Esto se interpretó como una justificación al despilfarro que cometen las autoridades del Congreso, ya que también renovaron el equipamiento informático con computadoras de última generación y cambiaron todo el alfombrado de la sala de sesiones de la Cámara Alta. Tras las críticas, los legisladores tuvieron que suspender parte de las compras y las ampliaciones edilicias previstas.
Ramírez invitó a observar las condiciones laborales de los trabajadores del sector público, quienes “no siempre tienen un buen sistema, un buen modelo, buen lugar o una buena silla para estar 8 a 9 horas”.
“Yo creo que tenemos que optimizar, pero tampoco satanizar algo que es una necesidad”, expresó el ministro de Educación al ser consultado sobre su posición respecto a la millonaria adquisición del Senado.
Los sillones tienen un costo unitario de G. 5.700.000, a lo que se suman las computadoras de alta gama por G. 15.370.000 como valor unitario. En total suman casi G. 3.000 millones.