Hace unos días el hijo del ex presidente Nicanor Duarte Frutos hizo una clara apología de la dictadura al reivindicar un personaje nefasto para la memoria colectiva e histórica de Paraguay: el dictador Alfredo Stroessner.
Este funcionario público –quien ocupa el máximo cargo en la Aneaes, el organismo que evalúa y acredita la educación superior en el país– calificó al tirano como un “presidente constitucional” que “modernizó” la nación con la construcción de dos represas.
Pero su discurso no se limitó a la reivindicación; también justificó las violaciones de derechos humanos, desapariciones, exilios, torturas y las muertes bajo el argumento de que Stroessner “mató menos que los gobiernos liberales”.
Sus declaraciones, tan desafortunadas como indignantes, omitieron que sus prácticas totalitarias nos provocaron daños y dejaron secuelas que como sociedad seguimos pagando: miedo, corrupción, clientelismo e impunidad.
Ante esto, la periodista Estela Ruiz Díaz advierte en su última columna dominical sobre la trampa discursiva del hijo de Nicanor. “Evitar llamarlo dictador es...