No quería sumarme al coro ya estridente que surgió durante la semana. Ante las escandalosas derivaciones del “caso ueno bank”. En primer lugar porque este emprendimiento –o como pueda llamársele- parecía ya burlarse de lo bueno al robarle una letra al vocablo. Hasta terminar robándole millones de guaraníes y esperanzas, a muchísima gente que había confiado en ellos.
Lo segundo es que cuando apelamos a ceremonias con el propósito de ser buenos y obedientes aunque desestimamos cumplir con los juramentos, deberíamos creer que se los hace por alguna razón y es el momento en que la PATRIA debería demandarnos con el rigor de sus instituciones y sus leyes.
Por lo que antes de evocar los detalles policiacos de este asunto, considero en primer lugar que el hecho que nos ha movilizado en estos días, no es nuevo aunque tenga protagonistas diferentes y matices novedosos. Pero se trata casi siempre de actores del gobierno -o cercanos a él- del mismo partido y con distintas extensiones que terminan diluyendo su protagonismo en los oscuros pasillos del anonimato. Mientras tanto, la excitación ante la novedad anula cualquier otra.
Porque gracias a ueno bank ya nos olvidamos del escándalo de Eddie Jara y sus “logros económicos” al frente de la petrolera del Estado.
Como también pasamos a segundo plano el vergonzoso papel de Zenaida Delgado y su novedosa concepción de la representación popular. Así como esperamos los comentarios de Hernán Rivas, sobre sus excitantes primeros días en la cárcel; tras haber incursionado en el jet set de la justicia nacional, alentado y defendido por sus correligionarios del centenario y glorioso pendón carmesí.
En medio de los escándalos, tampoco nos hemos hecho eco del cambio de los gobiernos locales en toda la República, tras las recientes elecciones. Especialmente en la Capital donde se había generado una razonable expectativa por la labor de Soledad Núñez al frente de la comuna. Este acontecimiento tenía –y tiene- gran importancia tras el estado calamitoso en que la dejó el Sr. Nenecho Rodríguez, uno de los “pichones del Sr. Cartes” como también -de paso- lo son algunos de los citados más arriba.
Suele decirse que “los hombres pasan… las instituciones quedan”. Pero algunas de estas expresiones quedaron en desuso como muchas otras; porque si hemos aprendido a leer y escribir, tal parece que no hemos alcanzado hasta la capacidad de reflexionar. De manera a evitar los males que nos acosan y nos escandalizan como ahora. Porque todos ellos suelen anunciarse con la suficiente claridad como para anticipar los posibles remedios a sus efectos más negativos. Y es la razón -de paso- por la que se organizan los estados nacionales.
Pero cuando alguien o algún grupo se hacen cargo de sus riendas y se anulan las voces con que la sociedad, sus medios y voceros, suelen alertar sobre algún posible rumbo de colisión. Lo que –hoy por hoy- no puede suceder porque las voluntades que importan, que deciden, no se expresan en los recintos del Estado. Si no surgen, misteriosas, en horas no laborables, para marcar el rumbo de nuestras vidas.
Por lo que habría que considerar lo siguiente: ¿Pudo haberse evitado lo sucedido?
Sí. Si tuviéramos una ciudadanía bien educada e intelectualmente solvente. Para este objetivo debiéramos haber empezado hace 100 años, con férrea voluntad y gran disciplina social; lo cual también hubiera requerido de mucho dinero, talento y sentido de responsabilidad. Tanto de gobernantes como de todos los estamentos de la sociedad. Pero todavía es posible. Sin bromas… en serio. Porque tenemos los objetivos claros y porque también, claramente, sabemos lo que tenemos que erradicar de nuestras vidas. Tanto como inevitablemente, incorporar el rigor y la disciplina.
Si el resto del mundo tiene la paciencia de esperarnos.