritaria y los retrocesos?
–Organicemos un buen debate al respecto, porfa. Evidentemente, tiene que ver con nuestra historia y procesos de designación de autoridades. A mí me da vergüenza ajena que el PLRA después de aprobar la paridad entre hombres y mujeres, simplemente, decidió eliminar la igualdad de género. Así será más que difícil verlo como alternativa. Cuidemos al artículo 48 de la Constitución Paraguaya de 1992. Alguna vez funcionaremos como Estado de derecho.
– Desde el momento político, social y económico, ¿hacia dónde te parece que va el Paraguay? Una reflexión sobre estos 37 años de democracia.
–Creo que es lo que hice respondiendo tus preguntas. Organicemos un buen debate y tratemos de sacar un buen programa de debates para un país democrático.
- La explicación está justamente en nuestra historia política. Como nación y teniendo elementos culturales distintivos, es una pena que no hayamos podido construir un Paraguay democrático hasta ahora.
- Me da vergüenza ajena que el PLRA, después de aprobar la paridad entre hombres y mujeres, simplemente decidió eliminar la igualdad de género. Así será más que difícil verlo como alternativa.
- En el Poder Judicial tenemos un museo extraordinario sobre violaciones a los derechos humanos durante la dictadura.