06 may. 2026

Nunca más crucificados

Sergio Cáceres

Sergio Cáceres

Desde que los Derechos Humanos se declararon universales en 1948, la sindicalización es reconocida como un derecho inalienable del ser humano. Hoy en día, en Paraguay tenemos muchas empresas que niegan esto a sus empleados, rayando la ilegalidad en muchos casos.

Si lo que hicieron los trabajadores de la embotelladora Seltz se reprodujera en cada empresa nacional que boicotea la sindicalización, este país sería un polvorín de explosiones obreras por doquier. Pero históricamente lo que más nos caracteriza es la sumisión. Desde los tiempos de los mensúes de los yerbales, al principio del siglo XX, el abuso sobre el trabajador nos ha marcado a fuego.

De ahí que no hay que tener dos dedos de frente para entender que lo que hay detrás de la negación a formar sindicatos es una larga historia de explotación y negación de otros derechos. En un ambiente económico como el nuestro, el lograr un empleo es tomado a veces como un favor.

El empleado se siente en deuda y el empleador se siente con derecho a exigir ciertas cosas que en realidad son penadas por el Código Laboral y la Constitución. Por supuesto, una vez más es el Estado el que está ausente o, en este caso, es generalmente cómplice de la patronal. El Ministerio de Trabajo tiene una fama de hacer la vista gorda a las denuncias que le llegan, algo que se logra con un pequeño gasto de parte de las empresas y acá nada pasó. De ahí que muchos empleados ni siquiera se animan a comunicar al Ministerio las irregularidades que viven.

Sin embargo, la lucha obrera también es histórica en Paraguay. Y aunque tuvo sus logros y reivindicaciones, es poco aún lo que se logró para contrarrestar esa costumbre arraigada de querer explotar al que trabaja para nosotros. Pero ya no vivimos en épocas del aislamiento como sucedía con los mensúes. Cada vez más los trabajadores son conscientes de la importancia que tiene sindicalizarse, pues de ese modo pueden evitar la explotación y exigir otros derechos.

Lo que ocurrió el año pasado con los choferes de la Línea 19 no fue aislado. No fue la primera vez que tuvieron que recurrir a la crucifixión para ser escuchados. Que no nos sorprenda ver más crucificados, porque todo apunta a que la historia empieza a tener un punto de inflexión. En pleno siglo XXI tenemos a muchos empresarios que se ufanan de no tener sindicatos en sus empresas, empezando por el que es ahora nuestro presidente constitucional. Vergüenza es lo que debería darnos.

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