18 jun. 2026

Nuevos cuentos de Bedoya

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El nuevo libro de cuentos de Esteban Bedoya.

Atención, hay cuentos nuevos de Esteban Bedoya. Recién salido de imprenta, circula ya De ángeles y esperpentos, bajo el sello de Arandurã Editorial. Pasaron nueve años desde su último libro de cuentos: La buena suerte de Olivo Monguto (2017). En este género publicó previamente La fosa de los osos (2003) y luego El apocalipsis según Benedicto (2008). De estos tres libros compiló algunos en Relatos escogidos 2003-2017 (2020) y relanzó otros con editoriales extranjeras y algunas modificaciones en el contenido. En estos nueve años también la novela lo tuvo ocupado, otro género en que navega cómodo.

De ángeles y esperpentos contiene once cuentos. El más largo de todos es el que comparte título con el libro y, a su vez, cierra la colección. En un primer acercamiento, reconocemos estilos y temáticas en los que el autor mantiene siempre un interés. Bedoya es un escritor crítico; mete el dedo en la llaga de nuestra sociedad con una ironía altamente mordaz; es nuestra grosera hipocresía el objeto que más desnuda. Con una prosa precisa y elegante muestra nuestras hilachas, a veces con escenas de humor y otras con imágenes que lectores de moral victoriana (que los hay en cantidad) no podrían soportar. En este sentido, los prejuicios sexuales no faltan: “Las penas de don Horacio” y “Eres una puta” rodean este eterno tabú de nuestras sociedades burguesas, con un especial énfasis en el machismo decadente que es una marca identitaria del Paraguay.

El cuento De ángeles y esperpentos también está condimentado con aquellos elementos, pero como está narrado en clave distópica, puede pasar con facilidad a reflexiones de teología popular y algunas nociones escatológicas.

La distopia también aparece en La media luna sobre Notre-Dame, que abre debate sobre un tópico que preocupa a los europeos y ocupó a Michel Houellebecq, entre otros. Que algunos de los cuentos de Bedoya tengan lugar en otros países es un sello de su escritura. Acá también recrea lo visto en sus viajes, en este caso un París imaginado pero a su vez muy cercano a un futuro posible.

A veces, nuestro autor gusta imaginar situaciones surreales. Lo hizo en sus viejos cuentos, y lo repite en algunos de los nuevos. En Ronda nocturna, el personaje conversa con una cigüeña gigante; en La mascota de mi abuela, un perro es fumador; en De ángeles y esperpentos, un bebe nace vestido de marinerito en pleno viaje intergaláctico. Por supuesto, en un escritor con trayectoria y madurez esto no es mero artificio; el efecto buscado puede ser captado inmediatamente, pero otras veces se debe releer y reflexionar hasta hallar el sentido.

Ahora bien, si afirmamos que algunos de los cuentos mencionados mantienen la temática y estilo desarrollados en sus anteriores escritos, también debemos indicar que hay una novedad: varios son relatos donde el autor fue el protagonista; es decir, estamos más bien frente a anécdotas de la vida real, aunque bien perfectamente pueden agruparse algunos con aquellos de talante surreal. Estos son Postrecillo para después del almuerzo, La casa que nos habita y El medallón. Al menos, estos pudimos identificar, pues están narrados en primera persona y no ocultan su origen experiencial. Seguramente otros son producto de una combinación entre vivencia real y dramatización literaria, tal caso de El salón de lectura, donde algunos o todos los personajes no son inventados. Esto es aprovechado para una breve reflexión metaliteraria al final. El cuento también es un despliegue de conocimiento arquitectónico, profesión en la que se formó Bedoya y que ejerció, según consigna en su biografía de solapa.

Otro cuento “arquitectónico” es La casa que nos habita, donde narra cómo diseñó una casa que habitaron al retornar luego de la caída de la dictadura militar de Stroessner. Es quizá el cuento más “sentido” y más político porque habla de la familia y lo duro del exilio. La adaptación a la casa es mutua y, desde su construcción, los distintos rincones se van llenando de recuerdos mientras van adaptándose a la vida en Paraguay.

Finalmente, El viaje de regreso es como un fotograma de humor, pues el humor, ligero como en este cuento, negro en varios otros, es también un aditivo infaltable en la narrativa bedoyania.

Extrañamente, este libro no tiene presentación alguna, paratexto que siempre aparecen en sus libros de cuentos anteriores. Sin embargo, tiene un corolario donde consigna las devoluciones hechas por amigos que leyeron el libro antes de la impresión. (Estas pocas páginas no las leímos, pues no quisimos que intervengan con sus ponderaciones en la redacción de esta reseña. Luego leeremos su contenido, y veremos si coinciden nuestras impresiones).

Con media docena de novelas y tres libros de cuentos, la escritura de Esteban Bedoya es transparente, evita lo ampuloso sin menospreciar el preciosismo sin afectación. Su estilo narrativo es muy particular; es uno de los pocos escritores que se apartan de una línea narrativa que agrupa a buena parte de la cuentística a la que pertenece generacionalmente. Su aprendizaje escritural se ha dado en el extranjero, esa es la explicación de su poética diferenciada. A esto hay que sumarle su formación como arquitecto y cultor de las artes visuales (el dibujo que ilustra la portada también es de su autoría), lo que aporta una sensibilidad descriptiva y espacial que se disfruta en varios cuentos. También hay que resaltar una cultura enriquecida con las distintas culturas que conoció y en las que vivió por años, amén de los aledaños viajes recreativos. Este cosmopolitismo le da una amplitud temática que no es fácil de encontrar en nuestra literatura contemporánea.

De ángeles y esperpentos es el nuevo producto de un narrador que merece la atención que los extranjeros sí le prodigan. Ampliemos nuestras expectativas como lectores y dejemos que estos cuentos nos interpelen, que nunca puede ser mala la literatura que nos habla de nuestras verdades.

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El nuevo libro de cuentos de Esteban Bedoya.

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