Bajo el tema Garantizar tierra, techo y trabajo, monseñor Miguel Fritz, obispo del Vicariato Apostólico del Pilcomayo, comenzó el tercer día del novenario a la Virgen de Caacupé resaltando a Isaías y la visión que tuvo.
“¡Qué importante es tener, mantener una visión, tener un horizonte. Así como el GPS marca el destino y avisa al final: ha alcanzado su destino!”, comenzó exclamando ante los fieles que acudieron a la explanada de la Basílica.
En ese sentido, explicó que el objetivo en la lectura de Isaías es una casa, la casa del Señor. “Tener una vivienda digna para muchos queda como un sueño no realizado. Ciertamente, el Gobierno se propone y logra entregar cada vez más viviendas dignas a familias, lo que hay que aplaudir”, siguió el obispo.
Desalojos violentos contra indígenas ¿Hasta cuándo?
Sin embargo, lamentó que familias humildes, campesinas y, especialmente, indígenas sean víctimas de desalojos violentos.
“Siguen los desalojos violentos de comunidades enteras, a veces por fuerzas del orden público y otras veces por servicios contratados, enviados por un estanciero, como pasó en Karapá, el mes pasado”, mencionó.
Por otra parte, el religioso cuestionó que no hay ningún apuro para desalojar a invasores que se colocan dentro de tierras indígenas y hasta arman estancias.
“Ya me cansa tener que repetir todos los años este mismo grito contra los desalojos injustos e inmisericordes de comunidades indígenas. Estoy tentado de hacer mía la exclamación del profeta Habacuc, que el Papa León cita “¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que tú escuches?”, se preguntó.
A su criterio, no se puede soñar el bien común si no hay tierra suficiente para indígenas y campesinos y para asegurar una casa, lo primero que se debe hacer, es garantizar tierra, techo y trabajo.
En este tramo de su homilía, el prelado recordó que la Constitución Nacional garantiza tierra para todas las familias indígenas.
“Con razón, los indígenas se manifiestan en defensa de su Ley 904, que fundamenta los respectivos artículos de la Constitución Nacional. Pero ¿ven cumplidas estas condiciones? Ciertamente, demasiadas veces, no”, recriminó.
Con indignación dijo que casi ninguna comunidad dispone del mínimo de tierra garantizado y que muchas no recibieron todavía su título. “Hay tierras invadidas, tierras alquiladas y hay tierras certificadas”, apuntó.
Lo que significa, según explicó, que por un lado “los grandes terratenientes pueden continuar con la deforestación”, que en el Chaco llega a cifras récord y sólo en el Mariscal Estigarribia desaparecieron más de 286.000 Hectáreas en los últimos cinco años, denunció.
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“El bien común no podemos soñar si destruimos la base de nuestra casa común” alertó.
Para el obispo, los créditos de carbono podrían ser un beneficio para las comunidades indígenas “si no existiera una mafia que desvía estos fondos millonarios”. Lamentó que autoridades estén metidas en esto, ya que los mismos fueron elegidos para procurar el bien común.
“Y peor todavía es que una institución que debería investigar tales desmanes, como es la Fiscalía, no cumple con su deber. Las famosas “certificaciones”. El bien común no podemos soñar, mientras que sufrimos la falta de justicia”, lanzó.
¡Ojalá que alguna vez el Indi cumpla su función!
El obispo no desaprovechó la oportunidad de lanzar un fuerte llamado de atención al Instituto Paraguayo del Indígena (Indi).
“¡Ojalá, que alguna vez, el INDI cumpla su función! Y ahora una vez más con un nuevo presidente y vuelta su oficina a Asunción como es necesario y debido, sin que los vecinos rechacen la presencia de indígenas en su barrio!”, exclamó.
Igualmente le pareció sumamente triste que los indígenas sean expulsados de sus tierras y tengan que venir a la capital a reclamar, pero también son expulsados de la calle.
“No son solo sintierras, son sin calles, sin ningún lugar donde sean bien recibidos ¿Cómo dijo acertadamente monseñor Gavilán: “Valoramos al Guaraní, pero no a quienes nos lo heredaron”, expresó y remarcó que no se puede sonar con el bien común mientras sigue la discriminación y el racismo.
También, preguntó cómo piensa el Estado asegurar los derechos de las comunidades indígenas, bien plasmados en el Plan Nacional de Pueblos Indígenas, sin asegurar el presupuesto necesario.
“Realmente es hora de despertar. No podemos continuar con los ojos cerrados, sobre todo ante tanta injusticia, tanta corrupción, tanto nepotismo, tanto enriquecimiento ilícito”, se explayó y expuso: “vemos crecer algunas élites de ricos que viven en una burbuja muy confortable y lujosa, casi en otro mundo respecto a la gente común”.
Seguidamente consideró que ya es hora de tomar conciencia “del desastre que estamos provocando o si seguimos despojándonos de los últimos árboles o si seguimos envenenado tierra, aire, agua y a nosotros mismos con tantos agrotóxicos”.
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Ya casi en el tramo final de su prédica se dirigió a los indígenas jóvenes y resaltó las ganas que tienen de salir adelante.
“¡Cómo procuran de estar a la misma altura de todos los jóvenes, queriendo estudiar más, ya no sólo terminar la secundaria, sino tener acceso a algún estudio superior, universitario! ¡Cómo saben manejar sus motos y sus celulares! ¡Qué bien manejan el castellano!”, exaltó.
Pero, con franqueza confesó que se siente preocupado cuando ve a algunos sin esperanza ni horizonte o metidos en el alcohol y las drogas o cuando se entera de otro suicidio.
Pidió que no dejen de lado sus propias lenguas, que procuren conocer su historia, las raíces de sus culturas. Además, felicitó a los jóvenes que, aprovechando la sabiduría de los mayores, producen cosas nuevas, como lo hacen los futuros profesores con el algarrobo en Mariscal Estigarribia.