Alma Ocampos Irala pasó por programas vinculados a la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA), realizó un vuelo en microgravedad y ahora quiere que la ciencia tenga mayor presencia en Paraguay.
Tras siete años de vivir, estudiar y trabajar en Estados Unidos, la paraguaya regresó con una mirada crítica sobre la divulgación científica, la educación y el papel que los académicos deben asumir frente a los problemas sociales.
Ocampos estudió la licenciatura en Matemáticas y Educación en el Bennington College, en Vermont. Aclara que no puede trabajar directamente para la NASA por las regulaciones de seguridad nacional de Estados Unidos (ITAR), pero sí participar en proyectos dentro de sus instalaciones.
El año pasado, 11 paraguayas participaron en la Space Exploration Educators Conference (SEEC) y según contó, su delegación llamó la atención de coordinadores del Centro Espacial de Houston. “Fue tal nuestro destaque que (...) se reunieron con nosotras para preguntarnos cómo podían seguir apoyándonos”.
Una experiencia que la marcó fue el vuelo parabólico realizado el año pasado, tras ser seleccionada por Space for Humanity. Se convirtió en la primera mujer nacida en Paraguay en realizar un vuelo en microgravedad. “Me impacta el hecho de que en muchos lugares sigo siendo la primera paraguaya que conocen las personas”, señaló, esperanzada en que el talento nacional gane cada vez más presencia internacional.
Llegar a espacios vinculados a la NASA también le mostró a Ocampos otra realidad: la ciencia necesita ser contada para despertar interés, especialmente entre los jóvenes. En un escenario donde TikTok e Instagram se convirtieron en algunas de sus principales fuentes de información, considera que la divulgación científica tiene allí una oportunidad, pero también un desafío: conseguir que el conocimiento gane espacio frente a contenidos mucho más populares.
Mencionó a Javier Santaolalla, José Luis Crespo y Rocío Vidal como los referentes más conocidos en Paraguay . “Hay múltiples cuentas de divulgadores científicos paraguayos que todavía no reciben mucha atención”, afirmó.
La joven, de 24 años, sostiene que hay un desafío que va más allá de los algoritmos como ‘‘nuestra idiosincrasia’’ dijo, al cuestionar el mayor interés por contenidos de “chisme, polémica y morbo”. A su criterio, Paraguay necesita fortalecer a sus propios divulgadores y generar referentes científicos locales.
Entre los programas que se podrían aplicar en el país mencionó un campamento espacial a pequeña escala, un planetario, una conferencia para educadores en exploración espacial, un museo de ciencias. ‘‘En el país sobra talento y también personas que apuesten a ello. Recordar que no buscamos tener 1 millón de astronautas en Paraguay, pero sí a inspirar al público a que se apueste más por carreras STEM y desarrolle más su curiosidad mediante la investigación científica’’.
Ocampos también defiende un papel activo de los académicos en la sociedad. La vida académica y el activismo deben ir de la mano. Como ‘‘persona de la clase trabajadora’’ siente la necesidad de intentar pavimentar su camino en las ciencias y en educación superior ‘‘para que a quienes vienen detrás de mí les resulte un poco menos complicado”, expresó.
‘‘El activismo social es un aspecto de mi vida profesional y personal que nutro desde muy joven. Desde ser delegada de mi curso y presidente del centro de estudiantes hasta hacer llegar clases de matemáticas a aulas poco convencionales como lo fue el Centro Penitenciario del Buen Pastor”.
“Ahora mismo quiero aportar en algún movimiento que busque una reforma real, que se empañe especialmente con problemas que no podemos permitirnos en pleno siglo XXI como lo son derechos de niñas paraguayas y el matrimonio infantil, o explotación laboral infantil disfrazada de ‘criadazgo’”, señaló.
También opinó sobre el informe PISA 2025, cuestionando a quienes culpan principalmente a los docentes por los resultados. ‘’Se empaparon poco o nada con la realidad del país’’, dijo afirmando que la falta de preparación de algunos docentes ‘‘es solo la punta del iceberg de un sistema que está podrido tanto estructural como funcionalmente’’.
Refirió que la infraestructura edilicia deplorable de muchos centros educativos, la malla curricular desfasada, la nula inversión en TIC entre otros, no deja nada más que retrasos.
‘‘Estamos a tiempo de recuperar, pero tanto nuestros gobernantes como los ciudadanos deben ser parte del tratamiento de esta emergencia nacional’’, destacó la joven que busca unir educación y activismo en proyectos que tengan un impacto concreto en niños y jóvenes.