La próxima semana, Soledad Núñez, intendenta electa de Asunción, debe jurar y tomar posesión de su cargo. Según anunció, sus prioridades para los primeros meses de gestión se concentran en una combinación de “plan de choque” para servicios básicos y reformas administrativas profundas.
El panorama para la nueva intendenta y su equipo es tan complejo como complicado. Lo primero, porque en el quehacer institucional convergen variables muy diversas, desde lo político hasta lo cultural, y lo segundo, porque es de esperar el protagonismo de actores que, resistiéndose al cambio, busquen minar la ruta. Es fácil complicar para no cambiar y aferrarse a lo seguro; complicar para no salir de la zona de confort, para no dejar los privilegios.
Una institución clave para la ciudad, un coloso poco transparente y muy endeudado, con unos nueve mil funcionarios y número desconocido de planilleros. Una entidad con sistemas de gestión obsoletos en algunas áreas, basados en operaciones manuales y donde encontrar un archivo, por ejemplo, puede llevar horas, y con una burocracia añeja pero siempre fortalecida, es un desafío para cualquier administrador con perfil técnico y ejecutivo, como parece ser Núñez. Y a este cóctel habría que agregar los intereses de politiqueros (los que no buscan el bien común) y de agentes corruptos que probablemente abundan en cada ámbito o dirección.
En este escenario enmarañado resalta también la realidad de la ciudad y sus necesidades; desde las calles minadas de baches, la falta de desagües y mantenimiento de plazas hasta el deterioro del microcentro, la problemática de la basura y su destino final, los cementerios, las poblaciones de los Bañados, el tránsito, la movilidad urbana, las paradas de buses, etcétera.
En medio de este complejo panorama cargado de retos, es de esperar además que la nueva intendenta sepa valorar la realidad de la Comuna con sus matices; a los funcionarios honestos y cumplidores, los proyectos vigentes beneficiosos para la ciudadanía, las iniciativas impulsadas desde las comisiones vecinales y organizaciones civiles, entre otros. Iniciar de cero no será razonable para avanzar.
Pero quizá el mayor desafío para Sole sea el transformar esa “mentalidad” referida al trabajo del “servidor público” y que apunta no solo al tema de la honestidad y sus prácticas (punto clave, sin duda), sino más bien a la necesidad de buscar eficiencia, seriedad y profesionalismo a la hora de ejecutar la tarea que le compete en la Municipalidad. Y esto también abarca a los concejales y sus equipos, en la mayoría de los casos muy “contaminados” por la “cultura politiquera”; es decir, por aquella mentalidad donde la Municipalidad o la entidad pública es una agencia de empleos para los allegados y miembros del partido; y la política, principalmente un medio para obtener “beneficios” para el propio bolsillo y el entorno partidario. Es justamente esta práctica la que está matando la verdadera política en Paraguay y el mundo.
Urge iniciar un proceso de cambio de mentalidad en la forma de trabajar en el ámbito público, para el bien de la ciudadanía asuncena, en este caso. Trabajar con calidad es trabajar con honestidad. Cumplir con el horario y la atención al público en tiempo y forma, es luchar contra la corrupción. No pedir ni recibir coima es verdadero patriotismo. Es la mentalidad que necesitamos recuperar y debe ser impulsada por los liderazgos de los cargos electivos, como el de los intendentes. Porque es muy común entre los ciudadanos criticar la corrupción, pero luego no dudar en pagar una coima al agente de tránsito; calificar a la ciudad de tercermundista, pero luego bloquear la vereda con el vehículo o estacionar sobre la franja peatonal sin ruborizarnos. Es este el cambio de mentalidad, posiblemente muy lento y que exige un proceso educativo –y también de control–, el que marcará la diferencia. El que necesitamos empieza por uno, en el escritorio o ventanilla de atención, en la forma de cumplir con las obligaciones. Eso construye ciudadanía y también fortalece la gestión municipal a favor de la población.
Soledad Núñez asume un gran desafío. Esperamos una gestión honesta, eficiente y respetuosa de la gente. Como ciudadanos, nos queda el compromiso ante nuestras autoridades; exigir, reclamar, participar y apoyar lo que se hace bien.