El estado en el que se encuentra la capital del país es el resultado de la gestión de varios intendentes, pero el caos y el peligro en que viven vecinos de diversos barrios, en medio de obras abandonadas del desagüe pluvial es directa responsabilidad de un intendente que renunció tras la intervención de su administración y salió impune: Óscar Rodríguez. Asunción no solo está ahogada en deudas, literalmente está inundada, y cientos de vecinos se encuentran en peligro no ante las fuerzas de la naturaleza, sino por la irresponsabilidad de las autoridades.
Tras varios días de lluvias y temporales que están afectando a gran parte del país, se puede afirmar con escaso margen de dudas que en la calle se refleja la gestión de las autoridades nacionales y municipales.
En la capital, frente al anuncio de tormentas y temporales, el municipio apenas publica en redes sociales advertencias a la población respecto a las zonas que deben evitar debido a los peligrosos raudales. Como es bien sabido, debido a la falta de desagüe pluvial, con las intensas lluvias se forman raudales en calles y avenidas en Asunción, su área metropolitana y en todo el Departamento Central. Otra consecuencia directa en esta situación es el caos del tránsito, el cual se agrava cuando los raudales arrastran personas, vehículos, el asfalto de las calles, empedrados y basura. El agua también ingresa a las viviendas inundándolo todo.
Todos estos inconvenientes y peligros, el raudal, los baches, las horas perdidas en el caos del tráfico o aguardando el transporte público, son la postal de ciudades que han crecido desmedidas y desorganizadamente en las últimas décadas; son la muestra descarnada de gestiones municipales improvisadas, y que han privilegiado el clientelismo y la politiquería por sobre la planificación de las ciudades, y sobre el derecho ciudadano a acceder a servicios públicos eficientes.
Ciertamente el temporal afectó a gran parte del país. Decenas de familias han quedado a la intemperie por la voladura de los techos de sus viviendas y comunidades que sufrieron importantes daños. El caso de Asunción es sin embargo ejemplar, no por ser más importante sino por la gravedad.
En 2022 fue aprobada la emisión de bonos G8 para financiar un plan de G. 360.000 millones distribuidos en ocho cuencas del desagüe pluvial; sin embargo, la Municipalidad comprometió el 69,7% de los recursos en cuatro obras, dejando a otras dos sin recursos. El año pasado, tras la intervención de la municipalidad de Asunción, gestión Óscar Nenecho Rodríguez, se supo que los recursos no fueron destinados a las obras.
La falta de capacidad de gestión y de transparencia de las autoridades municipales, intendente y junta municipal nos han arrastrado a esta situación. Por eso hoy dos barrios viven una situación de extremo peligro. Los vecinos del barrio San Pablo, en las cercanías del Mercado de Abasto han sufrido los embates del agua por las obras de desagüe inconclusas. La comisión vecinal denunció que su vecindario se convirtió en “una gran piscina” durante las últimas lluvias registradas; el agua ingresa a las viviendas provocando sustos, inconvenientes y pérdidas materiales, que para muchos vecinos representan el esfuerzo de toda una vida. “El patio se llenó de agua. Entró toda la porquería ahí dentro. Nosotros nos bajamos a la sala y el agua estaba por nuestra rodilla. No pudimos hacer nada, pedimos socorro, llamamos por todos lados”, reclamó un vecino.
Un caso similar viven los residentes de Santo Domingo, quienes describen el “desastre” cotidiano por el que atraviesan, ya que después de un año de iniciados los trabajos de desagüe pluvial, el avance es de apenas un 20%, mientras que los perjuicios para los vecinos se acumulan. Aquí denuncian el peligro en el cual deben vivir por el desorden y los escombros y apuntan a que es “criminal” la manera en que se ejecuta la obra. Además, denuncian que el suyo pasó de ser un barrio tranquilo a uno “peligrosísimo” pues hay personas que aprovechan el abandono de las obras para robarles.
Este es el vergonzoso legado del ex intendente colorado Nenecho Rodríguez, barrios sumergidos en el caos por obras que han quedado a la deriva, y una ciudad que cada día pierde un poco más de su calidad de vida.