09 abr. 2026

La reinserción de reclusos no debe ser vista como una utopía

Es un camino sinuoso, pero no imposible. Se puede. Los casos de reinserción de internos de las cárceles al campo laboral una vez en libertad así lo demuestran. Los cursos de capacitación en las penitenciarías y las opciones de trabajo en empresas instaladas en los penales facilitan esa rehabilitación. Contar con un sólido respaldo psicológico y espiritual facilita el cumplimiento de los objetivos. ÚH en una serie de reportajes había contado también las historias de internos que se preparaban para forjar sus emprendimientos una vez afuera. Tenían esperanzas.

La reinserción de los internos a la sociedad no debe ser vista como una utopía. Existen casos de personas que cometieron un error, pero que luego se dieron una nueva oportunidad y lograron dar ese salto. De hecho, también el entorno social tiene mucho por colaborar e igualmente los programas de rehabilitación que existen en las diferentes penitenciarías del país.

Uno de los ejemplos es una mujer que estuvo privada de libertad 7 años en el entonces Centro Penitenciario del Buen Pastor. En su permanencia en este reclusorio, se capacitó, se disciplinó y ganó experiencia laboral en una industria gráfica, cuando funcionaba en dicho instituto para mujeres. Esta labor definitivamente marcó un punto de inflexión en su vida hasta que una vez en libertad, fue contratada por esta empresa para trabajar afuera. También en el penal de Minga Guazú, dos reclusos en su momento trabajaron para una empresa de cortinería que asimismo funciona dentro. Una vez en libertad, igualmente fueron contratados para trabajar en su planta de Ciudad del Este.

Con estos ejemplos se demuestra que cuando existe interés de la persona en rehabilitarse, la asistencia en capacitación de parte del Estado a través de los institutos penitenciarios y claramente con el apoyo del sector privado, ese objetivo puede convertirse en una realidad. Hay entornos sociales tolerantes y empáticos, otros menos tolerantes que se deben tomar como desafíos, superarlos y conquistarlos con la conducta del andar diario.

Última Hora en una serie de reportajes había contado las historias de diversos internos que se preparaban para poder forjar sus propios emprendimientos una vez fuera del penal: Costureros, barberos, carpintería, trabajos artísticos con la madera, pintores, refrigeración, electricidad, manualidades, etc. Otros tuvieron la posibilidad de cursar carreras universitarias, por citar abogacía, por el convenio que tiene el Ministerio de Justicia con una universidad.

Por eso, el Ministerio debe insistir en los programas de capacitación y educación para que toda persona en encierro que tenga el objetivo de reencauzar la vida posea las herramientas para hacerlo. Y aquí la importancia también de la contención, psicológica y espiritual, que para cualquier persona es muy importante para que no baje la cabeza. Las alianzas vigentes entre las empresas con el Estado para que funcionen en diferentes rubros en las penitenciarías son una alternativa muy válida para que los procesados estén enfocados en algo mejor.

Datos, no menos importante, que constan en el informe de balance de gestión del 2025 del Ministerio de Justicia señalan que casi 1.683 internos participaron en cursos de formación laboral y alrededor de 1.250 desarrollaron un oficio dentro de los establecimientos penitenciarios. Como datos de contexto, a enero de este año el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNP) consignó que en el Paraguay existen 18.974 personas privadas de libertad (PPL): 18.743 son hombres y 1.131 son mujeres. Del total el 61,7% no tiene condena.

Es evidente que el hacinamiento como en Tacumbú no es buen síntoma; sin embargo, en todos los penales existen oportunidades de capacitación y laborales con las empresas que funcionan en las penitenciarías en diferentes rubros. Un trabajador aplicado de estas firmas puede una vez en libertad ser contratado por la misma empresa o por otra del segmento que valore por sobre todo sus aptitudes.

El camino, claramente, para los que estuvieron presos es sinuoso en medio de una alta reincidencia. Pero no se debe dejar de tener esperanza porque, finalmente, la persona que está en prisión y tiene esa opción de prepararse para una salida laboral, tiene que hacerlo. Debe optar por esa llave que le puede abrir las puertas hacía una nueva luz de progreso y felicidad para él o ella y su entorno familiar.

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