Para ello, es importante no perder de vista los últimos dos años de las relaciones bilaterales entre estos dos países: Brasil, presidido por Lula desde enero 2023, y Paraguay por Santiago Peña desde agosto del mismo año. Estas relaciones pasaron de un inicio sumamente amigable por ambas partes, antes de la asunción de Peña a la presidencia este tuvo tres encuentros con Lula, en el primer año, para otro sumamente “tenso”, con las negociaciones del Anexo C prácticamente paralizadas. No entraré en detalles sobre este punto; varias situaciones contribuyeron para llegar a esta situación de distanciamiento.
¿Qué pasó en el último año 2024-2025 para que las intensas y amigables relaciones entre ambos presidentes pasen a momentos de tensión y de “alejamientos territoriales” y de “sintonía”?
En términos regionales, el gobierno Peña se inició como un gobierno sumamente frágil. Aislado inicialmente, principalmente en el Mercosur, inició un fuerte acercamiento a Brasil, teniendo varias reuniones bilaterales con la perspectiva de llegar a un acuerdo auspicioso en relación a las negociaciones del Anexo C – Itaipú, que estaba colocado en la mesa de negociaciones en esos momentos; también buscaba fortalecer su presencia regional tratando de impulsar una imagen que, a pesar de la victoria electoral, emerge fuertemente deteriorada en función a sus alianzas y dependencias internas. Se esperaba un rápido y “exitoso” acuerdo para nuestro país. La realidad nos demostró que no fue así, que la propuesta de negociar sobre el costo de la energía cedida a Brasil constituía nada más que una justificativa para continuar con la plata dulce de la binacional, sin que ese monto pase por el cribo del Congreso Nacional, como lo fue durante el Gobierno Lugo; propuesta que no implicaba necesariamente transparencia.
Sin embargo, poco a poco se reconfigura el mapa regional. Argentina da un giro a la derecha con la elección de Milei, y Peña siente que cuenta con un apoyo para avanzar con sus propuestas respecto a las relaciones bilaterales con Brasil.
Poco tiempo después, Peña profundiza su relación con Estados Unidos, llegando a acuerdos bilaterales propios de países subalternizados. Es así que en el 2025 Paraguay y Estados Unidos llegan a acuerdos bilaterales sobre dos ejes importantes para la diplomacia norteamericana: el Acuerdo de Tercer País Seguro (STCA) por sus siglas en inglés, Acuerdo sobre el Estatuto de Fuerza (SOFA), también por sus siglas en inglés. Ambas aparentemente poco “interesantes” para el Estado paraguayo, aunque políticamente estratégicos para los Estados Unidos. Esta obsecuencia del presidente Peña da pie a que Paraguay sea considerado, según palabras del secretario de Estado de ese país, como uno de los más importantes aliados de Estados Unidos en el mundo contemporáneo.
Todo esto tiene una inmediata repercusión en la performance de Peña con Brasil. El día 19 de diciembre, víspera de la reunión de presidentes del Mercosur, pocos días después de la firma del SOFA con Estados Unidos, donde Paraguay asumiría la presidencia pro tempore de la organización de Estados de la región, Peña no participa de la inauguración del Puente de la Integración que une Presidente Franco y Foz de Iguazú; cada presidente inaugura esta obra de infraestructura separadamente, en la franja que corresponde a su país: Brasil el 19 de diciembre y Paraguay el día siguiente, 20 de diciembre al final de la cumbre del Mercosur. Este hecho ya demuestra el “giro” político de Peña quien por primera vez expresa, con esta postura, un aparente rearme geopolítico en sus relaciones bilaterales de Brasil. En realidad, se está “apoyando” en sus buenas relaciones de subalternidad con Estados Unidos para negociar con el vecino en función de los intereses de los grupos fácticos paraguayos.
De esta manera, la acción violenta de los Estados Unidos sobre Venezuela al secuestrar a su presidente, repitiendo viejos esquemas bucaneros de los siglos XVII y XVIII, refuerza la postura y presencia de Peña en el contexto regional puede hablarse de un “efecto colateral”, que eventualmente lo llevaría a endurecer las negociaciones con Brasil en lo que se refiere al Anexo C; pero también en otros temas como el de la Ruta Bioceánica, el Puente Carmelo Peralta-Puerto Murtinho, y otros temas bilaterales de interés del Brasil.
Es decir, colateralmente el esquema Trump sobre Venezuela, puede hacer que un frágil presidente refuerce su agenda a la derecha del espectro político regional, obviamente con el apoyo del primero, sorprendiendo por sus acciones nacionalistas. Inclusive puede retomar la agenda del progresismo paraguayo expresado en el Acuerdo Lugo-Lula del 25 de julio de 2009 y avanzar las negociaciones por este camino. Lo que sorprende en todo este proceso es cómo un presidente que se inicia de manera frágil en el contexto regional consigue, poco a poco reforzar su esquema a la derecha del espectro político y pasar, inclusive, a asumir posturas más duras con Brasil. Desde la derecha y dentro del espectro conservador paraguayo, puede pasar a satisfacer a las élites, asimismo a su base prebendaria que hasta la fecha lo cuestiona y, abiertamente, solicitan un “cambio de rumbo” en la política interna nacional. Los vaivenes políticos de Peña en el plano internacional pueden constituirse en la tabla de salvación en el plano interno nacional y partidario. Vamos a ver si así lo encara o, nuevamente, es otro paso en falso.