CIUDAD DEL ESTE
El Refugio Biológico Bela Vista (RBV) alcanzó un nuevo logro en su programa de conservación del águila harpía o taguato ruvicha (harpia harpyja), con el nacimiento de la sexagésima cría mediante la reproducción controlada.
El refugio de la Itaipú Binacional, margen izquierda, es una de las referencias mundiales en reproducción controlada de esta especie en peligro de extinción. Está ubicada en Foz de Yguazú, Brasil, y está abierta a visitas.
Una pareja de aves de la misma especie, Cinquentinha y Pangeia habían sido cedidas al Centro de Investigación de Animales Silvestre de Hernandarias en setiembre del año pasado y tras su adaptación durante 6 meses pasó al Centro Ambiental Tekotopa, donde pueden ser avistados por los visitantes.
Las harpías son las águilas de mayor tamaño del Hemisferio Sur, pero en peligro de extinción por causa de la caza ilegal y la pérdida de su hábitat natural.
El más reciente nacimiento en el refugio Bela Vista es el de una cría bautizada como Nebulosa, actualmente con poco más de 50 días de vida y un peso aproximado de 2,5 kilogramos.
El nombre fue elegido mediante votación en redes sociales de Itaipú Binacional y se impuso entre las opciones “La Niña”, “Neblina” y “Nevasca”, de acuerdo con lo informado por la asesoría de comunicación.
La zootecnia de la RBV, Fabiana de Orte Stamm, dice que, al nacer, las crías pesan alrededor de 70 gramos y necesitan atención constante. De adultos, las águilas harpías son animales impresionantes.
Los machos alcanzan una media de 5 kg y las hembras entre 7 y 8 kg. La dieta es estrictamente carnívora, compuesta por unos 750 gramos de proteína animal, suministrada tres veces por semana. “Son aves rapaces grandes, así que no tienen esta necesidad de alimentarse a diario y pasar uno o dos días en ayuno”, explica la especialista.
En el centro se desarrolla un protocolo de manejo especializado, desde la incubación controlada hasta que las especies puedan alimentarse por sí misma. Sin embargo, su alimentación es supervisada y monitoreada en forma permanente.
En el caso de Nebulosa, la cría atraviesa actualmente la tercera fase de desarrollo, en un ambiente controlado que permite garantizar su crecimiento sin interferencias externas. Posteriormente, será trasladada a espacios más amplios para el inicio de ejercicios de vuelo, hasta su integración progresiva con otros ejemplares.
Uno de los puntos centrales del programa es evitar el denominado “imprinting”, es decir, la impronta que podría hacer que las aves identifiquen a los cuidadores como parte de su especie. “La persona se coloca detrás de una cortina y le da la comida al pájaro de forma oculta”, describe Fabiana.