Hay trayectorias que se construyen alrededor de una sola profesión y otras que van tomando distintos caminos hasta encontrar un mismo sentido. La de Luis Szarán pertenece a esta última. Director de orquesta, compositor, musicólogo, educador y emprendedor social, dedicó décadas a trabajar en distintos ámbitos de la cultura paraguaya, con una idea que atraviesa buena parte de su recorrido: la música puede ser una herramienta para transformar a las personas.
Esa historia quedó retratada en Mborayhu Porã: Luis Szarán, un documental que permitió acercarse a distintas etapas de su vida y a los proyectos que marcaron su camino. El mismo fue lanzado el pasado 21 de enero y hace unas semanas llegó a los principales canales del país. Para el propio Szarán, volver sobre esa trayectoria no fue un ejercicio sencillo. “Realmente abordar este proceso fue muy fuerte para mí”, cuenta. Lo que inicialmente parecía poder resolverse con un repaso de su vida y algunos documentos históricos, terminó convirtiéndose en un proceso de más de nueve meses de trabajo junto al equipo de producción de Maneglia-Schémbori.
El documental también le permitió reconocer algo que quizá desde dentro de su propia actividad no había dimensionado del todo: la amplitud de los caminos que tomó. “Me di cuenta de muchas cosas. Entre ellas, que mi vida fue más complicada de lo que pensaba porque tengo actividades en varios frentes al mismo tiempo: director de orquesta, compositor, musicólogo, emprendedor social y otros”, señala.
Una vida con varios caminos. Esa diversidad explica, en parte, la dificultad de resumir su historia. Szarán no se quedó únicamente en la dirección orquestal ni en la investigación musical. Su trabajo también estuvo ligado a la educación, a la recuperación y difusión del patrimonio musical y a la creación de proyectos que llevaron la música a lugares donde antes tenía poco espacio.
Uno de los ejemplos más importantes es Sonidos de la Tierra, proyecto que motivó a miles de niños y jóvenes en distintos puntos del país. Más de 400 profesionales que hoy viven de la música dieron sus primeros pasos a partir de esta iniciativa. Sin embargo, para Szarán, esa cifra no es el principal resultado de tantos años de trabajo.
“El mayor orgullo y objetivo principal es más que formar buenos músicos, formar a buenas personas, empleando la música como la herramienta para ello”, sostiene. Allí aparece una de las claves para entender su manera de enseñar: la formación musical como un camino, no como el destino final.
El concepto de Mborayhu Porã, que da nombre al documental, también se conecta con esa visión. Para Szarán, representa “el amor desinteresado y la intención real de buscar el bien y la armonía entre las personas”. No lo plantea como una idea ajena a su recorrido, sino como algo que coincide con buena parte de lo que ha intentado impulsar a lo largo de su vida.
El legado que quiere dejar. Después de décadas vinculadas a la música y la cultura, la pregunta por el legado adquiere otro peso. Szarán podría hablar de conciertos, composiciones, investigaciones, músicos formados o proyectos culturales. Sin embargo, cuando piensa en cómo quisiera ser recordado, vuelve nuevamente a las personas.
“Me gustaría que me recuerden como una persona auténtica a sí misma, en todo. Que siempre habla con la verdad, que motiva para las buenas acciones y que emplea todas sus energías para buscar que la gente sea feliz y segura de sí misma”, expresa.
Esa respuesta resume una manera de entender su trabajo que va más allá de la música. Su recorrido muestra a un artista que eligió ampliar el alcance de aquello que conocía, formar a otros y utilizar la cultura como una forma de encuentro.
El documental permite mirar esa historia con cierta distancia, pero es el propio Szarán quien termina dando la clave para entenderla: detrás del director, del compositor, del investigador y del maestro existe una persona que decidió dedicar buena parte de su vida a trabajar con otros y para otros. Y quizá allí esté la parte más importante de su legado.