Este 24 de febrero, en vez de floridos discursos, las mujeres paraguayas necesitan que el Estado y sus instituciones garanticen la vigencia de todos sus derechos. Sería un gesto vacío de significado si cada año recordamos las conmovedoras palabras del papa Francisco: “La mujer paraguaya es la más gloriosa de América”; pero lo que se exige es que haya igualdad en el acceso al empleo y al salario digno, a participar en política y a no ser más el objeto de tanta violencia machista.
Precisamente la violencia es uno de los parámetros que permiten señalar que el Paraguay sigue manteniendo una gran deuda con sus mujeres. Desde el 2016 hay una “Ley de protección integral a mujeres contra toda forma de violencia”, la que tipifica como delito el feminicidio, y determina para el autor de feminicidio entre 10 y 30 años de privación de libertad. Sin embargo, la realidad nos muestra que falta mucho para reconocernos como una sociedad que ofrece a todos sus ciudadanos las mismas oportunidades y cuidados
Enero de 2026 se ha iniciado con una violencia extrema, ya que hubo seis casos de feminicidio en solo 13 días, una cifra que preocupa frente a los dos casos que se registraron en enero de 2025; un total de 92 mujeres sufrieron violencia feminicida y 37 de ellas fallecieron.
Informes del Ministerio Público remarcan que la violencia familiar ha crecido exponencialmente en la última década, y los datos indican que la violencia familiar, como hecho punible, ocupa los primeros lugares en cantidad de causas ingresadas. En 2025, los registros de la Plataforma de Datos Abiertos del Ministerio Público señalan que fueron atendidas 3.386 víctimas de casos de abuso sexual en niños, que equivale a decir 9 víctimas por día; el 74% de las víctimas de abuso sexual en niños fueron menores de 14 años de edad, y en el 87% de los casos el hecho fue cometido por un familiar o conocido de la víctima. No caben dudas, pues, de que estamos inmersos en una cultura violenta, y para erradicar la violencia contra las mujeres y evitar más muertes, faltan recursos, así como también compromiso de las instituciones y los funcionarios, para asistir a las mujeres víctimas de violencia.
Por otro lado, es cierto que las mujeres son esenciales en el panorama laboral; sin embargo, la tasa de ocupación sigue siendo inferior a la de varones, y la de desocupación es mayor en el sector femenino. Otro dato, más del 40% de los hogares paraguayos está dirigido por una mujer, y no obstante la brecha salarial sigue siendo significativa. El ingreso promedio mensual de las mujeres representa solo el 76% del que perciben los hombres por el mismo tipo de trabajo.
Además de la violencia y los feminicidios, ámbito en los que no se han visto mejoras, es en la cuestión de participación política donde se nota mayor retroceso. El Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) por mayoría decidió hace pocos meses cambiar las reglas de juego para la participación femenina al modificar su estatuto con relación al modo de elección de candidatos a concejales, intendentes, miembros del Directorio, comités y convencionales.
Durante la convención extraordinaria, los liberales eliminaron la paridad en las listas de candidaturas para cargos. Es decir, ya no hay una distribución equitativa del 50% para hombres y mujeres; pasaran a regirse por la Ley 834 del Código Electoral, que exige incluir al menos un 20% de mujeres.
La mujer más gloriosa de América no necesita discursos, sino pleno derecho a la educación y a la salud, al empleo, a al salario digno, organizarse y participar en política. Porque una democracia no excluye a la mitad de la población.