25 sept 2026

El centenario de Mario Halley Mora, un escritor censurado

Mario Halley Mora (1926-2003) está cosechando, tardíamente, lo que sembró. Hoy es su centenario y prácticamente nadie lo recordó. A diferencia de otros escritores también en la centena, fue ignorado en las ferias del libro organizadas.

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Mario Halley Mora, el escritor que en setiembre de 2026 cumple 100 años.

Foto: Archivo.

A diferencia de otros dos escritores también en la centena, Elvio Romero y Elsa Wiezell, poetas de gran fuste, Halley Mora fue ignorado en cuanta feria del libro se haya organizado, así como conferencias, paneles o cualquier otra actividad conmemorativa de este año. Y digo tardíamente, porque a pesar de los muchos elementos en su contra, en este siglo recibió el Premio Nacional de Literatura (2001) y fue publicado y prologado profusamente, en medio, por supuesto de repudios a su figura por todo lo que representaba con respecto a la dictadura militar de Stroessner. Escritores de la talla de José-Luis Appleyard, Francisco Pérez-Maricevich, Bernardo Neri Farina, Josefina Pla y Lita Pérez-Cáceres, entre otros, escribieron líneas elogiosas sobre su obra. Sin embargo, hoy día ya pasa totalmente desapercibido, en buena parte por la indolencia que caracteriza a nuestras actividades culturales y, por otra parte, a una censura sistemática hacia su figura. Analicemos ambos aspectos.

Pero antes de continuar debemos asentar la premisa de que Mario Halley Mora produjo una obra importante para el corpus literario paraguayo. En el ámbito de la dramaturgia dejó seguramente su impronta más importante, y sus dramas y comedias se representaron por años y con éxito. Claro que, como muchos, se movió dentro de los cánones hegemónicos en el teatro de su época mientras otros buscaban o experimentaban nuevos rumbos, pero de estos sesgos nadie escapa. En narrativa, escribió cuentos y novelas que hasta hoy tienen buena acogida, y se siguen distribuyendo relativamente bien. A esto se puede sumar algunos libros ensayísticos y periodísticos que dan una perspectiva mejor a la hora de evaluar su obra. Así que, si Halley Mora hubiera tenido una producción infravalorada, insignificante dentro de la literatura paraguaya, hoy en día ni este artículo se escribiría. Pero ocurrió lo contrario. ¿Qué hacemos entonces con el arte innegablemente importante de un autor, pero que tiene una mancha que causa repudio general?

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Los hombres de Celina, de Mario Halley Mora.

Foto: Archivo

Enterrados en el olvido

Decíamos que el hecho de que Halley Mora haya pasado desapercibido en su centenario responde a la indolencia que nos caracteriza. No es el único escritor enterrado en el olvido (y no hablaré de otros ámbitos artísticos que también tienen sus héroes y antihéroes más o menos relegados). Por mencionar solo dos autores, Manuel Argüello o Santiago Dimas Aranda pasaron por lo mismo en el 2025 y 2024, respectivamente, con algunas leves excepciones. Aunque de inferior producción que Halley Mora, Arguello y Dimas merecían alguna mención, pero solo el silencio los acompañó. Carmen Soler, por ejemplo, tuvo más suerte. Y las razones de por qué ella y no los otros dos, nos ayudan a comprender que este fenómeno del olvido o de la rememoración es multicausal. Una sola mencionaremos: ella tuvo un grupo que se empeñó en que en su año su figura resalte un poco más de lo acostumbrado. Los otros no tuvieron esa suerte, y esto corre también para nuestro autor de marras. Y tanta es la mala suerte de Halley Mora que aun habiendo militado en el partido más poderoso y con mayores recursos del país, ni siquiera ahí lo tuvieron en cuenta; sería digno del mejor realismo mágico creer que de esa nucleación política pueda hacer algo que tenga que ver con un homenaje a algunos de sus intelectuales, y eso que hay un incipiente neoestronismo entre sus jóvenes escombros pensantes.

