16 jun. 2024

Luchas, turismo y vista gorda

La auténtica lucha social en busca de reivindicaciones para la ciudadanía estuvo plasmada con más énfasis, durante el presente Gobierno, en los reclamos ante la Ley de Superintendencia de Pensiones, desde sectores afectados; las movilizaciones de universitarios frente a la iniciativa Hambre Cero –que afecta mediante mucha incertidumbre al programa Arancel Cero y otros segmentos de investigación y salud–; y lo que atañe al transporte público, cuyo desenlace aún no se refleja en hechos, pero que tiene en vilo al usuario, con un paro de micros pospuesto para el 11 de junio, si no se llega a un acuerdo entre los transportistas y los burócratas oficiales.

No incluimos el resultado de las negociaciones por los recursos de Itaipú, ya que, más allá de las objeciones en las redes y alguna iniciativa de sectores que siempre siguen el tema, la ciudadanía parece estar más ajena a esta pepita de oro que constituye el ingreso de divisas genuinas mediante la explotación de energía eléctrica y sus posibilidades de desarrollo, gracias a la hidroeléctrica, de la que se consiguen importantísimas cantidades de recursos monetarios.

En la mayoría de las decisiones estatales, se margina olímpicamente a los sectores afectados y no se contempla un debate más abierto, por la vía de audiencias públicas e información acabada, con el fin de que se pueda visualizar mejor el fenómeno y las intenciones de transformación. Directamente, hay tres o cuatro sabiondos que bajan línea y presentan el paquete ya casi terminado, para que a nivel parlamentario se aprueben las medidas o se emitan los decretos, y la maquinaria discurra oronda, como si fuese la panacea anhelada.

Lo cierto es que existen intereses oscuros detrás de casi todas las decisiones del Gobierno, y que solo benefician a sectores ya privilegiados, anclados de una u otra manera al juego perverso de administrar jugosos fondos, con el fin de mantener la camarilla de correligionarios y amigos varios en sus puestos, o bien en el acceso a espacios de poder e influencias, todo siempre bajo la mesa y sin posibilidad de participación en los debates para los referentes o líderes ajenos al oficialismo, que pudieran aportar desde su visión.

El sector previsional, los servicios públicos en general (piénsese en IPS, Copaco y otros entes deficitarios y a punto de colapsar), el sistema de transporte obsoleto y sin tren de cercanías, Metrobús o como quiera llamarse a algún adelanto que en otros países ya están vigentes, pero que en Paraguay resultan ciclópeas quimeras; se unen a la incapacidad de la administración (central o municipal) de mantener vías de tránsito medianamente dignas, sin baches, sin peligros al conductor, con señalizaciones que eviten muertes insólitas cuando arrecian los raudales, y un largo etcétera.

Frente a todos los dramas, el principal referente del Gobierno busca desmarcarse habitualmente y no faltan las escapadas al exterior, con lo que el primer mandatario se pasa más en vuelo rumbo a nubes de algodón, de las que ni se sabe si el país logra algo concreto, en vez de enfrentar las disyuntivas propias de su gestión en el ámbito local, y brindar señales claras de que se tiene intención de mejorar y cambiar.

Quedan así los representantes oficiales de segunda línea a participar del tire y afloje con la indignación ciudadana, mientras la olla se sigue calentando y más gente acusa recibo de la inflación galopante, no sabe dónde encontrar mejores horizontes y ve desfilar a la clase acomodada de altos funcionarios y su telaraña de socios y parientes lejos de los dramas cotidianos.

La válvula de la bronca verdadera tiende a abrirse continuamente, y más sectores pueden unirse a los que ya están en ebullición. Ante los reclamos es preciso apuntar más fino, y las autoridades deben ejercer el rol para el que fueron electas. No es posible seguir financiando al turismo oficial mientras la casa se resquebraja, los fondos no alcanzan y el enojo mayoritario gana espacio, mientras el poder mira hacia otro lado.

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