07 abr. 2026

Lo que nos dice el padrón electoral actualizado

El Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) acaba de publicar la actualización del Registro Cívico Permanente (RCP), una pieza clave para organizar las elecciones municipales de 2026. Cualquiera que aspire a competir en esos comicios no debería pasar por alto un análisis serio del padrón. De hecho, la Ley 834 garantiza a partidos, movimientos y alianzas el derecho a solicitar una copia impresa o electrónica. No hay excusas para no estudiarlo.

Se repite con frecuencia que en democracia “el pueblo es soberano”. Cierto, pero conviene precisar: no es cualquier pueblo, sino aquel que está inscripto para votar. Ese es el pueblo políticamente relevante. En Paraguay, hoy suman 5.101.742 electores, de los cuales 56.644 residen en el extranjero. Es un electorado pequeño en términos comparativos. Basta recordar que solo la provincia de Buenos Aires tenía en 2023 unos 14 millones de electores habilitados. En Sudamérica, únicamente Uruguay, Guyana y Surinam tienen padrones más reducidos que el paraguayo. Brasil, por ejemplo, ronda los 155 millones. Y aun así, a veces sentimos que nos ahogamos en un vaso de agua.

Del análisis del padrón surgen observaciones útiles para diseñar estrategias electorales. Una de las más repetidas es el peso del voto joven. Es cierto: la cohorte de 18 a 24 años es la más numerosa, con 15,65% del electorado nacional. Pero en el otro extremo encontramos un bloque igual o más decisivo: los mayores de 60 años, que suman 18% del padrón. La edad no es solo un dato biográfico; es una variable que se asocia a intereses, prioridades y percepciones distintas. Ignorar esa diversidad generacional es un error de comunicación política.

Además, los perfiles cambian según el distrito. En Asunción, por ejemplo, el peso de los adultos mayores es aún mayor: 22% del electorado, frente al 13% de la cohorte de 18 a 24. Si consideramos que los adultos mayores suelen participar más que los jóvenes, resulta evidente que en la capital sería riesgoso dirigir la campaña exclusivamente hacia la juventud. La demografía también vota.

Otro dato llamativo del RCP es la relación entre electorado urbano y rural. Según el Censo 2022, la población paraguaya se divide en 31% rural y 68% urbana. Sin embargo, en el padrón electoral la proporción cambia drásticamente: 18,46% rural y 81,54% urbana. La brecha invita a investigar qué factores explican esta diferencia entre estructura poblacional y estructura electoral. Es un tema que merece seguimiento.

La distribución por género también ofrece matices. En términos generales, hay una paridad casi perfecta: 49,38% mujeres y 50,62% varones. Pero al desagregar por territorio, la balanza se mueve. En áreas urbanas predominan las mujeres; en las rurales, los varones. Departamentos como San Pedro, Caazapá, Alto Paraguay, Boquerón y Canindeyú muestran una presencia femenina levemente inferior. Este último presenta la mayor brecha: 46% mujeres y 54% varones.

Finalmente, conviene recordar que el electorado paraguayo está fuertemente concentrado. Siete departamentos, incluida la Capital, reúnen dos tercios del padrón nacional. Solo Central concentra el 27%. Si sumamos Alto Paraná, Asunción, Itapúa y Caaguazú, llegamos al 63%. Para actores políticos con recursos limitados, esta concentración no es un dato menor: obliga a priorizar territorios. Construir estructuras sólidas y extensas para captar el voto disperso es costoso; la estrategia, entonces, pasa por elegir dónde jugar.

El padrón no es solo una lista. Es un mapa político, una radiografía social y, sobre todo, una guía para entender quiénes decidirán el rumbo de las próximas elecciones. Ignorarlo es entrar a ciegas en la competencia.

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