Durante su homilía de clausura del Jubileo de la Esperanza, el monseñor Pedro Collar Noguera, obispo de la Diócesis de Ciudad del Este, del Departamento de Alto Paraná, lanzó un fuerte llamado de atención sobre las amenazas que enfrenta la familia en la sociedad actual.
El prelado denunció la presión constante del materialismo, el consumismo y la creciente violencia social como factores que afectan la estabilidad del núcleo familiar.
“La familia está siendo atacada por una lógica que pone lo económico por encima de los vínculos humanos”, expresó.
Al mismo tiempo, criticó lo que describió como una mentalidad utilitarista que tiende a descartar a los ancianos, a quienes definió como “tesoros de la Iglesia y de la sociedad”.
Insistió en la necesidad de recuperar el respeto por la vida en todas sus etapas y lamentó que muchas veces los adultos mayores sean dejados de lado “por no producir”. “Una sociedad que no cuida a sus mayores se desconecta de sus raíces”, agregó.
También abordó una problemática social que ha generado preocupación en los últimos meses: la situación de las comunidades indígenas desplazadas que actualmente acampan en el ex aeropuerto de la ciudad, exigiendo respuestas del Estado.
“Es urgente escuchar su clamor. La ley debe ser para proteger, no para entorpecer. No podemos ser indiferentes ante su sufrimiento”, expresó con firmeza, instando tanto a las autoridades como a la ciudadanía a mostrar cercanía y solidaridad.
El hogar como espacio de fe y reconciliación
Inspirado en las enseñanzas del Papa Francisco, el obispo propuso volver a poner al hogar como centro de la vida espiritual, al que llamó “Iglesia doméstica”. Invitó a las familias a fomentar la oración, valorar lo esencial por encima de lo material y practicar el perdón cada día.
“No se vayan a dormir enojados”, recordó, resaltando que la reconciliación diaria es clave para construir una convivencia sana y duradera.
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Monseñor Collar cerró su mensaje con palabras de esperanza. Pidió que el cierre del Jubileo no sea visto como un final, sino como el inicio de una etapa de renovación para las familias.
“Que nuestros hogares se conviertan en lugares donde reine la fe, el amor y la esperanza”, concluyó.