28 feb. 2026

Gondra

Raúl Ramírez Bogado - @Raulramirezpy

“No pudiendo hacer que el justo sea siempre fuerte, nos hemos empeñado en que el fuerte sea siempre justo”. Esta frase atribuida al ex presidente Manuel Gondra (1910-1911 y 1920-1921) fue uno de los pilares de la Convención que lleva su apellido y que este 2026 cumple 103 años, aunque ya no está vigente.

Es un tratado para evitar o prevenir conflictos entre los Estados Americanos que fue suscrito el 3 de mayo de 1923, a propuesta del ex presidente paraguayo, aprobado por la mayoría de los países americanos.

Con ello se buscaba la paz en América luego de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), con lo que se estableció mecanismos de investigación para resolver las disputas, y fue incluso precursor de diversos instrumentos posteriores que tienen el mismo fin.

Como lo dice la frase, en un contexto de potencias militares y económicas, evidentemente, trataba de que el Estado fuerte no hiciera lo que quisiera con los Estados más débiles.

Lo que se quería era tener un derecho internacional que busque la convivencia pacífica entre los pueblos, sin que el fuerte abuse del débil, algo sumamente humano. De ahí la importancia del derecho, principalmente entre las naciones.

Sin embargo, con lo ocurrido en Venezuela por parte de los Estados Unidos, y las amenazas posteriores no solo a otros países americanos, sino incluso a europeos, son más preocupantes las palabras del presidente norteamericano respecto al derecho internacional.

Entre otras cosas, dijo en una entrevista al periódico New York Times, que su poder como comandante en jefe está limitado solo por su “propia moralidad”, dejando de lado el derecho internacional, y otros controles sobre su capacidad para utilizar el poder militar para atacar, invadir o coaccionar a naciones de todo el mundo.

La cuestión está en que el derecho lo que hace justamente es limitar el poder del gobernante, para evitar que abuse de él, que lo que lo limite sea su propia voluntad, justamente contrario a sus afirmaciones.

Si depende solamente de su voluntad, por lo que vimos hace poco, cualquier cambio de humor hará que todo un país pueda sucumbir bajo su autoridad.

Y dentro de este contexto, tenemos que la política diplomática actual del Paraguay apoya totalmente las iniciativas del presidente norteamericano, al punto de estar entre los pocos países que lo hacen.

Esto es significativo, justamente por la historia paraguaya, donde fuimos sometidos primero a España, durante la época de la Colonia, para luego pasar a no ser reconocidos como nación por la Argentina.

Después, sufrir una guerra genocida, donde fuimos ocupados por ejércitos extranjeros por casi una década tras culminar el conflicto, para luego pasar a problemas de límites, y finalmente otra guerra.

Y como si fuera poco, luego vinieron las dictaduras, donde el pueblo sufrió las muertes, torturas e injusticia, etapa en la cual el derecho no importaba.

Por esto es que el Paraguay debería tener una posición más firme y no someter nuestra voluntad a los dictados de una persona que bien lo señala no le importa el derecho internacional.

Debemos buscar la paz como política exterior, evitar los conflictos. Apoyar a un Estado fuerte no significa que seamos tenidos en cuenta como país o que no podamos ser presa de ellos en alguna ocasión.

No olvidemos que el Paraguay también tiene uno de los principales recursos que son apreciados tanto en este momento como en el futuro, como lo son los acuíferos que están debajo de nuestro suelo.

De ahí que debemos buscar que el derecho internacional siga vigente, como límite al poder del gobernante. Por ello, aunque parezca una utopía, la frase de Manuel Gondra más que nunca debe tener vigencia en el sentido de que si no podemos hacer que el justo sea fuerte, busquemos que el fuerte sea siempre justo.

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