Opinión

Monstruo

La Constitución que está pronta a cumplir 30 años transformó la Fiscalía General del Estado como órgano al servicio del dictador al llamarlo pomposamente Ministerio Público para ponerlo al servicio de la sociedad.

Benjamín Fernández Bogado Por Benjamín Fernández Bogado

En realidad, poco o nada ha cambiado en esta institución que en la “economía del crimen” tiene a casi sus 400 fiscales como accionistas privilegiados. La muerte violenta en Colombia del fiscal Pecci ha puesto los ojos sobre la Fiscalía que uno de sus ex miembros, Casañas Levi, afirmó trágicamente que la misma “tiene que ser depurada de cómplices y encubridores de grupos criminales” para acabar afirmando que “el monstruo está adentro hace mucho”. Nos imaginamos que el mismo que engulló a sus miembros que ni convertidos en políticos han logrado exorcizar sus demonios. Hoy están asustados y con razón.

Durante estos años fueron ciudadanos comunes o críticos al partido de gobierno las víctimas de sus acusaciones, persecuciones, inventos o imputaciones absolutamente ilegales y contrarias al espíritu de la Constitución. Los niveles de complicidad con los hechos de corrupción han sido denunciados sin éxito en el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados que los tenían como sirvientes y operadores para sus asaltos en contra de personas y de bienes. Decenas de ellos sirvieron fielmente a la familia González Daher para sus aprietes en casos de usura y a pesar de las múltiples denuncias en contra de ellos, ninguno ha sido apartado de su cargo. Varios de ellos hace poco hicieron vigilias frente al Consejo de la Magistratura al comprobarse su nulo conocimiento de las leyes que debieran conocer para aplicarlas. Ignorantes en la norma, serviles al poder político y arrodillados ante los corruptos hicieron que uno de sus fiscales generales Díaz Verón tuviera que pasar un tiempo en prisión y siguiera procesado luego de comprobarse los hechos de corrupción que lo endilgan. Fiscales exhibiendo impúdicamente sus riquezas hacen parte del paisaje de un Ministerio Público que luce como una tapera.

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Luego de haberse enviado más de 23 toneladas de cocaína a Europa por un valor superior a los USD 4.000 millones, los servicios de seguridad de EEUU, Europa y Uruguay forzaron a los nuestros a actuar en contra de su voluntad allanando, confiscando bienes y deteniendo a algunos peces pequeños. Con esto se había roto un pacto importante entre los delincuentes y los que deberían perseguirlos. Sin la presión de afuera, nada hubiera pasado. Pero ya era demasiado. El gobierno de Abdo se llenó de ex fiscales en cargos de ministros. El mandato de campaña era “caiga quien caiga” y para eso requerían de aquellos que habían sido parte de un show, donde se daban las apariencias de combatir el crimen aunque nunca nadie fuera sancionado de verdad. Giuzzio terminó siendo víctima de su propio personaje, Fuster fue desayunado por el comandante de la Armada, Velázquez; Petta alcanzó el límite de su incompetencia y otros en la misma línea nos mostraron de qué madera están hechos los fiscales paraguayos. Sin el aliento de los americanos en sus cuellos nada hubieran avanzado nunca.

El monstruo tiene varias cabezas y para cortar sus brazos se requiere un cambio total. La actual fiscala general ha depreciado tanto la institución que incluso su renuncia no reparará el daño hecho a esta. Su sometimiento político a Cartes consiguió que el monstruo creciera en su voracidad, tamaño y desprecio a cualquier crítica, hasta que llegó la muerte de Pecci. Este país salvajemente conservador, solo se rebela ante el paso de la parca. Ojalá no sea una cuestión de días para que todo vuelva a lo mismo. Hasta antes del crimen en Colombia, los muertos los ponían los otros, pero nunca a los fiscales les habían tocado las puertas. Hoy no cabe más que desalojar al monstruo que habita en la Fiscalía para desgracia de un país que padece sus consecuencias.

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