Te dediqué cuando aún no estabas preso, Santiago Peña, un artículo bajo el título: Pena en este mismo periódico, cuando corriste a la Junta de Gobierno para demostrar tu lealtad perruna a Cartes y la confirmación de tu falta absoluta de carácter.
Te dije y les dije a mis lectores que no aprendiste nada de la vida ni las oportunidades que ella te dio.
Fuiste premiado con los mejores cargos como los que Eligio Ayala honró de manera notable en la primera mitad del siglo pasado. Tú fuiste todo lo opuesto y caíste como deberías haber caído. Sometido al dinero, dominado por la codicia, angurriento, soberbio y ladrón. Creaste un banco para robar, pero no te contentaste con ello. No había actividad pública de la no te nutrías que hasta dejabas sobres cargados de dólares en una residencia presidencial convertida en tu cueva de Alí Babá.
Fuiste lo peor que tuvo la República cuando algunos ilusos creían que podías ser otra cosa.
Yo, no.
Eres una vergüenza.
Robaste dinero público fondeando un banco tuyo con el dinero de todos.
EL GIGANTE
Hoy, son más de mil millones de dólares perdidos y tres millones de damnificados.
Viajabas promoviendo “el despertar de un gigante” cuando el coloso del robo eras tú. No te satisfacías con nada.
Te burlabas de la tolerancia de este país a tus fechorías porque tu aval político era peor y porque te habían dado mayoría en el Congreso y control total de la Justicia.
Tres años y unos meses, te burlaste de nosotros hasta que cayó el telón. Tu banco se desplomó y dejó millones de afectados, miles de millones de dólares del Estado perdidos y un tendal de heridos cuyo dinero no podrá ser recuperado ni en décadas.
Te merecés la prisión como castigo y escarmiento a gente como vos, Fuiste un ejemplo de la podredumbre de la política.
Fuiste la nave insignia de lo que puede hacer el dinero para prostituir todo a su paso.
Como diría el papa Francisco: Eres el excremento del diablo.
Tus amigos que se reían y festejaban la tolerancia servil de muchos, creyeron que tu eras el modelo a seguir que eras el sistema y que nadie más que tu reflejabas el éxito de una sociedad decadente.
Hoy, estás caído para desgracia de los tuyos, pero para celebración de todo un país.
Santiago Peña fuiste un chisgarabís, un decadente, un ladrón, un tartufo, un delincuente, un asaltante de pobres y ricos, pero por sobre todo: Sintetizás un modelo de sociedad que se consideraba triunfante y que ahora llora su decadencia. Familias de abolengo, futbolistas, instituciones sanas y malsanas todas cayeron víctimas de ti y de tu angurria del dinero sin limites.
Te merecés la cárcel y junto contigo todos aquellos que te proveyeron de recursos. Todos tus ministros y directores de entes que no pudieron decirte que no cuando les decías que coloquen dinero nuestro en ueno deben acompañarte a la prisión.
Tacumbú debe ser reabierto para ustedes y todo el país tiene que tener un tour gratuito para verlos entre rejas. Para que sepan generaciones completas como acaban los corruptos.
Sin contemplación para ustedes. Si hubiéramos estado en el Singapur de Lee Kwan Yew serían todos fusilados. Agradezcan que vivamos en este país que debe sí sancionarlos de manera ejemplar.
Ustedes y, en especial, tu fuiste el corsario con parche en el ojo que asaltó esta nación. Robaste no solo lo material, sino la ilusión de unos tontos que creyeron en ti.
Tu fracaso es el fracaso de Cartes, Alliana, tus senadores y diputados, tus ministros y directores de ente, tus embajadores y tus votantes ingenuos y tontos que te dieron el mandato a pesar de que nunca tuviste ni carácter ni personalidad ni eras dueño de tu no.
Santiago Peña no te vas a cañonazos como tu tío abuelo presidente de comienzos de siglo XX, pero si abandonás a la cárcel con una batería de insultos, agravios y repudio que te durarán por lo menos cuatro generaciones. Fuiste lo peor. Robaste sin piedad. ¡Te queda pudrirte en la cárcel!