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Niños y adolescentes trabajadores apelan a una economía sustentable en Paraguay

Los niños y adolescentes trabajadores de Paraguay reivindican sus derechos y explican que la pobreza los lleva a acompañar a sus familias a buscar ingresos económicos para sobrevivir. Ellos aclaran que sacarlos de las calles no es la solución y apuntan a la falta de políticas para una economía sustentable que vele por la dignidad de este sector.

Cada 12 de junio se recuerda el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil para concientizar sobre la importancia de velar por los derechos de la infancia, una deuda que continúa teniendo el Paraguay, donde se estima que 100.000 niños, niñas y adolescentes se encuentran trabajando, según datos de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos (Dgeec).

Corresponden al sector del trabajo infantil niños, niñas y adolescentes con menos de 14 años, pues hay labores que sí se pueden realizar de manera legal antes de cumplir la mayoría de edad.

Se refiere también a la labor que ponga en peligro el bienestar físico, mental o moral del niño, ya sea por su propia naturaleza o por las condiciones en que se realiza, y que se denomina trabajo peligroso.

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Paradójicamente, estos niños, niñas y adolescentes, ante la situación vulnerable en la que se encuentran, formaron la Coordinación Nacional de Niñas, Niños y Adolescentes Trabajadores (Connats Paraguay), a fin de reivindicar sus derechos.

“Debemos de analizar cuáles son las causantes que producen la explotación infantil y nos encontramos que las causantes no es por ejemplo: 'que los padres son los culpables, los irresponsables que los mandan a las calles, que son haraganes porque no quieren trabajar'. Es muy fácil plantearnos eso”, reflexionó el docente Carlos Flecha, miembro acompañante de la organización.

“Lo difícil es plantearnos un análisis profundo y ver que los culpables son los que generan las políticas, aquellas políticas que deberían de velar por la dignidad del niño y de la niña. Esa dignidad es como resultado de una economía sustentable, que genera fuentes de trabajo y que sostenga a una familia para que pueda salir adelante”, explicó.

Para Flecha, la primera respuesta “imaginaria” al problema es sacar a los niños de la calle. Sin embargo, afirmó que, en el 2005, una política de la entonces Secretaria, hoy Ministerio de Nacional de la Niñez y la Adolescencia, fue de “arrear” a los niños de las calles, pero que no funcionó, ya que no se hizo una reposición de derechos de los niños.

Se refería al caso conocido como "Cristina Aguayo Ortiz y otros", que había sido denunciado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos(CIDH) en el 2008.

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“Si queremos mejorar las condiciones de vida de los más pequeños también debemos de pensar en sus familias ,y no querer crear una guía de erradicación de los niños de la calle, por ejemplo, más bien erradicar la pobreza extrema”, señaló el profesor de escuela-calle de Alto Paraná.

“Nosotros no solamente vemos niños en las calles, vemos familias completas en las calles, y esas familias se están rebuscando cómo sobrevivir, y yo pienso que la sobrevivencia es un derecho de todos”, lamentó.

Infancia trabajadora

A partir de que la pobreza extrema no logra ser erradicada, nace el pensamiento de reivindicar a la infancia trabajadora, argumentó Flecha.

“Desde nuestra concepción cultural, en Paraguay, sabemos que el trabajo es algo que desde muy pequeños lo hacemos, ya sea afuera o dentro de la casa con nuestros padres. El campesino, desde muy chico, trabaja en el campo con los padres. Y la misma cosa en las ciudades”, comentó.

Desde la Connats buscan cambiar el estigma de trabajo infantil por infancia trabajadora, poniendo al niño en primer lugar, donde ellos son protagonistas, como sujeto social de derechos, y al trabajo como algo digno. “No confundamos a la gente llamando trabajo a la explotación, esto es otra cosa y es un delito”, precisó.

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Agregó que “todo lo que genera dignidad, todo lo que genera un bienestar, que te hace crecer, eso es digno y eso es trabajo. Todo lo que no genera dignidad, todo aquello que te hace daño, que te genera un desorden dentro de tu vida, que atenta contra los derechos, eso no puede ser considerado trabajo, y esta es la diferencia en esta fina línea”.

Según Flecha, la coordinadora de niños trabajadores se convirtió en un espacio de contención, donde los chicos y las chicas encuentran un apoyo mutuo y un espacio de proyección hacia el futuro, planteándose mejores condiciones, concluyendo sus estudios y teniendo un trabajo digno.

El trabajo, su sustento

Elan Morínigo, de 17 años, trabaja de lustrabotas en la Terminal de Ómnibus de Asunción, desde los 10 años. Al igual que otros cientos de niños y adolescentes de Asunción y el Departamento de Alto Paraná, forma parte de Connats Paraguay.

“Luchamos porque se mejoren la condiciones de trabajo, y no así que se erradique el trabajo, porque quitándonos nuestro trabajo nos quitan la posibilidades de educación, de tener salud y alimentación”, contó a Última Hora.

“A través del trabajo, nosotros podemos solventar o tratar de cubrir algunos derechos que el Gobierno no cumple o no brindan de forma adecuada”, añadió.

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Afirmó que, como agrupación, buscan en primer lugar la reivindicación del trabajo en la infancia, pero que igualmente repudian la explotación de los niños, niñas y adolescentes.

“Si bien es cierto violamos las normas porque no cumplimos con la edad mínima para trabajar, porque prácticamente los niños trabajan desde los 10 años, es por necesidad y por solidaridad con nuestras familias”, exteriorizó.

El adolescente mencionó que la explotación infantil afecta a muchos de sus compañeros y causa estragos en sus vidas, como el consumo de drogas y otras adicciones, embarazo precoz y violaciones.

“Nosotros no solamente luchamos por los niños de las calles, nosotros luchamos por todos los niños, niñas y adolescentes, buscamos la felicidad y una vida digna”, concluyó.

Lo que la ley establece

El Artículo 54 de la Constitución Nacional - De la protección al niño- establece que la familia, la sociedad y el Estado tienen la obligación de garantizar al niño su desarrollo armónico e integral, así como el ejercicio pleno de sus derechos, protegiéndolo contra el abandono, la desnutrición, la violencia, el abuso, el tráfico y la explotación. Cualquier persona puede exigir a la autoridad competente el cumplimiento de tales garantías y la sanción de los infractores.

Por su parte, el artículo 25 del Código de la Niñez y Adolescencia señala que el niño y el adolescente tienen derecho a estar protegidos contra toda forma de explotación y contra el desempeño de cualquier actividad que pueda ser peligrosa o entorpezca su educación, o sea nociva para su salud o para su desarrollo armónico e integral.

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Además, mediante el Decreto Nº 4.951, en 2005, se reglamentó la Ley Nº 1657/2001 y se aprueba el listado de trabajo infantil peligroso determinando de esta manera: los trabajos que puedan dañar la salud, la seguridad o moralidad de los niños, niñas y adolescentes.

De acuerdo a datos provistos por el Ministerio de Trabajo y la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos (Dgeec) del 2017, 100.000 niños, niñas y adolescentes realizan trabajo infantil. De la cifra, niños y niñas con menos de 14 años (10 a 13 años) son 32.200 y de entre 14 a 17 años son 68.200.

Entretanto, los niños que trabajan de 10 a 13 años representan un 7% de la deserción escolar, mientras que los adolescentes de 14 a 17 años constituyen un 34% de deserción escolar.

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