21 mar. 2026

“Mi amor por la biología comenzó desde muy temprano”

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La familia Albertini Weiler en una de las fotos con todos sus miembros

MariaElena-Galeano@uhora.com.py

La doctora en Biología y Conservación de la Biodiversidad por la Universidad de Salamanca es amante de la naturaleza y, sobre todo, de la región del Chaco. Su pasión por la biodiversidad nació desde pequeña, pues creció entre el Chaco y la ciudad, en una familia de productores agropecuarios: “Tenía apenas tres o cuatro años y, en los cumpleaños, en lugar de guardar las golosinas en las bolsitas, las sacaba para llenarlas con los insectos que encontraba en el jardín”, comenta la profesora titular del área de Zoología, investigadora y directora del Departamento de Investigación de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (Facen) de la Universidad Nacional de Asunción (UNA).

La investigadora es también coordinadora del movimiento ciudadano Somos Yaguareté, que busca proteger al felino y su hábitat, integrando ciencia, educación y arte, según comenta ella misma. Dicho movimiento conservacionista surgió a partir de una colaboración con la artista plástica paraguaya Ingrid Seall, quien debía realizar esculturas de yaguareté y contactó a la bióloga para conocer más sobre la especie. Así fue como durante las conversaciones sobre el tema, el proyecto tomó otro rumbo: “Comprendimos que esas esculturas podían convertirse en herramientas para visibilizar la situación crítica del yaguareté en Paraguay y generar conciencia”, explica la docente que cree que la tarea de conservación no es exclusiva de los científicos. En ese sentido, busca promover alianzas con productores de diferentes zonas del país para la coexistencia del modelo de producción ganadera y el hábitat del yaguareté. De hecho, hoy lidera un proyecto financiado por el Conacyt, llamado Producción, salud y biodiversidad en ambientes agropecuarios dentro del cual trabaja bajo el enfoque de Una Salud, que integra la salud animal, humana y ambiental.

Reconocimiento

internacional

Andrea recibió en 2020, el premio Carol y Jim Patton, otorgado por la American Society of Mammalogists a través de la Asociación Paraguaya de Mastozoología por su labor en los estudios de mamíferos en nuestro país.

Además, también fue reconocida, junto a otros colegas, con una mención de honor en el Premio Nacional de Ciencia por el trabajo denominado, Los bosques importan: Uso de reservorios de agua por comunidades de mamíferos en paisajes de estancias ganaderas en el Chaco seco paraguayo.

Con respecto a los desafíos de su ardua labor confiesa que “la carrera científica abre un mundo fascinante, a veces silencioso y casi invisible para la sociedad”.

Investigadora y madre

Andrea tiene otro rol muy importante en su vida que es el de esposa y madre de siete hijos.

Su matrimonio con Humberto Albertini lleva más de 33 años de vigencia.

Acerca de si influenció o no en la decisión de sus hijos sobre sus carreras profesionales asegura que no tuvo injerencia: “Es evidente, ninguno eligió ser biólogo. Cada uno encontró su propio camino”, afirma.

Sofía, la mayor, es veterinaria y recientemente obtuvo una maestría en Reproducción Animal en São Paulo, donde ahora inicia su doctorado. Por su parte, María Paz es médica y realiza su residencia en Medicina interna en Estados Unidos, con planes de especializarse en Infectología; y, Sebastián y Bruno estudian veterinaria. Su otra hija, Fernanda se recibió de arquitecta en 2025 e Inés es médica y proyecta especializarse en Alemania. Mientras que el menor, Mateo cursa el segundo año de bachillerato y muestra una inclinación hacia el área médica.

“Tengo un nieto, Diego, que tiene tres años. Desde muy pequeño muestra una enorme curiosidad por los animales. Les pone nombre a los sapos del jardín y si encuentra alguno dentro de la casa, lo lleva de vuelta al patio sin miedo”, cuenta sobre su nieto quien probablemente siga los pasos de su “oma”.

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