El pago mínimo de la tarjeta de crédito suele tener mala fama y muchas personas creen que recurrir a esta opción implica que la deuda nunca disminuirá. Sin embargo, la especialista en finanzas personales Adriana Bock sostiene que esta idea no siempre es correcta y que, utilizada de forma estratégica, puede ayudar a atravesar periodos de falta de liquidez sin caer en mora.
La principal condición, explica, es dejar de utilizar la tarjeta una vez que se opta por el pago mínimo. En ese escenario, la deuda sí comienza a reducirse de manera gradual hasta cancelarse. “Si pagás el mínimo, tu deuda va a bajar, pero no tenés que usar más la tarjeta. Pagás el mínimo y, a partir de ahí, todos los meses seguís pagando hasta cancelar, pero no la uses más”, señaló en una entrevista en el programa Letras Chicas, de Última Hora.
Según Bock, el verdadero problema aparece cuando el usuario paga el mínimo, o incluso un monto superior, y continúa realizando compras con el mismo plástico.
“Hay gente que dice que siempre paga más del mínimo y la deuda igual no baja. Claro, si el mínimo era G. 200.000, pagaste G. 500.000, pero después gastaste G. 600.000, entonces la deuda crece”, ejemplificó.
Por ello, la regla más importante, sostiene, no es únicamente pagar más del mínimo, sino gastar menos de lo que se abonó. “Si te alcanza para pagar más del mínimo, perfecto, pero usá menos de lo que pagaste siempre”, recomendó.
La especialista indicó que, en momentos de dificultades económicas, puede ser más conveniente pagar únicamente el mínimo y reservar el resto del dinero para cubrir necesidades básicas como alimentación, transporte, medicamentos o servicios.
De lo contrario, una persona podría destinar todo su ingreso al pago de la tarjeta y quedarse sin efectivo a mitad de mes, obligándose nuevamente a recurrir al crédito.
En ese sentido, afirmó que el pago mínimo puede ser una herramienta temporal para evitar entrar en mora, siempre que vaya acompañado de la suspensión total del uso de esa tarjeta.
Cuándo una deuda deja de ser saludable
Bock explicó que el endeudamiento es manejable mientras el pago de las deudas no supere el 25% de los ingresos disponibles. Ese porcentaje permite distribuir el resto del presupuesto entre gastos esenciales y un margen para ahorro o imprevistos.
La propuesta de distribución es la siguiente: 45% para gastos fijos, incluyendo el 25% destinado a deudas y un 20% para vivienda y servicios.
Otro 45% para gastos variables esenciales, como alimentación, transporte y medicamentos, y un 10% para ahorro o imprevistos.
La experta señaló que cuando las deudas superan el 25% del ingreso disponible comienzan a desplazar recursos destinados a necesidades básicas o al ahorro y adelantó que entre el 25% y el 35%, el sobreendeudamiento aún puede corregirse mediante un ajuste estricto del presupuesto y la reducción temporal de gastos no esenciales.
Sin embargo, advirtió que cuando el peso de las deudas supera el 40% o el 50% de los ingresos, la especialista considera que la situación se vuelve crítica y recomienda buscar ayuda profesional para reorganizar las obligaciones financieras.
Más allá del porcentaje de endeudamiento, Bock identificó algunos indicadores de que las finanzas personales están bajo presión. Entre ellos mencionó recurrir a la tarjeta de crédito para comprar alimentos o pagar servicios básicos porque el dinero se termina antes de fin de mes; entrar en el llamado efecto bicicleta, donde se pagan las cuentas pero luego es necesario volver a endeudarse para cubrir los gastos corrientes y experimentar estrés o dificultades para dormir debido a la preocupación por las deudas.
“El sobreendeudamiento no siempre es culpa de una mala administración. Muchas veces responde al alto costo de vida y a la falta de liquidez para cubrir necesidades básicas”, afirmó.
Consolidar deudas, una alternativa cuando la carga es muy alta
Para quienes ya destinan una parte importante de sus ingresos al pago de obligaciones financieras, Bock recomienda evaluar la consolidación de deudas. Esta estrategia consiste en reunir varios créditos en uno solo, con una única cuota mensual.
La consolidación puede hacerse dentro de la misma entidad financiera, unificando préstamos y tarjetas de crédito, o mediante una compra de deuda, donde otra institución otorga un préstamo para cancelar todas las obligaciones existentes.
La especialista aconseja definir previamente cuál es la cuota que realmente puede pagarse sin comprometer los gastos esenciales, consultar las condiciones con distintas entidades y negociar plazos más largos si eso permite reducir el monto mensual.
No obstante, advirtió que ninguna consolidación será efectiva si la persona continúa generando nuevas deudas.
“El objetivo es que la cuota se adapte a la capacidad real de pago y, una vez consolidada la deuda, dejar de utilizar las tarjetas o sacar nuevos préstamos. De lo contrario, solo se alimenta un ciclo del que después es muy difícil salir”, concluyó.
Además de estas recomendaciones, Bock enfatizó la importancia de hablar abiertamente sobre dinero y fortalecer la educación financiera para reducir el estrés asociado a las deudas y recuperar el control del presupuesto familiar.