Durante la misa central de este domingo en la Basílica Santuario Nuestra Señora de los Milagros de Caacupé, el obispo Ricardo Valenzuela centró su homilía en el desgaste emocional y espiritual que afecta a muchas personas, marcado por el miedo, la incertidumbre y la sensación de enfrentar solas sus problemas.
“No se inquiete, no se turbe su corazón”, afirmó al iniciar su mensaje, al advertir que la ansiedad y la angustia se han vuelto parte de la rutina en una sociedad cada vez más cargada de presión y temor.
El obispo sostuvo que detrás de esa inquietud se profundizan también el aislamiento, la desesperanza y una cultura centrada en el encierro personal, donde cada vez cuesta más confiar en el otro y construir vínculos estables.
“No vamos a superar solos. Necesitamos ayuda”, expresó, al cuestionar la lógica de la autosuficiencia y remarcar que ninguna crisis se resuelve desde el aislamiento.
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Valenzuela advirtió además sobre una forma de vida marcada por el ego, la imposición y la necesidad de priorizar intereses personales por encima del bien común.
“Hay caminos que nos alejan: los de la soberbia y el poder egoísta que se mira a sí mismo y no mira a los demás”, señaló.
Frente a eso, propuso una salida basada en la humildad, el servicio y la reconciliación, al sostener que gran parte del deterioro cotidiano nace de resentimientos acumulados, heridas no resueltas y vínculos quebrados.
“El perdón siempre es una fiesta mucho más grande que conservar el odio que te carcome”, afirmó.
Finalmente, pidió volver a poner en el centro la paz interior, la confianza y el cuidado del otro frente a una realidad cada vez más marcada por el cansancio y la desconexión.
“No es el camino de mi protagonismo, es el camino de Jesús como protagonista”, concluyó.