13 jun. 2026

Elevar la calidad de la representación es elevar calidad de la democracia

Uno de los datos más desconcertantes que surge de las recientes elecciones internas simultáneas, previas a las municipales de octubre, ha sido la noticia de que seis precandidatos recibieron votos pese a estar procesados; tres están en prisión por corrupción o por liderar una banda de abigeos y, a pesar de estar privados de su libertad, obtuvieron votos de la ciudadanía.

Más de 4,4 millones de afiliados de los principales partidos estuvieron habilitados para votar y definir candidaturas a intendencias y concejalías para las próximas elecciones municipales de octubre.

La gran sorpresa en cuanto a los resultados fue, sin lugar a dudas, la noticia de que seis precandidatos en las internas partidarias fueron votados a pesar de estar procesados. Tres de ellos se encuentran en prisión por diversos hechos, como corrupción y abigeato. Lo llamativo es que, pese a estar privados de su libertad, sus candidaturas siguieron en carrera y obtuvieron votos de la ciudadanía.

Uno de ellos es precisamente el ex intendente de Asunción, Óscar Nenecho Rodríguez, quien, pese a los numerosos cuestionamientos, aspiraba a ocupar una banca como concejal por el movimiento Orden Republicano, pero solo obtuvo 1.204 votos. La Fiscalía lo había acusado por supuestamente formar parte de un esquema que habría perjudicado a la Comuna por la suma de G. 1.830 millones; según la Fiscalía, se habrían usado recursos de la pandemia para beneficiarse indebidamente.

Así también, Ysidro Rivas, de Honor Colorado, y padre del ex senador Hernán Rivas, quien obtuvo 2.616 votos, un 38,62%. Rivas enfrenta una serie de denuncias por lesión de confianza, asociación criminal y estafa, siendo la primera causa la que sigue avanzando en la Fiscalía. La denuncia apunta a un daño patrimonial de más de G. 2.000 millones en el marco de las irregularidades donde figuran sobre todo obras simuladas.

Estos ejemplos nos deberían llevar a la reflexión sobre el hecho de que resulta grave que la sociedad haya arribado a un punto de normalizar las situaciones de corrupción y ciertas prácticas ilegales, ¿cómo es que la ciudadanía no condena la corrupción pública ni a políticos que tienen vínculos con el narco y con el crimen organizado? Es preocupante que la población no juzgue como algo negativo la corruptela por parte de sus autoridades.

Esta mezcla entre aceptación e indiferencia hacia la corrupción, y hacia autoridades y funcionarios presuntamente corruptos es una actitud que está poniendo en riesgo el mismo sistema democrático. Nuestra democracia se debilita ante la ausencia de una condena social, y de una ciudadanía activa que condena a quienes le roban al pueblo.

Un informe de la organización IDEA Internacional de 2022 sobre El estado global de la democracia 2022 concluía que la mitad de los gobiernos democráticos del mundo estaban en declive, deteriorados por problemas como las restricciones a la libertad de expresión y la desconfianza en la legitimidad de las elecciones. Detallaba asimismo que la mayoría de los países de América Latina y el Caribe presentan un desempeño democrático de nivel medio, a excepción de cuatro de ellos, entre los cuales ya estaba Paraguay, además de El Salvador, Guatemala y Jamaica, con un desempeño bajo.

Otro aspecto preocupante tiene que ver con el poder del narcotráfico y el crimen organizado que ha ido creciendo. Según una investigación de Connectas, en los últimos 20 años se crearon 36 nuevos municipios en Paraguay muchos de ellos sin tener los requisitos para ello, muchos de ellos impulsados por congresistas sospechados por vínculos con el crimen organizado. En Necesidad, narco y política, así se redibujó el mapa de Paraguay, se destaca que 16 de los nuevos municipios nacieron en los departamentos de Amambay, Canindeyú y Concepción, la “zona roja” del Norte, en el límite con Brasil, donde están los mayores índices de violencia y crimen organizado.

Hace años ya se advertía sobre mirada geopolítica de los narcotraficantes, en el sentido de que sabían que poseer mayor territorio les permitiría mayor control y también de la acentuación de la narcopolítica.

Todo esto forma parte de filtraciones que han ido socavando el valor de nuestra democracia, por lo cual deberíamos preguntar, si baja la calidad de representación, quién representará entonces las necesidades y anhelos del pueblo.

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