29 abr. 2026

Homilía de Caacupé: “Vivimos momentos de ceguera interior cuando no queremos reconocer nuestros errores”

El obispo Ricardo Valenzuela advirtió durante su homilía dominical en la Basílica de Caacupé que la soberbia, la cerrazón y la tendencia a juzgar a los demás reflejan una “ceguera del corazón” cada vez más visible en la sociedad.

ricardo valenzuela

El obispo de la Diócesis de Caacupé, Ricardo Valenzuela.

Foto: Gentileza

El obispo de la Diócesis de Caacupé, Ricardo Valenzuela, cuestionó las actitudes de orgullo, intolerancia y juicio constante que, según afirmó, se han vuelto comunes en la sociedad, al reflexionar sobre el pasaje del ciego de nacimiento durante su homilía este domingo.

“El Evangelio comienza con un ciego que empieza a ver y termina con supuestos videntes que siguen siendo ciegos en el alma”, expresó el prelado, al señalar que el relato bíblico refleja una realidad que también se repite en la vida actual.

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Valenzuela explicó que, “tras la curación del hombre ciego”, lo que sigue es una cadena de cuestionamientos y sospechas por parte de la gente y de los doctores de la ley, quienes incluso llegan a negar la evidencia del milagro.

“Hacen todo lo posible por negar la evidencia de que el ciego recuperó la vista”, afirmó.

Según indicó, esta actitud refleja una cerrazón que nace del orgullo y del sentimiento de superioridad.

“Mientras el ciego se acerca lentamente a la luz, los doctores de la ley se hunden cada vez más en su propia ceguera”, sostuvo.

El obispo advirtió que ese comportamiento no es ajeno a la realidad actual.

“Muchas veces nosotros también tenemos momentos de profunda ceguera interior cuando no queremos reconocer nuestros errores”, señaló.

En ese sentido, afirmó que el problema no es la falta de información o de conocimiento, sino la falta de humildad para aceptar la verdad.

“Nos empacamos en nuestro error y desde ahí juzgamos a los demás”, dijo.

Valenzuela sostuvo que esa actitud termina generando división, rechazo y exclusión, tal como ocurrió con el hombre curado en el relato evangélico, quien finalmente fue expulsado del templo.

El camino del hombre curado es una apertura

En contraste, explicó que el camino del hombre curado representa un proceso de apertura.

Al principio solo conoce el nombre de Jesús, luego lo reconoce como profeta y finalmente lo acepta como el Mesías.

“La gracia más grande que recibe no es solo recuperar la vista, sino conocer a Jesús como la luz del mundo”, afirmó.

El prelado invitó a reflexionar sobre la propia actitud ante los demás y ante Dios.

“Preguntémonos cómo está nuestro corazón: si está abierto o cerrado”, interpeló.

En el marco del Año Jubilar Franciscano, también recordó el ejemplo de Francisco de Asís, a quien describió como una figura que eligió la humildad, la cercanía con los pobres y la misericordia como forma de vida.

Finalmente, Valenzuela llamó a dejar atrás las actitudes de soberbia y a recuperar valores como la humildad, la paciencia y la misericordia. “Abrámonos a la luz”, concluyó.

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