Durante la homilía dominical en la Basílica de Caacupé, monseñor Roberto Zacarías, obispo de la Diócesis de Canindeyú, se centró en la proclamación del reinado de Dios.
“El reino de Dios es un reino que está presente, es dinámica la presencia de Dios, que tenemos que trabajar constantemente nuestra vida, en nuestras mentes y en nuestro corazón”, mencionó e indicó que “somos de Cristo, él murió y resucitó, nos dio la vida plena”.
En este contexto, mencionó que el evangelio de Mateo narra el inicio de la vida Jesús, de la predicación de su vida pública.
“Jesús decide comenzar lejos de Jerusalén, en medio de las tinieblas, donde más se necesitaba que resplandeciera la luz que él habría de hacer presente en tu pueblo”, prosiguió y alentó a “ponernos en camino, detrás de él”.
“De ahí que nos habla de arrepiéntanse, que nos habla de cambien su vida, su corazón. Somos discípulos del Señor y hemos escuchado en tantas ocasiones que una gran muchedumbre lo seguía de un lugar a otro”, siguió reflexionando.
En ese sentido, afirmó que convertirse significa dejar la vida pasada atrás y seguir a Jesús hacia el encuentro con el padre.
“Por eso nos llamamos cristianos, somos seguidores de Jesús. En esta experiencia de seguimiento aparece la invitación, la llamada a los apóstoles. Es bueno, es digno de nuestra parte no olvidarnos el momento de la invitación de Dios, el momento inicial de nuestro encuentro”, prosiguió el obispo.
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En otro momento, señaló que “tenemos que conocernos y conocer a Jesús” para ser tus testigos, “porque estar con él definitivamente ya nos lleva a la misión”.
“Hoy Jesús sigue llamando, continúa pasando junto a nuestros colegios y universidades, junto a las discotecas y lugares de trabajo, junto a los que vagan por las calles y plazas, muchos a la deriva y sin ningún horizonte de esperanza”, manifestó.
En este punto recordó a Pablo VI que decía que toda verdadera vocación nace de la fe, vive de la fe, persevera con la fe e instó a “profundizar nuestra amistad con el Señor” y expresó que tenemos muchas maneras de hacerlo, ya sea a través de la Eucaristía, la visita al Santísimo, el Santo Rosario o visitar a los hermanos enfermos en nuestras comunidades.
“Hoy nosotros estamos desorientados, estamos confundidos. No solamente desconfiamos de Dios, sino hemos perdido nuestro sueño de libertad, nuestro sueño de la configuración con el Señor”, finalizó.