22 jun. 2026

¡Podemos y debemos ser!

Las soluciones no vienen del cielo ni de los árboles, sino de decisiones. Algunas son institucionales, otras políticas, otras personales, pero, al final, son las decisiones tomadas las que deciden el futuro de un país. Decisiones correctas harán al país más rico y lo contrario es evidente. Si los paraguayos tomamos malas decisiones, al país le irá mal, o sea, a nosotros nos irá mal, razón por la cual debemos tomar buenas decisiones y los ciudadanos de a pie, debemos ser celosos fiscales y custodios de las decisiones de las autoridades y de los políticos: La política es tan importante que no hay que dejarla en manos de los políticos; la política debe estar siempre en manos de la ciudadanía, quien debe ejercer su función de contralor sobre todos los actos políticos públicos.

No ocurrirán milagros en Paraguay y no habrá un “milagro paraguayo”, sino que será el resultado de establecer objetivos a corto, mediano y largo plazo, tanto a nivel del Estado, como en las empresas privadas; emprendedores e innovadores deben hacerlo, planificando cada uno su horizonte y la posibilidad de una futura expansión y crecimiento de su inversión. Nadie en su sano juicio trabaja a pérdida y no hay razón para que la sociedad paraguaya, nosotros, lo hagamos.

Una sociedad es posibilista o fatalista. Nuestra trágica historia de guerras generó una sociedad muy fatalista, de sobrevivientes, de luchar el día a día y de no pensar en el futuro distante, por las urgencias y apremios del mal vivir, de creer estar destinados a la pobreza, la miseria y el sufrimiento; a esto se sumó, en la posguerra del 70, la imposición por parte de los vencedores, de pensar que éramos una raza de cretinos, ignorantes e incapaces, mendicantes y dependientes. Pues bien, a día de hoy, esos días ya pasaron, pues el Paraguay está en una senda de pleno y franco desarrollo, donde números y estadísticas no paran de crecer. Un tema de análisis es la calidad de ese crecimiento, pues todo depende de la posición del Paraguay en la cadena de generación de valor.

La joya de la economía paraguaya es la producción primaria, sea hidroenergía, agroindustria y ganadería; el pero es que la producción primaria se encuentra en la base de la cadena de valor, sumando poco valor agregado. Subir en esta cadena es ingresar a la economía secundaria con industrias, impulsada con la Ley de Maquila y el sistema impositivo del “triple 10”; el pero es que aunque se aumenta la generación de riqueza en la cadena de valor, en la medida que los obreros paraguayos sudan y se esfuerzan, mientras más producen las máquinas en las fábricas, la ganancia va a los dueños, a multinacionales o inversionistas extranjeros. “Las penas son nuestras, pero las vaquitas son ajenas”.

Paraguay debe ingresar a la economía terciaria, de la sociedad de la información y el conocimiento, en el selecto grupo de naciones que dominan ciencia y tecnología, ofreciendo servicios a nivel global, la cual se encuentra en el nivel más alto de generación de riqueza en la cadena de valor. Para ello debemos generar políticas públicas orientadas a ingresar a esa sociedad; estimular a emprendedores e innovadores para lanzarse a ese nicho de mercado; invertir en I&D+i formando RRHH capacitados y hábiles en el dominio de la ciencia; generar en los paraguayos la autoestima de creer en nosotros mismos. Países devastados por guerras o la pobreza, como Taiwán, Corea del Sur y Singapur, en 30 años, pasaron al primer mundo siguiendo esta ruta.

Hay desafíos. Muchos. Si los asumimos, podemos y debemos ser en un futuro próximo, la Suiza de América.

  • Nuestra trágica historia de guerras generó una sociedad muy fatalista, de sobrevivientes, de luchar día a día y de no pensar en el futuro distante.
Analista. Gral. (SR)
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