“Soy un chico de la calle, camino a la ciudad, sin molestar a nadie, voy cortando cadenas”. La vieja canción de Miguel Mateos, ícono del rock argentino, se ha convertido en la banda sonora informal de los reels donde aparece Miguel Prieto encabezando caravanas, animando multitudes o yendo a sus audiencias judiciales en Asunción. La figura le calza bien al joven esteño, fundador de Yo Creo Conciencia Democrática, que irrumpió como intendente innovador de Ciudad del Este y hoy, para sorpresa de muchos, insinúa una ambición mayor: competir por la presidencia en 2028. “Nene, ¿qué vas a ser cuando seas grande? ¿Estrella de rock and roll, presidente de la nación?”.
Desde el análisis político, ignorar a Prieto sería un error. Su liderazgo es atípico en casi todos los sentidos. Se gesta lejos de la capital, en la frontera, con una narrativa que reivindica al interior del país. Se presenta como ajeno a las élites, a los apellidos tradicionales y a las redes que históricamente han movido los hilos del poder dentro y fuera del Partido Colorado. A ello se suma su juventud –apenas 37 años– y la capacidad de construir una organización propia, con identidad visual y simbólica, que busca diferenciarse del bipartidismo histórico.
Pero este “chico de la calle” no improvisa. Tiene habilidades organizativas, comunicacionales y estratégicas que lo distinguen dentro del abanico opositor. Mientras otros potenciales candidatos dudan o especulan, Prieto actúa. Y en política, actuar a tiempo suele traducirse en ventaja. La creación del Partido Yo Creo Conciencia Democrática Nacional en 2025 fue un movimiento calculado: le dio estructura, legalidad y proyección. En pocos meses, su partido reunió más afiliados que otras fuerzas no tradicionales con años de existencia.
Para las municipales del 4 de octubre, Yo Creo exhibe una expansión llamativa. En departamentos como Guairá, Caaguazú, Itapúa y Central, el movimiento presenta al menos 36 candidaturas propias entre intendencias y juntas municipales. En Central, por ejemplo, compite con listas para la Junta Municipal en M.R. Alonso, Limpio, Itá, Itauguá, Capiatá y J. A. Saldívar, además de un candidato a intendente en Villa Elisa. Falta ver su desempeño electoral, pero la sola presencia territorial ya constituye un dato político relevante.
Los últimos posicionamientos de Prieto revelan otra faceta: su habilidad para capitalizar circunstancias adversas. Ante la imputación fiscal por presuntos hechos de corrupción durante su gestión municipal, y con un juicio oral en curso, Prieto dio vuelta el tablero. Acusó al cartismo de manipulación judicial y persecución política, articulando argumentos que, al menos para sus seguidores, resultan convincentes. La concentración en Caacupé y la caravana hacia Ciudad del Este –ambas cuidadosamente registradas, con chaleco antibalas incluido– construyeron un hecho político de peso. Prieto demostró que tiene pueblo y, más aún, que sabe hablarle. “Japoina Pedro Alliana”, lanzó, sintetizando su narrativa de confrontación.
Sin embargo, persiste una incógnita central: su dominio de las temáticas sustantivas de la política pública y la gobernanza. Prieto posee visión estratégica, capacidad de posicionamiento y una organización leal. La bancada de Yo Creo en el Congreso ha mostrado cohesión, muy distinta del caos que caracterizó a Cruzada Nacional. Pero a menudo carece del gravitas que ciertos sectores esperan ver en quien aspira a la presidencia. Su discurso conecta emocionalmente, pero aún debe demostrar profundidad programática, solvencia técnica y claridad en torno a los desafíos estructurales del Estado.
Prieto es, sin duda, una figura emergente que obliga a repensar la política paraguaya. Un liderazgo joven, territorial, desafiante, que se mueve con soltura en la era de los reels y las caravanas multitudinarias. Un chico de la calle que aprendió a cortar cadenas, pero que todavía debe mostrar si puede construir puentes hacia la compleja tarea de gobernar un país.
- Los últimos posicionamientos de Prieto revelan otra faceta: su habilidad para capitalizar circunstancias adversas.