Sacarle la vida a un semejante no es fácil, implica causar un dolor tremendo, tanto físico como anímico, en la persona que es despojada de vida y en otras vidas que vibran en torno suyo, sus seres queridos y cercanos. Sin embargo, sorprende con qué facilidad uno puede perder la vida, en manos de otros. Esa es la fragilidad de la vida, como se dice.
El acto de matar deliberado se califica como homicidio y es un crimen que se castiga con años de encierro en la cárcel. Ahora, el contexto determina algunas diferencias que es bueno comprender.
Dionisio Andrés Vázquez Brítez (20), Andy, murió apuñalado en una calle de Guarambaré. Estaba con otras personas cuando llegaron dos personas en motocicleta y comenzaron una discusión que pasó a agresiones físicas. Luego, una de ellas extrajo un estoque y le clavó varias veces al joven de 20 años, en el tórax.
Días antes, María Celeste Segovia Colmán (31) recibió ocho heridas de arma blanca que acabaron con su vida. Su cuerpo fue encontrado en un retirado lugar, próximo a un monte, en Nueva Italia, el pasado miércoles 20. El único sospechoso, ya detenido, es su pareja, Facundo Mauricio Balbuena, un joven de 19 años.
Ambos, Andy y María Celeste murieron a causa de puñaladas. Pero las circunstancias hacen que el primero sea homicidio doloso y el de la mujer un feminicidio.
“Decíamos que en algún momento iba a pasar, pero jamás nos imaginamos que nos pasaría a nosotros”, se lamentó ayer la madre de Andy en televisión. Con el corazón destrozado, contó cómo se había enterado de que mataron a su hijo, la manera en que ingresó a la sala en el hospital y se echó sobre el pecho inerte de Andy, y lloró.
A María Celeste, sabemos que en casa le esperaban dos hijos pequeños. Era una mujer que luchaba por sus hijos, había reconocido un hermano suyo, con profundo dolor, ese día que hallaron el cuerpo sin vida.
Mientras la muerte de Andy se produjo durante un episodio de violencia cuando se dio una confrontación de fuerzas, María Celeste perdió la vida igualmente durante un episodio de violencia, pero lo que sucedió ahí fue una demostración de poder.
Andy y sus atacantes se tomaron como rivales y allí ajustaron cuentas, en una confrontación de fuerzas, que fue superior del lado de los atacantes. Por eso, Andy acabó perdiendo la vida.
En el caso de María Celeste, no se tomaron como rivales, eran pareja.
El joven la habría matado porque presuntamente ella estaba embarazada y él quería que abortara. Ante la negativa de la mujer –que suponemos– él mismo se ocupó de interrumpir el supuesto embarazo –la autopsia confirmó que María Celeste no estaba embarazada– acabando también con la vida de ella. La discusión no se dirimió con una confrontación de fuerzas, no era esa la motivación de la violencia, sino que se trataba de poder hacerlo. Se trata del poder que ubica al que se siente poderoso por encima del semejante, con la sensación de que le pertenecen la voluntad, el pensamiento, la libertad y la vida de esta persona. Esta sensación la puede sentir una persona con predominio si es hombre, que tiene dominio sobre toda la tierra, sobre todo animal o ser viviente. Aunque, en puridad, todas las personas pueden sentir esta sensación de dominio sobre la tierra, sobre todo animal o ser viviente –está en la Biblia–, si es lo suficientemente emancipada.
Esta capacidad de sentirse soberano es la que usa el varón para someter a la mujer a su poder. Este es el punto de partida de las desigualdades, que en el peor de los casos acaban con la muerte de la mujer en manos del varón, sobrecogido de esta sensación.
Lo que vemos después en las noticias son los datos estadísticos que acompañan las crónicas de estos hechos sangrientos como el de María Celeste. A la fecha, desde que comenzó el año ya tenemos registrados 13 casos de feminicidio, que en promedio alcanza entre 35 y 40 hechos cada año.
Estadísticas Judiciales también divulgó que, desde el año 2017 hasta abril de 2026, se registraron 227 causas de feminicidio y 284 por tentativa de feminicidio.
Así alcanzamos las tablas de estadísticas; atrás quedaron los llantos y el dolor de quienes sobreviven.