Paraguay y toda la región atraviesan por un cambio en la realidad demográfica, muy diferente a la que se vivía en 1950, y será aún más distinta en los próximos 25 años, cuando la franja adulta mayor aumente al doble que la actual, debido al envejecimiento de la población joven.
Ante esta situación, la socióloga alemana Sabrina Juran recomienda, teniendo en cuenta la inminente transición, imaginar el futuro y anticiparse, desde políticas impulsadas por el gobierno, ya que Paraguay como otros países actualmente no tiene condiciones para contener este cambio que ya está comenzando, y que podría reducir muy grandemente la calidad de vida de sus habitantes.
Juran es socióloga del desarrollo con más de 15 años de experiencia internacional en el área de población y desarrollo, datos y políticas públicas, además de salud global. Actualmente se desempeña como asesora regional de Datos y Dinámicas de Población en el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) para América Latina y el Caribe.
Juran habló de lo que se conoce como bono demográfico, que es un periodo que Paraguay todavía está viviendo, debido a su elevada población joven, según el censo de 2022. Pero advierte que esa generación, en 25 años, “ya no será tan joven”.
Indica que la transición demográfica es algo natural, comparable con otros países, pero que a nivel de la región se está viviendo “de manera acelerada”, a diferencia de otras regiones del mundo. Igualmente, aclara que Paraguay todavía encuentra equilibrio.
“Para explicar cómo llegamos a la realidad demográfica que estamos viviendo hoy, tenemos que entender el pasado y tenemos que entender sobre las oportunidades y la falta de oportunidades que han venido antes de nosotras”, comentó la experta.
El año base de estudio es 1950 a la actualidad. Juran señala que en ese momento “había más bebés y niños, menos adolescentes de 15 años, menos edades adultas, y la esperanza de vida era de unos 60 años. Había pocas personas en edades avanzadas. Esa es la estructura de población joven”, precisó.
Paraguay tenía un nivel de fecundidad en 1950 de 6.5 hijos por cada mujer en promedio. Actualmente se redujo a 1.9 (es decir, dos en promedio), que es una transición en 75 años de historia.
“La caída de la fecundidad en nuestra región ha sido de una manera acelerada en comparación a otras regiones del mundo. Hay países en donde cayó más rápido que en Paraguay, pero también hay países que están reduciendo de una manera más lenta”, comentó.
La asesora de Naciones Unidas hace un recorrido en la vida de una persona para comprender estos cambios. En ese sentido, relata que, por ejemplo, una mujer que nació en 1950, tiene hoy 75 años. A través de su vida acumuló experiencias, oportunidades y desventajas. “La realidad en la que ella nació en 1950 desde una perspectiva demográfica con una esperanza de vida más baja, con una inversión en educación más baja, con una mortalidad infantil más alta, es diferente a la realidad demográfica que una que nació en 2020”, subrayó.
Contrasta que la trayectoria de esa mujer será completamente diferente que la que nació en el 50, en cada año de su vida, al igual que las necesidades o protecciones a la niñez, adolescencia o edad adulta mayor.
“En 1965, más o menos, empezó a bajar la fecundidad en Paraguay, hasta llegar al 1.9 hoy. Esta cantidad de mujeres en edad reproductiva tiene alrededor de 2 hijos. A través del tiempo, el crecimiento de la población, ahora sí se está reduciendo, porque hay una fecundidad más baja”, resalta.
Sin embargo, destaca que el último censo concluye que Paraguay tiene 6.417.076 habitantes, lo que indica que hubo un crecimiento en los últimos 75 años. No obstante, las características son diferentes, ya que hay una gran cantidad de población joven y también de niños.
Entonces, la franja que está en posición de contribuir en el mercado laboral es grande. El 66% de la población es activa y el 33% es dependiente, es decir, niños y adultos mayores.
“Esta es la ventana de oportunidad demográfica, ese es el momento cuando el país puede cosechar un bono demográfico. Este bono es algo tangible económicamente, que un país puede realmente aprovechar, pero el país lo puede aprovechar si realmente su población joven está bien situada en la sociedad y en el mercado laboral”, manifestó Jure.
La socióloga alertó que los gobiernos no deben perder la contribución de las poblaciones jóvenes. “Hay que asegurar que la población joven que está en esa franja activa pueda realmente contribuir hacia el desarrollo económico”, recalcó.
Este es el punto más importante del estudio y tiene relación con que el Gobierno, para aprovechar la fundamental contribución, debe asegurar que los jóvenes tengan garantías de salud, participación activa en la vida, buena educación para ejercer los trabajos y que estén en un mercado laboral que tenga la capacidad de absorberles, y que tenga la protección que les da la formalidad, para que puedan ocuparse de sus propias protecciones.
Un factor muy relevante que resaltó Juran es la importancia de este último punto, que es que el mercado tenga mayor formalidad, pues en Paraguay el nivel de informalidad es de 63%.
“Si los países no invierten por lo menos en estas tres áreas (salud, educación, trabajo), este bono demográfico se arriesga, no se puede realmente cosechar un bono económico, porque tenemos una población joven bien educada, pero el mercado laboral que es 63% informal, no les está integrando ni provechando la buena educación”, expuso.
Las mujeres redujeron la cantidad de hijos en los últimos 75 años y los motivos son muy variados. Juran explica que las razones son varias y van desde el inseguro sistema de cuidados gasta el modelo económico. “No es una sola razón y no es que necesariamente las mujeres deciden que no, o que quieren menos, no es que tomamos esta decisión en libertad, hay diferentes barreras y son diferentes naturalezas”, expresó.
Estas barreras son económicas, en cuanto a estabilidad laboral, también de condiciones de vida y de acceso a la vivienda. Igualmente, la carga del trabajo doméstico para cuidar a los niños y a los padres adultos mayores; se suma la igualdad en cuanto a la distribución del trabajo en el hogar, la inseguridad sobre la situación geopolítica o sobre el cambio climático.
Finalmente, Juran hace un llamado a los gobiernos a dar mayores garantías para anticiparse a una crisis.
En 1965, más o menos, empezó a bajar la fecundidad en Paraguay, hasta llegar al 1.9 hoy. Esta cantidad de mujeres en edad reproductiva tiene alrededor de 2 hijos.
Si los países no invierten por lo menos en estas tres áreas (salud, educación, trabajo), este bono demográfico se arriesga. No se puede cosechar el bono con 63% de informalidad.