La censura consensuada

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Cuentos, microcuentos y anticuentos, de Mario Halley Mora.

Foto: Archivo

El otro aspecto por considerar es la censura consensuada a la que fue sometido. No es raro que los gestores del mundo literario ni se hayan enterado de que este año era un número redondo para Halley Mora, y esto se explica en el anterior apartado. Pero muchos otros sí lo supieron, y decidieron no tenerlo en cuenta. Y acá hay mucha tela que cortar.

Primero, muchos de los que sufrieron las denuncias de Halley Mora siguen vivos y no le perdonan su actuación como censurador y vigilante del mundo cultural bajo el régimen de Alfredo Stroessner. El rechazo más visceral proviene de esta franja de figuras del mundo periodístico, literario y teatral que lo conoció en carne propia. Y estas personas ahora gozan ahora de un merecido capital cultural y prestigio que les da una ascendencia hacia otros gestores que tienen en cuenta siempre sus opiniones. La menor objetividad proviene de este sector, pues nada bueno ven ni siquiera en la obra de Halley Mora, afirmando incluso algunos que ni siquiera lo leyeron o que lo poco que leyeron de él les pareció mediocre. Sin embargo, cuando se consulta a extranjeros que estudian la literatura paraguaya, aceptan que hizo buena literatura; estos tienen la ventaja de que pueden leerlo con distancia ideológica y contextual.

Segundo, hay otro grupo más joven perteneciente al mismo estrato cultural que los anteriores, pero que no conoció la furia editorialista de Halley Mora ni fueron victimas de sus informes. Estas personas tienen menos resquemor hacia el escritor, sin embargo han decidido no incluirlo en ninguna de las actividades en que pudiera haber sido recordado porque consideran que no se merece tal cosa o porque tienen miedo del qué dirán.

MARIO HALLEY MORA

Mario Halley Mora, 1926-2003, Mario Halley Mora produjo una obra importante para el corpus literario paraguayo.

Foto: Archivo.

La posición del primer grupo es totalmente atendible, y teniendo en cuenta su alta carga afectiva, mucho no se puede discutir ahí. Sin embargo, la posición del segundo grupo es más debatible. Es que el censurar (o cancelar, como se dice actualmente) a una figura tan polémica como Halley Mora no ayuda mucho al desarrollo de las cualidades críticas que pretendemos para la convivencia ciudadana. Podemos estar de acuerdo que incluirlo en un marco de celebración no sería adecuado, sin embargo debemos al menos discutir su figura en todas sus dimensiones posibles. Halley Mora, por ejemplo, nos da la excelente excusa de debatir sobre la separación entre la obra y el autor, o sobre la situación del arte durante la represión stronista, o acerca del papel del intelectual orgánico en regímenes autocráticos. Que bueno hubiera sido algún panel sobre estos temas; escuchar a los protagonistas de aquella época relatar las peripecias que tuvieron que pasar mientras eran atacados por la terrible pluma del diario Patria o escuchar a algún especialista analizar la estructura, forma y contenido de sus novelas y cuentos (quiero creer que algún conocedor de su obra habrá en cualquiera de nuestras mudas facultades de letras).

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Puesta en escena de “El solterón”, de Mario Halley Mora, en el Teatro Municipal.

Foto: Archivo.

En fin, no celebremos su centenario, está bien; no se lo merece. Pero al menos auscultemos su obra que, guste o no, tiene calidad literaria y dice mucho sobre los paraguayos. No seamos tan pacatos, pues lo único que hacemos es volvernos discípulos de su peor cara. Si lo que pretendemos es consolidar nuestra frágil democracia, educar en la ciudadanía responsable, formar a nuestros jóvenes en el pensamiento crítico, lo menos que podemos hacer es enfrentar valientemente nuestros fantasmas, no ocultarlos bajo la alfombra.

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