El obispo de Caacupé, Ricardo Valenzuela, vinculó su mensaje con el pasaje bíblico de la resurrección de Lázaro y lo trasladó a la realidad actual.
Señaló que existen personas atrapadas en situaciones que deterioran la vida y llamó a un cambio social. “Queremos ver salir de la tumba a los Lázaro de nuestro tiempo”, manifestó.
Valenzuela cuestionó que se normalicen muertes por causas prevenibles, especialmente en niños que fallecen por enfermedades tratables.
“Son causas prevenibles, pero potenciadas por la exposición a la violencia”, afirmó, al advertir también sobre jóvenes expuestos al consumo de sustancias y al abandono.
El obispo lamentó que estas situaciones se vuelvan habituales y alertó sobre la indiferencia social. “Increíble hasta dónde podemos llegar como seres humanos”, expresó, al señalar que la sociedad se acostumbra al dolor ajeno.
Asimismo, recordó hechos recientes de extrema violencia, entre ellos el caso de una niña que habría sido asesinada a golpes. Consideró que estos episodios reflejan una crisis social profunda y llamó a reaccionar ante la indiferencia y la exclusión.
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“El hombre de hoy se ha construido su propio sepulcro”, sostuvo al atribuir la situación al egoísmo, el individualismo y la falta de solidaridad. También criticó la ambición desmedida y la obsesión por el dinero. “Nos volvimos codiciosos de ganancias”, afirmó.
El religioso señaló además que la prisa domina la vida social y dificulta reflexionar sobre el sufrimiento ajeno. Mencionó a trabajadores que pierden su sustento por la delincuencia y advirtió que estas situaciones profundizan la pobreza.
Valenzuela también cuestionó el deterioro del medioambiente y lo vinculó con la ambición económica. “El egoísmo del hombre de este siglo le ha llevado hasta el sepulcro”, sostuvo, al advertir sobre una “muerte social” que debilita el sentido de comunidad.
Finalmente, interpretó el llamado “Lázaro, sal fuera” como una invitación a abandonar la indiferencia y la violencia. “De esa tumba tenemos que salir”, expresó, y pidió construir una sociedad más solidaria. “La muerte no debe ser fruto de la violencia o de la injusticia”, concluyó.