Balmelli analizó en una entrevista con el diario Última Hora las implicancias del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), con especial énfasis en las cláusulas de salvaguarda, las propuestas europeas y sus posibles repercusiones para el sector ganadero paraguayo.
El acuerdo, firmado tras más de 20 años de negociaciones, genera expectativas en la región al unir un mercado de 450 millones de habitantes en la UE con 260 millones en el Mercosur, configurando una de las áreas de libre comercio más extensas del mundo, según Balmelli.
En relación con la carne, el Mercosur inició las tratativas solicitando una cuota de 315.000 toneladas, equivalente al 5% del consumo europeo. Tras sucesivas rondas, se acordó solo 99.000 toneladas, que representan el 1,5% del consumo y cerca del 1,6% de la producción de la UE. Balmelli considera que este volumen no implica riesgo alguno para los productores europeos.
A pesar de ello, surgieron protestas conocidas en Europa. En las etapas finales de las negociaciones, sectores agropecuarios del continente expresaron preocupación por el impacto en su competitividad ante la entrada de productos del Mercosur.
Esto llevó a la UE a adoptar salvaguardas bilaterales de manera política, fuera del Acuerdo de Asociación principal. Se trata de un instrumento separado, aprobado semanas antes de la firma, destinado a proteger a los productores primarios europeos y mitigar la presión interna contra la apertura comercial con el Mercosur, como una medida preventiva de protección.
Sin embargo, la Cancillería paraguaya logró incorporar una cláusula específica de protección en el acuerdo. Esta estipula que Paraguay quedará excluido de la aplicación automática de las salvaguardas, a menos que una investigación formal demuestre de forma clara y específica que las importaciones paraguayas bajo condiciones preferenciales causan daño grave o amenaza de perjuicio a la producción europea. Balmelli califica este punto como un resguardo clave para el país, al restringir el uso indiscriminado de estas medidas contra las exportaciones locales.
El argumento principal de los europeos radica en que sus productores operan bajo normativas ambientales, sociales y sanitarias más estrictas, lo que eleva sus costos de producción. Según esta visión, ni los subsidios actuales compensarían esa brecha, independientemente del volumen importado desde el Mercosur.
Estas salvaguardas no requieren consenso del Mercosur y, aunque son recíprocas, pueden aplicarse de forma discrecional por las autoridades europeas si detectan un aumento del 5% en volumen o precio de las importaciones que amenace su producción local. En tales casos, se podrían suspender preferencias arancelarias o restringir envíos, lo que interrumpiría unilateralmente los términos del acuerdo.
En paralelo, el Parlamento Europeo sometió el pasado miércoles el acuerdo a revisión judicial, en una votación que, según algunos analistas, podría demorar su implementación hasta dos años.
La Cifra
25 años de negociaciones pasaron para que el Mercosur y la Unión Europea firmen, en Asunción, el acuerdo de cooperación.